Danza del vientre... ¡en el embarazo!

Muchas matronas recomiendan practicarla, adaptándola a las circunstancias de la gestación. Descubre por qué.

 

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La danza ayuda a tu cuerpo y a tu mente

Es una de las danzas más antiguas que se conocen y sus orígenes están ligados a ritos de fecundidad y nacimiento. Existen bajorrelieves de la época faraónica que ya muestran a mujeres ofreciendo sus bailes a los dioses.
Eran danzas que se transmitían de madres a hijas y se sabe que se utilizaban en muchos casos para facilitar el trabajo del parto: así cuando una parturienta iba a dar a luz, sus amigas la rodeaban imitando los movimientos que realiza el bebé al salir desde el útero hacia el exterior.
Hoy en día muchas matronas están redescubriendo los beneficios tanto físicos como psicológicos que puede reportar la danza oriental y están incluyendo muchos de sus movimientos en las sesiones de preparación al parto y postparto.
Como explica Marisol Díez, psicóloga y bailarina que imparte talleres de danza del vientre para matronas y gestantes, “durante el embarazo se generan muchos miedos y dudas. Es un momento de gran vulnerabilidad emocional. Para que un parto transcurra con normalidad, la mujer necesita confiar en su cuerpo, saber cómo se desarrolla el proceso y entender lo que está ocurriendo dentro de ella, pero también necesita permitirse “perder el control”, ya que no es el cerebro racional el que dirige el nacimiento, sino la parte más primitiva de éste.
Durante el parto, la mujer necesita mantenerse en contacto consigo misma. Sólo de este modo podrá respirar, moverse y reaccionar con espontaneidad ante lo que está ocurriendo con su cuerpo. En este sentido, la danza oriental ayuda a vivir el embarazo como un tiempo privilegiado de crecimiento personal y hace que la mujer colabore mucho más durante la dilatación y la fase de expulsión del bebé en el parto.”

Precauciones básicas

A pesar de sus incuestionables beneficios para ti y para el bebé, antes de poner en práctica los ejercicios de la danza del vientre es importante que tengas en cuenta algunas consideraciones:
Nunca la practiques por tu cuenta. Es fundamental que esta danza se realice bajo la supervisión de una persona que esté familiarizada con las características y necesidades peculiares del trabajo corporal durante el embarazo, y con sus posibles consecuencias físicas y emocionales.

Por otro lado, si anteriormente no hacías ejercicio físico con regularidad, lo aconsejable es que te incorpores a la clases una vez hayas cumplido el primer trimestre. En cambio, si acostumbrabas a practicar ejercicio antes del embarazo, puedes hacerla desde el primer día, pero siempre en grupos específicos para embarazadas.
En todo caso, ten en cuenta que hay algunos movimientos que están totalmente prohibidos durante la gestación, como los “shimmies”, movimientos vibratorios del vientre y la cadera (como los que hace Shakira). Estos son ejercicios de expulsión, por lo que no deben realizarse nunca estando embarazada.

Casos en los que está contraindicada.

Hay circunstancias en las que esta técnica, como cualquier otro ejercicio físico, está contraindicada. Es lo que ocurre cuando existe embarazo múltiple, pérdidas vaginales, acumulación de peso excesivo, bronquitis crónica...
En estos casos resulta imprescindible el control y la autorización del médico, por los posibles riesgos para tu salud y la de tu hijo.

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Beneficios de la danza del vientre en el embarazo

La práctica de esta técnica oriental aporta notables beneficios físicos y psicológicos. Practicarla durante el embarazo y en el postparto, te ayudará a vivir estos meses de forma positiva y a recuperarte antes.
Practicar la danza del vientre en el embarazo te hará sentirte mejor en el embarazo por los beneficos que te aportará. Estos son algunos de ellos:
Favorece la correcta alineación corporal. El trabajo con la percepción del equilibrio y los ejes corporales es propio de la danza oriental. Esto, además de favorecer una correcta alineación corporal que contribuye a reducir el dolor de espalda, imprime mayor seguridad en el movimiento y mejora la actitud de la gestante de cara al parto.
Mantiene el tono del suelo pélvico, a través de su conexión con los músculos abdominales, ya que éstos participan activamente en la mayoría de los ejercicios que se realizan durante las sesiones de danza del vientre.
Alivia los dolores de la zona lumbar. La práctica de esta danza enseña a utilizar los movimientos para que, en combinación con una respiración adecuada, se conviertan en una especie de automasaje que ayude a relajar las zonas sobrecargadas por la tensión.
Contribuye a relajar la pelvis. La mujer focaliza la atención en la capacidad de movimiento y elasticidad de su zona pélvica y esto le aporta mayor confianza, lo que le ayudará en el parto.
Mejora la percepción del propio cuerpo. Las verbalizaciones y visualizaciones dirigidas al vientre, pelvis y los genitales ayudan a armonizar el pensamiento y a valorar positivamente la percepción de estas zonas, cargadas en algunas ocasiones de connotaciones negativas por motivos culturales.
Ayuda a oxigenar y calmar al bebé. Los movimientos de la danza oriental se combinan con un trabajo atento de respiración consciente, con lo que calman al bebé y mejoran su oxigenación dentro del vientre materno.
Aumenta la paciencia y relaja. El ritmo lento con el que se van desarrollando los ejercicios durante la clase ayuda a trabajar la calma y la paciencia, actitudes fundamentales no sólo para el embarazo, sino también para el parto y la crianza del bebé.
Mejora el estado de ánimo. Permite a la gestante seguir sintiéndose bella y femenina en medio de todo el proceso de cambios físicos y emocionales en el que se encuentra, con lo que mejora el estado de ánimo en general y potencia el sentimiento de seguridad y autoestima. Por último, aporta un momento de diversión, comunicación y encuentro con otras embarazadas.

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¿Y en el parto y el postparto?
Así ayuda en la llegada del bebé

Durante la dilatación, los movimientos en forma de círculo o de ochos tumbados y los balanceos facilitan el descenso del bebé por el canal del parto, a la vez que ayudan a entrar en un estado de conciencia adecuado para mantener una atención hacia el interior. Es decir, te ayudan a concentrarte en ti y en tu hijo.

Y tras el nacimiento del pequeño...

Las sesiones de danza del vientre son adecuadas para que la mujer entre de nuevo en contacto con su cuerpo no-embarazado, ya que los ejercicios que se utilizan ayudan a recuperar el tono de la musculatura en general y contribuyen en especial a la recuperación del suelo pélvico”, indica Marisol Díez.
Asistir a una clase semanal reduce el riesgo de sufrir una depresión postparto, ya que favorece que la nueva madre se sienta de nuevo atractiva y deseable.
Estas sesiones favorecen el contacto con otras mujeres que se encuentran en la misma situación, lo que hace posible compartir dudas, temores y cansancios y permite normalizar circunstancias que, sobre todo en el caso de las madres primerizas, pueden llegar a resultar abrumadoras.

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