Embarazo: ¿es bueno conocer el sexo del bebé?

Depende que lo que tú y tu pareja queráis, aunque hay ocasiones en las que quizá sea mejor mantener la intriga.

 

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Quizá te provoque desilusión

La mayoría de los padres dicen eso de “niño o niña, ¿qué más da?”, lo importante es que nazca fuerte y sano y tanto el pequeño como la madre estén bien”. Sin embargo, en ocasiones ocurre que la madre se desilusiona al enterarse de que su bebé no es del sexo que ella esperaba, tal y come le ocurrió a Carmen: “Quería un niño y cuando me dijeron que era una niña me pasé un día entero llorando, hasta que yo misma me dije que no podía seguir así y empecé a ilusionarme con mi hija”.

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Casos en los que es mejor no saber

En ocasiones la decepción es tan grande que causa problemas psicológicos a la madre, como nos cuenta Amelia: “Siempre he vivido entre mujeres, porque mi padre nos abandonó a mi madre y a mí cuando yo era muy pequeña, y cuando el médico me dijo que tendría un niño, caí en una depresión tan fuerte que tuve que ponerme en tratamiento con un psiquiatra”.
En el caso de esta mamá, los problemas no resueltos de su infancia dificultaron la aceptación de su hijo varón, pero no es algo que ocurra a menudo. De todos modos, estas madres contrariadas se ahorrarían un buen disgusto si no conocieran el sexo de su hijo durante el embarazo.

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¿Tienes una preferencia muy clara?

En este caso, aunque el médico en la segunda ecografía que te realice ya pueda saber si es niño o niña, es mejor que no te lo diga. Según mis datos e investigaciones, los problemas de aceptación son mucho menos frecuentes en el momento del nacimiento. Y es que la madre, al ver a su bebé, empieza a quererlo con todo su corazón. Y si durante el embarazo tuvo preferencia por un determinado sexo, ésta se disuelve en cuanto ve al pequeño (al menos, ocurre así en la inmensa mayoría de las ocasiones).

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Por qué te enamoras del bebé al verlo

Esta reacción tiene una explicación fisiológica: durante el parto circulan por el organismo materno muchos tipos de hormonas, entre ellas la oxitocina, que además de estimular las contracciones, también fortalece el vínculo entre la madre y el bebé. Por eso, en el instante del nacimiento del pequeño, la madre se encuentra tanto fisiológica como psicológicamente dispuesta a amar a su hijo, al margen de su sexo y de las ilusiones que se había forjado sobre él.
Esto es lo que le sucedió a Amelia: “Cuando por fin tuve a mi bebé en los brazos, mis temores se desvanecieron. Me puse a llorar de alegría, de alivio y de pena por haber pasado el embarazo tan asnsiosa y deseé con toda mi alma que mis sentimientos negativos hacia él no le hubieran afectado”.

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¿Y si al principio no le quieres tanto?

Aun así, hay madres que no se enamoran de su bebé la primera vez que le ven, ni tampoco los primeros días que pasan con él. Si a ti te ocurre, habla sobre lo que sientes con alguien de tu confianza y trata de averiguar el origen de tus sentimientos:

- Quizá lo único que te ocurre es que estás cansada o algo deprimida por la bajada hormonal propia del parto y necesitas unos días para recuperarte y empezar a querer a tu hijo...
- O tal vez el bebé te remonte a vivencias dolorosas que has experimentado durante tu infancia y te cuesta enfrentarte a ellas. En este caso quizá te venga bien hablar con un psicólogo. Gracias a su ayuda y a que cada vez te irás familiarizando más con tu bebé (el roce hace el cariño), la aceptación de tu hijo no se hará esperar.

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