8 enemigos de la embarazada en verano

Son trastornos típicos de esta época. Si sabes cómo prevenirlos o aliviarlos, pasarás un verano perfecto.

 

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La cara y la cruz de la moneda

Si te ha tocado vivir parte de tu embarazo en los meses de verano, ya estarás comprobando que esto tiene sus pros y sus contras. La cara positiva de la moneda es que en esta estación el ritmo de vida se ralentiza, hay una mayor sensación de relax en el ambiente y tienes más tiempo para descansar.

El lado negativo, la incomodidad provocada por el calor, que a ti te afecta más, y la aparición o el empeoramiento de ciertos trastornos. La clave para disfrutar de estos meses es minimizar los inconvenientes, siguiendo los consejos que te damos, y aprovechar a tope las ventajas.

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1. Las bajadas de tensión

La hipotensión, acompañada de mareos e incluso de sensación de desmayo, es una dolencia típica de los primeros meses de embarazo (suele desaparecer al final del segundo trimestre). Y en los meses de verano se sufre más, porque el calor contribuye a empeorarla.

¿Qué puedes hacer?

Para prevenir, evitar los ambientes demasiado cerrados o calurosos y los baños de agua muy caliente. No hagas movimientos bruscos, sobre todo al levantarte de la cama. Y si los mareos te ocurren por las mañanas, acostúmbrate a tener algún alimento en la mesita de noche (un zumo o unas galletas), para ingerirlo antes de ponerte en pie. Si ya te sientes mareada, siéntate para no caerte, intenta que te dé el aire y abanícate o pide a alguien que lo haga. También te irá bien beber alguna bebida azucarada y llevar un pulverizador de agua para rociarte la cara en los momentos de más agobio.

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2. La hinchazón de tobillos y piernas

La retención de líquidos y posterior edema en la zona de pies y tobillos y, en menor medida, piernas, es una dolencia bastante común. Está producida por los efectos de la progesterona y la presión que ejerce el útero en el sistema venoso, y el calor la acrecienta.

Qué puedes hacer

Para aliviar la hinchazón descansa las piernas poniéndolas en alto y date masajes (siempre en sentido ascendente). Si tienes que pasar un largo rato sentada, evita cruzarlas, muévete de vez en cuando y pon un pequeño banco en los pies para que estén alzadas.

Otras cosas que te ayudarán son las duchas de agua fría y andar (mejor descalza); ambas favorecen la circulación. Estos edemas no suelen tener más importancia, pero si notas que se generalizan a cara y manos y que sufres un aumento brusco de peso, consúltalo con tu ginecólogo, porque podría indicar una preeclampsia, una complicación importante de la gestación.

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3. El cloasma

Los estrógenos estimulan la producción de melanina, la sustancia que pigmenta la piel, y esto, junto a la exposición solar, provoca que te salgan manchas oscuras en la piel, especialmente en pómulos, frente, nariz y labios. Es el cloasma, un problema que sufren un 90% de las gestantes, según la Academia Española de Dermatología y Venereología y que afecta más a las mujeres morenas porque tienen una mayor predisposición genética a producir melanina.

Qué puedes hacer

Las manchas desaparecen paulatinamente durante el posparto, cuando las hormonas vuelven a la normalidad, pero el peligro es que el sol puede fijarlas y entonces es más complicado eliminarlas. Por eso, durante estos meses veraniegos extrema las precauciones; aplícate siempre protección solar alta y trata de salir a la calle con sombrero. Si pasado un tiempo después del parto continúas con ellas, consulta con tu ginecólogo; hay tratamientos que pueden ayudarte.

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4. La fatiga

En verano, el calor agudiza la sensación de cansancio tan típica de la gestación, hasta convertirla en una de las consultas más repetidas en los centros ginecológicos. Entre otras cosas, lo que pasa es que durante el embarazo, la temperatura corporal aumenta (a causa de los estrógenos) y eres más susceptible a sufrir sus efectos.

Qué puedes hacer

Regálate una ducha fresquita o una siesta y mantén la casa lo más fresca posible (lo ideal son 22 grados), ventilando y bajando las persianas durante las horas de más sol. Además, aunque parezca un contrasentido, sal a pasear: el ejercicio moderado y el aire libre ayudan a disminuir la sensación de fatiga. Eso sí, hazlo fuera de las horas de más calor (de doce a cuatro de la tarde, aproximadamente).

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5. La irritación y sequedad de la piel

Durante el embarazo, tu piel está más sensible a los efectos del sol y las altas temperaturas. Además, las hormonas pueden afectarte negativamente, provocando cierta sequedad en la epidermis. Y los productos de las piscinas no ayudan en absoluto. El resultado es una piel un tanto irritada, más seca de lo normal y a veces con picores.

Qué puedes hacer

Básicamente, lo que debes hacer es establecer una buena rutina de cuidado corporal, utilizando desodorantes y geles de ducha neutros para evitar irritaciones, e hidratando generosamente tu piel una o dos veces al día con una crema o aceite (de rosa mosqueta, por ejemplo). Esto último, además, te será útil como prevención contra las estrías. Viste ropa de algodón holgada y evita la sintética, porque retiene el sudor.  

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6. La dificultad para dormir

Durante el último trimestre, a muchas embarazadas les cuesta conciliar el sueño. Las causas son diversas: la incomodidad que provoca el volumen de la barriga (y que dificulta encontrar la postura adecuada); las ganas de orinar que te despiertan por la noche, debidas a que el feto comprime la vejiga; la ansiedad por el cada vez más inminente parto... Y, por supuesto, el calor; si la temperatura de las noches veraniegas afecta ya de por sí, imagínate ahora con esos kilos de más.

Qué puedes hacer

Ponle solución, en primer lugar, con una adecuada rutina de sueño: intenta cenar y acostarte más o menos a la misma hora cada noche y relájate antes de ir a la cama (leyendo un libro, escuchando música...). No cenes copiosamente ni te vayas a dormir justo después de hacerlo, porque podrías sufrir ardor de estómago. Tampoco bebas líquidos llegada cierta hora, porque empeoraría las ganas de orinar. Por otro lado, vigila la temperatura de la habitación (unos 22 ºC es lo ideal) y ponte ropa que no te oprima ni moleste.

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7. La pérdida de apetito

Es una de las consecuencias del calor, así que deberás esforzarte un poco para combatirla.

Qué puedes hacer

Para ayudarte, toma cinco comidas ligeras al día en vez de tres: te será más fácil acabar el plato, tu digestión lo agradecerá y de paso, será una medida preventiva contra el ardor de estómago típico de la gestación. Además, ten en cuenta que las comidas frías o templadas sacian menos, y en cambio los fritos y picantes aumentan la sensación de calor. Los platos con frutas y verduras como un gazpacho, una vichyssoise o una sopa fría de melón te sentarán de maravilla. Son fáciles de ingerir, refrescan, hidratan y son muy ricos en vitaminas, minerales y fibra.  

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8. La aparición de varices

Como en el caso de la hinchazón de piernas, son consecuencia de la acción hormonal y la presión ejercida por el útero, que dificulta el retorno venoso. Está demostrado que existe una predisposición genética a padecerlas y que las altas temperaturas aumentan el riesgo.

Qué puedes hacer

Para prevenirlas, lo mejor es hacer todo aquello que active la circulación, como andar, y darte masajes o duchas de agua fría. Por el contrario, evita las saunas, los baños con agua muy caliente o estar mucho tiempo sentada sin moverte. Si ya las sufres, existen unas medias de compresión que pueden serte útiles. Consulta a tu ginecólogo si te convienen.
 

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El mejor consejo: hidrátate

En verano es muy importante que te asegures un correcto aporte líquido, porque un exceso de calor puede provocar deshidratación. Además, una adecuada hidratación previene el estreñimiento, la retención de líquidos y las infecciones de orina, tres dolencias muy comunes en la gestación.

Cuánto y cuándo

Dos litros de líquido al día son una cantidad suficiente. Un buen truco es llevar siempre una botellita de agua en el bolso, pero ten en cuenta que el aporte no tiene que ser solo de agua, puedes incluir otras bebidas como zumos naturales o leche. Eso sí, no bebas mucho después de la cena, porque la consecuencia será que te despertarás a media noche con ganas de ir al baño.

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