Embarazo: remedios caseros ante trastornos invernales

Tos, fiebre, afonía... a los trastornos habituales del embarazo se unen en invierno otros típicos de la estación. ¿Cómo aliviarlos ahora que la mayoría de los fármacos estén contraindicados?

 

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Aumentan las infecciones respiratorias...

En el embarazo pueden surgir algunas molestias y ya sabes que, salvo prescripción médica, no debes tomar fármacos por el riesgo que conllevan para el bebé. A esto hay que añadir que, con la llegada del invierno, aumentan las infecciones respiratorias (gripe, resfriados) y aparecen síntomas muy incómodos, como tos, congestión o afonía. Si te ves afectada, puede ser buena idea recurrir a remedios naturales para ayudarte a sobrellevar o mitigar el problema. “Se recomienda espaciar la aplicación de los mismos a medida que se note mejoría, algo que depende mucho de cada persona”, dice la ginecóloga Ana Suárez Rubiano, del Equipo de Matronas y Ginecólogas “Ana Suárez, One to One”.

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¡No dejo de toser! ¿Qué hago?

Dependiendo de cómo sea la tos se actuará de una forma u otra. Para la tos seca (sin flema) se recomienda estar bien hidratada: beber agua e infusiones calientes, como la clásica de miel de tomillo con medio limón, o de miel y cebolla rallada. “Cuando la tos es productiva, hay que distinguir qué tipo de mucosidad se expulsa: si es muy espesa y de color verdoso, es preciso acudir al médico por el riesgo de que pueda convertirse en una bronquitis o infección pulmonar aguda. Si las flemas son de color transparente, la embarazada puede utilizar el remedio anterior y, además, las cataplasmas de cebolla o de cola de caballo: aplicar 2 veces al día durante 20 minutos”, recomienda la ginecóloga. También va bien colocar una cebolla abierta en el dormitorio por la noche, ya que actúa como mucolítico, y la ingesta de infusiones de echinacea. La ginecóloga aconseja acudir al médico si la tos no mejora y se prolonga durante varios días.

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¿Y si tengo congestión y mucosidad?

Cuando no van asociadas a tos y son de origen nasal o proceden de la garganta, son eficaces las infusiones con miel y limón, así como la abundante ingesta de líquidos calientes (sopas, caldos). “Cuando el problema es de garganta, son muy buenas las gárgaras con agua caliente y sal marina, ya que reducen la inflamación y el dolor. O las gárgaras con agua tibia mezclada con zumo de limón y miel”, apunta Ana Suárez. Cuando la mucosidad procede de las fosas nasales, se recomiendan los lavados nasales con suero fisiológico o agua con sal marina. Y va muy bien inhalar el vapor de un humidificador.

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¿Puedo tomar algo si tengo fiebre?

Siempre que aparezca fiebre, se recomienda acudir al médico para que realice un diagnóstico. La febrícula por sí sola no es perjudicial para la embarazada ni para el bebé y tampoco se asocia a un aumento de tasa de abortos ni malformaciones, como se decía hace tiempo. En todo caso, para bajar la fiebre sin tomar fármacos, la ginecóloga Ana Suárez aconseja reducir el exceso de ropa, darse un baño de agua templada (un grado inferior a la temperatura de la fiebre), tomar abundantes líquidos y zumos ricos en vitamina C. “La albahaca de hojas grandes (la de uso culinario) también se puede utilizar para reducir la temperatura corporal: hay que preparar una infusión con agua caliente y 5–6 hojas. Y tomarla de dos a tres veces al día”, apunta.

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Me he quedado afónica...

El jengibre tiene propiedades medicinales para las afecciones de garganta: se puede  tomar en infusión con unas gotas de zumo de limón y miel o chupar un trozo de su raíz. “Otra solución para tratar la afonía es la infusión de cebolla: se hierven dos cebollas en medio litro de agua durante unos 15 minutos, se cuela y se añaden unas cucharadas de azúcar moreno o miel. Se debe tomar caliente, a sorbos, a lo largo de día”, indica la ginecóloga.

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Ante el lumbago y la ciática

Para calmar el dolor es muy adecuado aplicar calor local 2–3 veces al día sobre la zona lumbar, preferentemente con bolsa de agua caliente o semillas. Dejar actuar 10 minutos y, después, dar masajes suaves con aceite de árnica o de sándalo. “Estos aceites producen una relajación de los músculos de la espalda y se suele notar una mejoría inmediata”, aclara la ginecóloga. Para prevenir estas dolencias hay que evitar el exceso de peso en el embarazo y realizar alguna actividad moderada, como el yoga prenatal y la natación. Si el dolor es intenso o no mejora con el calor local y los masajes suaves, conviene acudir a un fisioterapeuta especializado en embarazadas.

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¡Harta de sufrir ardores y náuseas!

Hay que evitar las comidas copiosas y grasas, así como la ingesta de leche antes de ir a dormir. “Aunque tomar leche tiene un efecto calmante inicial, transcurridos 30–45 minutos aparece un efecto rebote por su acidificación en el estomago. Por las noches es aconsejable, como mínimo, cenar tres horas antes de acostarse”, explica la especialista. Un remedio que alivia la acidez es el zumo de zanahoria natural.  
Para evitar las náuseas y  vómitos es importante comer y beber en diferentes momentos: primero los alimentos sólidos y, transcurridos 20–30 minutos, ingerir los líquidos, preferiblemente fríos. El jengibre también se indica para las náuseas: “Hay preparados para estas molestias que lo contienen, se puede tomar en infusiones con un máximo de 1.000 mg al día. Y se recomienda descansar del consumo del mismo transcurridos cinco días”, aconseja.

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Mucho ojo con el regaliz

El regaliz no se debe ingerir ni en infusión ni en fitoterapia durante el embarazo. “Presenta un efecto hipertensivo que contraindica su ingesta durante la gestación ya que puede inducir una preeclampsia (cuadro severo de hipertensión en la gestación). También es contraproducente para las mujeres con diabetes gestacional. Además, está contraindicado con la administración de anticoagulantes, como la heparina, y corticoides”, advierte la ginecóloga.

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