¿Qué oye el feto en el útero?

Tu hijo descubre un universo sonoro increíble mientras se desarrolla en tu interior. Averigua cuánto le enseña y cómo le influirá en el futuro todo lo que oye.

 

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Háblale, ya te escucha

Todos los estudios realizados sobre el desarrollo del feto en el embarazo avalan que su oído percibe los sonidos que produce el organismo de la madre desde la semana 14-16 (los latidos del corazón, el ritmo de la respiración, la corriente del flujo sanguíneo y los ruidos intestinales) y desde la semana 24, cuando el oído ya está completamente formado, puede captar, amortiguados, los sonidos procedentes del exterior.

Pero antes de eso, en la semana 20 y de forma muy clara, registra los sonidos que produce en el útero la voz materna. Así lo demuestran sus reacciones: cuando la madre embarazada habla, en el feto se aceleran el ritmo cardiaco y la frecuencia de los movimientos corporales.

Buena comunicación contigo

En tu interior, tu voz se transmite en forma de vibración a lo largo de tu columna vertebral, un “puente vibrante” que baja desde la laringe hasta la pelvis. Lo notarás si colocas la mano en la espalda de alguien que está hablando: ¡cada vértebra es una caja de resonancia de nuestra voz!

Así la percibe tu hijo, por eso puede captarla antes de oír los sonidos exteriores. Dentro del útero, el líquido amniótico que envuelve a tu pequeño vibra cuando hablas y así te escucha y te siente; vibráis al unísono. Por eso luego tu voz le resultará tan familiar y desde sus primeros días de vida mostrará con sus reacciones que la prefiere a las demás. Será tu voz, y no otra, la que más le calmará cuando llore o cuando esté inquieto.

Y lo mismo ocurrirá al sentir los latidos de tu corazón cuando lo acunes o lo acurruques contra tu pecho. Durante la gestación, tu hijo está en constante contacto auditivo con tus ritmos cardiaco y respiratorio, dos cadencias que reencontrará después de nacer y que por ello le trasmitirán paz y seguridad.

Por esta razón el doctor Alfred Tomatis, especialista en audición y musicoterapia durante el embarazo, no albergaba ninguna duda de que la comunicación entre una madre y su hijo comienza ya en el seno materno y mantenía incluso que la calidad de la misma influye en el bienestar del futuro bebé.

También necesita otras voces

A diferencia de la voz de la embarazada, que el bebé en gestación percibe desde dentro, la voz del padre pertenece a los sonidos del mundo exterior. Por eso, para que la voz paterna (o la de un hermano) pueda entrar a formar parte del mundo sonoro del pequeño, los estudiosos del tema aconsejan que el padre hable al bebé abrazando a la madre o bien acercando la cara a su vientre.

Otra idea es grabar su voz en una cinta y colocarla junto al abdomen de la embarazada. Así el feto puede habituarse a su tono más grave e ir archivándola en su memoria, de la misma manera que hace con la voz de la madre.

Y una vez que el niño haya nacido, aconsejan que el papá cante nanas al bebé llevándole en los bazos, una manera ideal de aunar sus ritmos cardiaco y respiratorio con los del pequeño, además de propiciar que el bebé asocie la voz del padre con una sensación agradable y de favorecer los lazos afectivos.

Buenos estímulos

Pero al bebé que va a nacer le gustan otros sonidos, además de vuestra voz. Por eso, una vez que se han podido estudiar con precisión las reacciones del feto y su actividad cerebral ante las diferentes informaciones sonoras que recibe, los expertos han llegado a la conclusión de que el hecho de que las futuras madres vivan en un ambiente rico en estímulos auditivos mejora el desarrollo cerebral de sus hijos.

Qué bueno es que oiga música

Varias investigaciones confirman que el bebé recién nacido guarda memoria de las canciones que escuchó en el vientre materno durante el embarazo. Por ejemplo, en un estudio del psicólogo Anthony de Casper, 13 de los 16 bebés analizados disminuyeron su ritmo de succión para escuchar la canción que habían oído durante su vida intrauterina, cosa que no hacían con otras canciones.

Ésta y otras investigaciones similares demuestran que en los últimos meses de gestación el feto posee capacidad psíquica para diferenciar melodías y recordarlas después de nacer.

Lo recordará después

Y este hecho tiene una utilidad muy práctica: habitúate a escuchar la misma canción o a entonar la misma nana cuando estés relajada, y una vez que tu hijo nazca, mantén la costumbre siempre que quieras que se duerma. Te sorprenderá comprobar que comienza a adormilarse desde que escucha las primeras notas.

Así que ya sabes: disponte a disfrutar oyendo cada día música suave y melódica (se sabe que es su favorita) y, sobre todo, ¡cántale y háblale! Sin duda tu hijo prefiere la melodía vibrante de tu voz a cualquier otra.

Va aprendiendo el lenguaje

Antes de nacer, tu hijo ya está aprendiendo a “hablar”. Es decir, se está familiarizando con la entonación y la modulación del idioma en el que le habláis los padres. Mira cómo lo hace.

Una investigación de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, ha demostrado que los bebés empiezan a familiarizarse con el idioma hablado en su entorno antes de nacer. Así, tras aplicar un programa de estímulos sonoros (repetición de silabas y melodías) desde la semana 27 a un grupo de embarazadas, y a otro no, los investigadores demostraron que antes de que el niño nazca los sonidos escuchados en el útero moldean su cerebro en desarrollo.

Influencia importante

Que el bebé en el útero posee cierta capacidad de memoria y aprendizaje lo confirma su primer llanto, ya que tiene la entonación y el ritmo característicos (la prosodia) del idioma de la madre. Y la investigación demostró que los bebés del grupo estimulado adquirieron antes el habla y con mayor dominio del lenguaje.

El mundo sonoro interior

El útero no es un lugar silencioso, como hace tiempo se creía. Y el feto, cuyo órgano de la audición está ya formado desde la semana 24 de embarazo, se desarrolla en este curioso mundo sonoro.

La formación del oído

La formación de los pabellones auditivos comienza en las primeras semanas. Y no tiene lugar en la cara, sino en unas protuberancias situadas a ambos lados del cuello (los arcos braquiales). Poco a poco se irán desplazando hacia su localización definitiva.

Intensidad del sonido

En el útero materno la intensidad sonora está entre 50 y 60 decibelios; el equivalente al sonido de una conversación mantenida en tono normal.

Voces femeninas

Las frecuencias más altas son las que oye mejor en el útero. Así, la voz de la tía o de la abuela materna, similares en tono a la de la madre, le serán más familiares después de su nacimiento.

Despierto o dormido

En una gestación avanzada la madre puede llegar a reconocer cuándo el feto está dormido o despierto. La mejor manera de despertarlo, hablarle; de dormirlo, cantarle.

Ya presta atención

En los primeros días del recién nacido, si durante la lactancia la madre comienza a hablar, el bebé interrumpe la succión y se gira hacia ella. Esta capacidad de escucha atenta la trae aprendida desde el útero.

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