Adiós a las dudas del último mes de embarazo

Tu bebé se encajará, las visitas al obstetra aumentarán, tendrás síntomas de preparto y vivirás una mezcla de cansancio, nervios y emoción. Te contamos todo sobre esta etapa.

 

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Entre la semana 36 y la 37

Ya has entrado en la recta final del embarazo, la llegada de tu hijo se acerca y tú te sientes emocionada, pero también muerta de miedo y llena de dudas ¿verdad? Conocer la respuesta a las más frecuentes te vendrá bien para tranquilizarte y pasar mejor estos días. Toma nota.

¿Cuándo ha de estar encajado el bebé?

Hacia la semana 36. “Pasado este tiempo, difícilmente cambiará de postura”, explica la ginecóloga Carmen Sala. Más del 95% de los bebés adoptan la posición cefálica, cabeza abajo.

¿Es normal que empeoren las varices?

Si tienes tendencia a sufrir varices o edemas, puede que en este último mes empeoren. Para aliviarlas pon las piernas en alto, date masajes, anda... Y duerme con los pies sobre una almohada para favorecer el retorno venoso.

Ya no tengo tanta hambre, ¿por qué?

Durante estas semanas el hambre feroz del segundo trimestre suele apaciguarse y se gana menos peso, aunque quizá no te lo parezca por el volumen que ya has cogido. Por su parte, el bebé engorda ahora a razón de unos 200 gramos semanales.

¿Cuándo he de tener todo preparado?

Ya mismo. ¿Tienes a mano la maleta para ir al parto y los documentos que necesitas? Si tienes otro hijo, ¿quién se quedará al cargo durante tu ingreso? También conviene que prepares un plan de parto explicando cómo quieres que sea (si deseas estar acompañada, si quieres o no anestesia...).

Semanas 38-39 de embarazo

Sigues notando cambios y te preocupan cosas en las que antes no te habías fijado. Calma, es lógico. Y todo tiene su razón de ser.

¿Por qué mi bebé se mueve menos?

Normal, ya está en su postura, tiene menos sitio porque el útero le aprisiona y lo que hace ahora son estiramientos. Pero no deberías dejar de notarle. Si es así, consulta a tu obstetra.

¿Cómo evolucionan las molestias?

Cuando el bebé se encaja, desplaza el volumen de la barriga 2-3 cm hacia abajo. Como consecuencia, deja más espacio para el estómago y el diafragma y se reduce la acidez de estómago. También hay cierto alivio al respirar porque los pulmones están menos comprimidos. Por el contrario, quizá aumenten las ganas de orinar. ¡La cabeza de tu pequeño se apoya sobre tu vejiga sin piedad! “Algunas mamás se levantan hasta tres veces por las noches, es normal”, dice la ginecóloga. Este encajamiento, además, puede producirte molestias en la pelvis (una sensación de peso) y al caminar (por la compresión nerviosa).

¿En qué postura puedo descansar mejor?

Como media, habrás engordado entre 9 y 14 kilos, así que estás ya muy gordita y no es fácil estar cómoda. Una buena postura es sobre el costado izquierdo (favorece la llegada de sangre a la placenta) y con una almohada entre las piernas (ayuda a descansar las lumbares).

El parto está muy muy cerca y el temor puede apoderarse de ti. Permanecer tranquila, sabiendo lo que va a suceder será una gran ayuda para afrontarlo y llegado el momento probablemente comprobarás que era mejor de lo que pensabas.

De la semana 40 a la 41

Sí, el momento (casi) ha llegado. ¿A que ahora solo puedes pensar en conocer a tu bebé? Soluciona las últimas dudas y tómate las cosas con calma (o al menos, inténtalo).

¿Puedo tener relaciones sexuales? 

Por supuesto, si te apetece, con delicadeza. Es más, si ya pasas de la semana 39 y aún no te has puesto de parto, tener relaciones sexuales te beneficiará, porque el semen contiene una sustancia, la prostaglandina, que favorece la maduración del cuello uterino. Eso sí, hay casos en los que está contraindicado, por ejemplo cuando hay amenaza de parto prematuro, placenta previa, infecciones vaginales... Te lo dirá tu médico.

¿Es normal que en el flujo haya sangre?

Es normal que poco antes del parto (pueden ser horas o días) se expulse el tapón mucoso, que hasta ese momento sellaba el cuello del útero aislándolo del exterior. Notarás una pequeña pérdida de flujo marrón-rojizo. No es signo de parto inminente, pero conviene que consultes con tu obstetra.

¿Podré soportar las contracciones? 

Tranquila, piensa que existen algunos trucos que te ayudarán a aliviar el dolor. Al principio la clave es distraerse. Lee, mira una película... Lo que sea que te funcione. Cuando el dolor aumente, apunta estas ideas: una ducha de agua caliente, de pie, balanceando la pelvis, o ponerte a gatas o en cuclillas, o sentarte en una silla mirando al respaldo, inclinada hacia adelante. También es recomendable andar un poco entre contracciones, aplicar calor en la zona con una bolsa de agua caliente o que tu pareja te la masajee.

¡Me noto nerviosa y activa! ¿Es normal?

Normal, ¡estás a pocos días de ver a tu hijo, tendrías que ser de hielo para no estar un pelín nerviosa! En cuanto a estar activa, es positivo, porque así segregas oxitocina. “Muchas veces, dos o tres días antes del parto, a las mamás les da por moverse más. Creo que inconscientemente saben que es bueno para ellas”, dice la doctora.

Dos cuestiones importantes

Son cuestiones comunes a todas las embarazadas y te viene bien tenerlas presentes para que nada te pille por sorpresa y no te alarmes sin motivo. 

¿Qué pruebas hacen al final del embarazo?

Durante este mes visitarás al obstetra más que nunca. Semanalmente a partir de la semana 37 y, a partir de la semana 41, cada 48 horas.

- Monitorización fetal. Es un registro cardiotocográfico (las famosas “correas”), que controla el corazón del bebé. Indica el bienestar fetal, es decir, la oxigenación del bebé.
- Ecografía. Para determinar la posición, el peso fetal y si la cantidad de líquido amniótico es la correcta.
- Tacto vaginal. Para observar cómo está el cuello del útero, tu grado de dilatación, mirar si la cabecita del bebé ya está encajada, valorar la pelvis...
- Maniobra Leopold. Se trata de palpaciones abdominales (tranquila, son completamente indoloras) que realiza el obstetra para fijar la posición del bebé.
- Control del peso y de la tensión arterial (durante las últimas semanas hay más riesgo de que aumente).
- Un cultivo vaginal y rectal. Se realiza en la semana 36 con el fin de detectar si eres portadora de estreptococo, bacteria que no te afecta a ti, pero sí al bebé al nacer. Si eres portadora, te administrarán un antibiótico en el parto.
- Una analítica. A veces se hace en la semana 35 o en la 36. Suele constar de un hemograma que sirve para detectar una posible anemia y pruebas de coagulación. Y además, te pedirán un sedimento de orina (para descartar posibles infecciones).

¿Cómo sabré que ya estoy de parto?

Si eres mamá primeriza, seguro que te preocupa no saber reconocer el momento en el que el parto ha empezado. Para que lo tengas más fácil te contamos dos señales inequívocas:

- Rotura de la bolsa amniótica. Lo que popularmente se conoce como “romper aguas” indica que llega el parto (aunque no de forma inminente). Significa que el saco amniótico que protegía al bebé se ha roto y ha salido el líquido. Puede ocurrir de dos formas: que notes un gran chorro de agua (es indoloro) o que notes pequeñas pérdidas (como si se te escapara un poco de pis). Consulta a tu obstetra.
- Contracciones rítmicas. A diferencia de las de Braxton-Hicks, de preparación, las de parto tienen un ritmo marcado, no ceden con el reposo y empiezan a ser dolorosas (aunque la percepción del dolor varía mucho de una mujer a otra). La cosa va en serio cuando las tienes cada diez minutos durante más de una hora. Significa que ha empezado la fase activa de dilatación...¡Es hora de ir a la maternidad!

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