Cuidados del suelo pélvico en el embarazo

Ejercitar los músculos de esta zona durante el embarazo te puede ahorrar problemas de incontinencia en un futuro no tan lejano.

 

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El debilitamiento del suelo pélvico

La mayoría de las madres reconocemos que nuestro cuerpo no es el mismo tras el parto: el pecho, las caderas, la tripita... y así lo comentamos. Sin embargo, no hablamos del debilitamiento del suelo pélvico, que entre otras cosas puede provocar pequeños escapes de orina al realizar algún esfuerzo, al estornudar o incluso al reír.

“Muchas madres creen que los trastornos del periné son una consecuencia inevitable del embarazo y el parto. Pero no es así. Estos trastornos se pueden prevenir y se pueden tratar”, explica Francisca García, fisioterapeuta y directora de El Centre, un centro de fisioterapia de Barcelona especializado en rehabilitar el suelo pélvico.

Por qué se debilita esta zona

El periné, perineo o suelo pélvico es un conjunto de músculos elásticos y ligamentos que cierran como un embudo la abertura inferior de la pelvis. Esta musculatura sostiene el útero, la vejiga y los intestinos y se puede debilitar cuando tenemos un hijo.

“Tanto el embarazo, por el peso y tamaño crecientes del feto y del útero, como el parto, en el que el niño tiene que atravesar esta zona, suponen una sobrecarga que debilita la musculatura perineal. Si a ello se añade la episiotomía (un corte quirúrgico que a veces se da en el perineo) o un posible desgarro, la realidad es que muchas mujeres dejan el hospital con un debilitamiento de esta zona, que puede desembocar en problemas de incontinencia urinaria e insatisfacción sexual”, explica Isabel Sánchez, matrona en el Hospital Doce de Octubre de Madrid.

Afortunadamente, un suelo pélvico debilitado casi siempre se puede fortalecer con ejercicio.

Masajes para fortalecer el perineo

Gracias a los masajes podemos disminuir las molestias articulares de la embarazada, ya que la musculatura perineal “sujetará” mejor al niño y ayudará a mantener una buena postura de la columna. Empieza a practicarlos desde ya.

Masajear esta zona con aceite de rosa mosqueta aporta elasticidad al periné, y un perineo elástico está menos expuesto a sufrir un desgarro en el parto y es más probable que no se precise episiotomía o que, en caso de necesitarla, vuelva con facilidad a recuperar su tono. Seguramente también acortará el parto.

Hay que empezar a practicarlo desde tres meses antes del parto, cinco minutos todos los días, o al menos tres veces por semana. Se trata de realizar un suave masaje con movimientos circulares sobre los labios mayores y menores, para aumentar la circulación de esta zona. Cuando la piel haya absorbido el aceite se introduce el pulgar en la vagina y se tira con cuidado hacia abajo y hacia el exterior. “De esta manera se prepara al perineo para el estiramiento que sufrirá durante el parto. Este masaje sirve también para aquellos tejidos que tengan ya cicatrices por anteriores episiotomías o desgarros. El tejido cicatrizado no se modificará demasiado, pero los tejidos próximos se harán más elásticos”, explica Isabel Sánchez.

Aprender a sentir estos músculos

Los ejercicios de Kegel son muy eficaces en la rehabilitación del suelo pélvico y también sirven como entrenamiento para el parto. Se trata de “notar” los músculos de la zona y, una vez que se ha adquirido control sobre ellos, contraerlos y relajarlos. Puedes hacerlo tumbada, sentada o de pie, sin que nadie lo note, bien de forma lenta (aguanta la tensión 5 segundos y relaja 10) o rápida. Acostúmbrate a hacer las lentas por la mañana, por la tarde y por la noche (la constancia es importante) con la vejiga vacía, en series de 5, 10 o 20 contracciones-relajaciones, y las rápidas varias veces al día. Si te cansas, baja el número de repeticiones.

Ensaya estos ejercicios:

- Imagina que estás haciendo pis y que quieres interrumpir el flujo momentáneamente. Aprieta fuerte hacia adentro, aguanta durante unos segundos y después relaja. Has contraído el esfínter uretral.
- Imagina que vas a tener una pérdida menstrual y que no llevas compresa. Aprieta con fuerza la vagina, cerrándola, mantén la tensión y a continuación, relaja. Ésos son los músculos vaginales.
- Imagina que se te va a escapar una ventosidad. Contrae con tanta fuerza como seas capaz el músculo alrededor del ano, subiéndolo hacia adentro. Es el esfínter anal.
- Por último, concéntrate, aprieta y sube con fuerza los tres a la vez. Estarás contrayendo todos los músculos del suelo pélvico, incluido el pubococígeo (va desde el pubis hasta el coxis), que es el principal.

Ya puedes practicar, como y donde quieras, los ejercicios de Kegel.

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