Cómo aliviar el calor en el embarazo

¡Qué mal se soporta el calor estival en el embarazo! No te agobies, hay trucos efectivos para aliviarlo y evitar las molestias y riesgos que lleva aparejados.

 

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La hidratación es la base

No pases más de dos horas sin ingerir líquido. ¡Tu cuerpo y tu bebé lo necesitan más que nunca! Hay que beber agua y hacerlo despacito, disfutando de cada sorbo. Bebe unos ocho vasos grandes al día, del tiempo o un pelín fresquita: está comprobado que quita más la sed que si se bebe muy fría. Además, gracias al agua, algunos de los síntomas que provocan los cambios hormonales se "suavizan": piernas hinchadas, cansadas, mala regulación de la temperatura corporal...

Cuida bien tu piel

Además de hidratarte por dentro, bebiendo agua, has de hacerlo también por fuera. Utiliza una buena crema corporal para cuidar tu piel, que ahora estará más seca y tirante. Aplícatela varias veces al día y después de tomar el sol.

Y, hablando de piel, recuerda que debes protegerla frente a los rayos solares, más durante el embarazo (ahora eres especialmente propensa a sufrir la aparición de manchas). En tu cuidado habitual, utiliza una crema de día con un alto índice de protección solar. Si vas a tomar el sol, hazlo con moderación, jamás en las horas centrales del día, elige un protector con SPF 50+, póntelo media hora antes de salir de casa y, una vez en la playa o la piscina, cada dos horas. Al hacerlo insiste en zonas como los pómulos y el labio superior.

La salud empieza por lo que comes

Ya sabes que durante todo el embarazo debes llevar una dieta ligera y equilibrada, en la que no falten cereales, frutas, verduras, lácteos, carne y pescado. Pero en verano, además, para combatir el calor te conviene optar por platos fresquitos como las ensaladas de legumbres, gazpachos, zumos de frutas...

¡En forma a pesar del calor!

Para evitar las varices, que empeoran a causa de las altas temperaturas, si pasas mucho tiempo sentada, pon las piernas en alto siempre que puedas, haz movimientos rotatorios con los tobillos y levántate cada hora y media, como mínimo, para dar un pequeño paseo. Si estás mucho de pie, usa un calzado cómodo, ten un punto de apoyo y cambia el peso de una pierna a otra con frecuencia. En casa, no olvides darte duchas frías en las piernas y refrescarte todo lo necesario.

Por otro lado, si haces un poco de ejercicio, no llegues a sudar. Los paseos tranquilos, siempre que no sean en las horas de más calor, son suficiente. Y si los das por la arena de la playa, estupendo, porque te ayudarán a mejorar la circulación, que en verano se resiente.

Fresquita y descansada

Con las altas temperaturas aumenta el riesgo de que sufras mareos y vahídos (son peligrosos porque pueden hacer que te caigas) y dos trastornos mucho más importantes: el golpe de calor y la insolación. Procura estar a la sombra todo el tiempo que puedas, llevar ropa amplia y fresquita y ponerte un sombrero que te proteja del sol. 

En cuanto a tu descanso, también suele verse afectado por el calor. Evítalo preparando a conciencia tu dormitorio: reduce el exceso de luz, mantén una temperatura constante de 22º, intenta que esté ordenado y que no haya corrientes. La ropa de cama ha de ser ligera y transpirable; y tu camisón, amplio. También te vendrá estupendamente dar un paseo antes de meterte en la cama.  

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