17 cambios de tu cuerpo en el embarazo

En estos meses tu organismo va a experimentar muchas (y muy diversas) transformaciones. Algunas serán muy evidentes, otras apenas las notarás.

 

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Transformaciones de todo tipo

Desde el inicio del embarazo hasta el momento tan esperado del nacimiento del bebé, tu cuerpo va a experimentar muchísimas transformaciones. Algunas harán que te sientas estupendamente y muy favorecida, otras te ocasionarán molestias y harán que desees todavía más que llegue el parto.

Del mismo modo, habrá algunas muy evidentes, como el aumento de la tripa y del pecho, la ausencia de la regla o, quizá, la hinchazón de tobillos en los últimos meses. Y habrá otras, como las que ocurran en tu interior, que solo notarás por sus efectos.

¿Quieres saber cómo va a cambiar tu cuerpo en esta etapa de tu vida?

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El pecho

Los senos ganan volumen y peso desde el principio y están más sensibles; elige sujetadores de tu nueva talla, de algodón, cómodos y con tirantes anchos.

Para reforzar los pectorales, date duchas con agua fresquita en el pecho y practica el ejercicio de apretar una mano contra otra.

Además la piel se estira: hidrátala por dentro y por fuera, bebiendo más agua y dándote masajes en círculo con crema hidratante y con antiestrías. Y protégela del sol.

Por último, con los meses la areola se oscurece y los pezones se vuelven más prominentes. En las semanas finales no conviene estimularlos. Si segregan gotas de calostro o leche, es normal; mantén la higiene y usa discos empapadores.

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La piel del vientre

Se estira muchísimo. Protégela del sol, aplícate antiestrías desde el tercer mes e hidrátala por el día y por la noche para que no te pique (el prurito del embarazo es normal, pero debes decírselo al médico por si se debe a un problema de hígado).

A algunas mujeres, a partir de la semana 28 se les sale un poco el ombligo (normalmente vuelve a meterse después del parto).

Y puede salirte una línea oscura y a veces con pelitos que va desde el pubis hasta el ombligo; es la línea alba o línea nigra, que suele desaparecer algunos meses después del parto.

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Las piernas

Se cansan porque soportan mucho peso, porque la circulación sanguínea de retorno se ralentiza (haz ejercicio, no cruces las piernas al sentarte y no las expongas al sol ni al calor, para prevenir las varices) y porque retienes líquidos (haz ejercicio, date masajes, bebe más líquidos...).

Puedes sufrir calambres en las pantorrillas; coméntaselo al médico si se repiten, te recetará suplementos de calcio y potasio. Cuando te dé uno (suele ocurrir cuando estás dormida), cógete los dedos del pie y empújalos hacia ti, en dirección a la espinilla.

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La piel del rostro

Tu cara luce saludable por las hormonas. Pero si tu piel es grasa puedes tener acné (habla con el dermatólogo).

Para prevenir el cloasma (manchas marrones en la frente, pómulos y labio superior), utiliza protección solar en esas zonas.

Si te ha salido ya no uses despigmentantes hasta después del parto, cuando lo diga el médico; se suele quitar sin tratamiento. Maquíllate para disimularlo (recuerda hacer una prueba de alergia).

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El cabello

Ahora te crece más fuerte y abundante debido al alto nivel de estrógenos (y por la mejora en la alimentación y los hábitos).

Puede incrementar su tendencia a graso. Utiliza champús suaves y naturales, hipoalergénicos y evita tratamientos agresivos o tintes químicos.

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Los tobillos

Se te pueden hinchar al acabar el día (el edema desaparece con el descanso; si no es así, avisa al médico).

Procura no permanecer mucho tiempo de pie, cambia de postura o de pie de apoyo, haz ejercicios de rotación de tobillos, date masajes drenantes, báñalos en agua con sal... y descansa.

Utiliza un calzado que transpire, que no te apriete, que te sujete bien el pie (estás más expuesta a las torceduras, por la laxitud de los ligamentos) y con un tacón ancho de unos 2-4 cm.

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Las encías

Están más sensibles y pueden sangrar. Para prevenirlo, come manzanas a mordiscos (bien lavadas). Y si ya te ocurre, cambia a un cepillo más suave, un dentífrico para encías sangrantes y un colutorio antiséptico sin alcohol.

Las caries pueden empeorar rápidamente, porque el metabolismo está acelerado y el bebé demanda calcio. Recuerda visitar al dentista al menos dos veces en el embarazo.

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La nariz y la sensibilidad olfativa

La nariz puede estar congestionada porque las mucosas se hinchan, por el cambio hormonal: mantén el ambiente humidificado y aplícate suero fisiológico varias veces al día.

Por otra parte, notarás más sensibilidad olfativa y te molestarán olores que antes pasaban desapercibidos.

Por último, en algunas embarazadas los sangrados nasales son más frecuentes, pues hay vasodilatación.

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Las manos

A veces se hinchan (avisa si ocurre de repente y va asociado a hinchazón en cara y pies); en previsión, quítate los anillos.

A algunas embarazadas, el síndrome del túnel carpiano (un nervio “pinzado”) les provoca hormigueo y debilidad en los dedos. Hasta que mejore (tras el parto), ponte hielo en la muñeca y mantén las manos en alto siempre que puedas (al dormir, ponlas sobre la almohada).

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El vello

Lo normal es que su crecimiento se ralentice, pero en algunos casos puede crecer más y más rápido, saliendo incluso en zonas que antes no tenías.

En cualquier caso, no uses láser, ni luz pulsada ni cera caliente para depilarte. En cambio, puedes utilizar cera fría, pinzas o maquinilla.

O decolorarlo, haciendo antes una prueba en una zona pequeña, por si te da alergia.

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Los pulmones

Aumentan su capacidad para obtener más oxígeno, que necesitáis tú y el bebé. Pero al final del embarazo están en parte comprimidos por el útero.

Si te falta el aire al tumbarte, duerme semiincorporada sobre almohadones. No hagas sobreesfuerzos que te agoten.

Y aprende las respiraciones profundas que enseñan en las clases de preparación al parto: también te ayudarán en el embarazo.

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El corazón

Se hace más grande y late a más ritmo: ahora tiene que bombear un 40% de sangre más. Es normal tener algo de anemia (sigue las indicaciones del médico en alimentación y suplementos de hierro).

También puede que tengas pequeñas taquicardias al final del embarazo, por la presión del útero; no te alarmes, pero díselo al médico y modera tus esfuerzos.

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El útero

Pesa 75 gramos al empezar el embarazo y casi 1.000 al final. Ocupa la zona pélvica en el primer trimestre, llena también el abdomen en el segundo y ocupa parte de la caja torácica en el último.

Cuando tengas mucha tripa, la mejor postura para dormir es de lado sobre el costado izquierdo (así no se comprimen los vasos sanguíneos), con una almohada entre las piernas para aliviar la presión pélvica.

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El estómago y los intestinos

Se relajan por la influencia hormonal, van más lentos. Y a partir del segundo trimestre los comprime el útero.

Evita alimentos que provoquen digestiones pesadas, gases o acidez (no tomes un antiácido por tu cuenta), reparte las comidas para hacerlas más ligeras; toma alimentos con fibra y líquidos y haz ejercicio para prevenir el estreñimiento y su consecuencia, las hemorroides.

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La vejiga

Se relaja por las hormonas y está presionada por el útero, por eso tienes que hacer pis más a menudo; pon un punto de luz en tu dormitorio para no desvelarte si tienes que levantarte mucho por la noche.

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Las zonas íntimas

La vagina está hinchada y violácea. Conviene que en el último trimestre te des a diario un masaje vaginal: introduce el dedo pulgar untado en aceite de rosa mosqueta o de almendras y deslízalo trazando una U por dentro, empujando un poco hacia afuera.

Hay más flujo, utiliza salvaslips transpirables (cámbiatelos muy a menudo) y ropa de interior de algodón, lávate con agua tibia y sal (no emplees jabones o desodorantes íntimos ni hagas lavados vaginales) y avisa al médico si huele mal o tiene mal color.

Tener pinchazos en el pubis es normal, por la presión del útero y por la relajación de los ligamentos (son como calambres, no dolores).

Aprende los ejercicios de Kegel para reforzar los músculos del suelo pélvico y prevenir la incontinencia urinaria, ahora y después del parto.

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La temperatura corporal

Aumenta, incluso en reposo, por eso sudas y te acaloras tanto. Además de que tu organismo funciona a buen ritmo, llevas una estufita en tu interior.

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