Cómo hacer feliz a tu hijo ¡antes de nacer!

Te damos 12 ideas con las que puedes aumentar el bienestar de tu bebé durante el embarazo.

 

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Puedes hacer mucho por su bienestar

Aunque aún queden varios meses para que nazca, tu hijo ya tiene muchas cosas que decirte. Si pudieras verle todo el rato descubrirías que utiliza el lenguaje corporal y las reacciones fisiológicas para explicarte a su modo qué le gusta y qué no. Por eso, no está de más que sepas cuáles de tus comportamientos y actitudes aumentan su bienestar emocional, para practicarlos a diario.

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Apuesta por el relax

Hazlo con técnicas como el yoga, que ayuda a que el útero mantenga bien su espacio debido a una mejor postura de la madre y que además aumenta el aporte de oxígeno al feto. O simplemente dedicando un ratito cada día a estar tranquila, pensando en tu hijo e incluso visualizándolo. Es una manera de empezar a comunicarte con él y transmitirle tranquilidad.

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Háblale con frecuencia

A diferencia de la música, el sonido de tu voz (lo que más escucha tu hijo en la etapa intrauterina, junto a tu latido cardiaco) se transmite directamente por el cuerpo a través de la columna vertebral sin interferencias. Y a partir de la semana 27 el bebé aún no nacido es capaz de reconocerla.
En un estudio de la universidad canadiense de Queen hicieron que el feto escuchara grabaciones con diferentes voces, y comprobaron que su ritmo cardiaco aumentaba al escuchar la de su mamá y disminuía ante las demás.

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Pasea al aire libre

Caminando al aire libre aumentas tu oxígeno en sangre y tus niveles de serotonina, algo que repercute en el bienestar de tu hijo. Pero además, a medida que avanza la gestación y el útero se distiende, la luz es capaz de atravesarlo con más facilidad y las pupilas de tu hijo se abren y cierran en función de la claridad (sus ojos están formados desde el cuarto mes, pero no los abre hasta la semana 26).
Al bebé le gusta este estímulo. Es más: si pruebas a dirigir la luz de una linterna a tu tripa tratará de seguirla con los ojos o incluso intentará tocarla con las manitas.

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Practica sexo

“Todo lo que produzca placer a la madre, se lo produce al feto, así que las relaciones sexuales en el embarazo son fantásticas”, dice el doctor. Busca posturas en las que te encuentres cómoda y evita las penetraciones muy profundas. El incremento de la frecuencia cardiaca que experimentas con el sexo favorece la oxigenación fetal. Y en el orgasmo liberas endorfinas que le transmites a tu hijo en el torrente sanguíneo, haciendo que se sienta muy bien.

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Haz ejercicio físico

Realizar una actividad física suave hasta el final de la gestación (si tu embarazo te lo permite) aporta al bebé más cantidad de oxígeno y hace que su latido cardiaco aumente. Y para ti es una forma de evitar coger kilos de más y que esto afecte a tus niveles de glucosa. Respecto a los beneficios a largo plazo, reduce el riesgo de obesidad infantil.
Uno de los ejercicios más adecuados para ti en esta etapa es la natación: dentro del agua tu cuerpo pesa la décima parte y tus órganos internos ejercen menos presión sobre el cuerpo del bebé. Además, se sabe que en el agua mejora el funcionamiento de los receptores cerebrales a nivel vestibular, lo que te ayudará a establecer una conexión emocional muy especial con él.

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Acaricia tu tripa

El sentido del tacto es el primero que se desarrolla dentro del útero. Desde la semana octava tu hijo experimenta sensaciones en la zona de la boca y poco a poco esta sensibilidad se va extendiendo a las palmas de las manos, las plantas de los pies, la tripita y el culete, hasta que en la semana 32 está totalmente desarrollada.
Si acaricias tu tripa ejerciendo una suave presión, tu hijo responderá a ese estímulo, al principio apartándose y más adelante siguiendo tu mano e incluso dando pataditas.

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Baila

Como cualquier ejercicio físico, bailar es beneficioso (ojo, de forma relajada, sin saltos ni movimientos bruscos). Y además, ya sabes que al bebé le encanta la música. Pero éstos no son los únicos beneficios: se sabe que los vaivenes rítmicos de los pasos de baile le sirven a modo de acunamiento. “Estos movimientos relajan al feto, especialmente si son placenteros para la madre”, explica Martínez Orgado.

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Toma algo dulce

Desde el cuarto mes el bebé es capaz de distinguir diferentes sabores del líquido amniótico, que varían en función de tu dieta. “El aprecio por los gustos dulce y salado es innato; pero el amargo y ácido no”, explica José Antonio Martínez Orgado, neonatólogo del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid.
Por eso cuando comes algo dulce, traga rápidamente el líquido amniótico, mientras que si tomas un cítrico, cierra su boquita. Además, “en el feto las fosas nasales están llenas de líquido amniótico y muchas de las respuestas del recién nacido pueden ser más por el recuerdo de ciertos olores, no sólo sabores”, asegura Martínez Orgado.

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Escucha música

A partir de la semana 16, el futuro bebé puede oír bastante bien, especialmente las frecuencias bajas. Cuando la madre escucha rutinariamente las mismas piezas musicales, el feto aprende a reconocerlas, lo que le da tranquilidad durante el embarazo y después de nacer.
No es necesario que te coloques los cascos en la tripa, basta con que te sientes unos minutos al día a escuchar música. Pero no elijas piezas estridentes o muy fuertes, ya que podrían producir el efecto contrario.

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Ve a que te den un masaje

Los masajes durante el embarazo (ojo, no siempre son recomendables en el primer trimestre) ayudan a paliar algunas molestias como dolor de espalda, hinchazón de piernas... Y esa sensación de bienestar se la transmites a tu hijo. Además, el masaje prenatal estimula el sistema glandular, lo que ayuda a equilibrar las hormonas y a asegurar el correcto flujo de nutrientes entre los dos.

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Evita las consecuencias del estrés

Es normal que en estos meses estés algo más nerviosa, y esto no supone ningún problema para el bebé. Pero que tus niveles de estrés sean muy elevados durante mucho tiempo sí puede tener consecuencias.

- Más peligro de infecciones. El embarazo debilita el sistema inmunitario. Si a esto se une el que provocan los periodos prolongados de estrés, el resultado es un aumento de las probabilidades de que la madre sufra infecciones uterinas que comprometan el buen curso de la gestación.
- Riesgo de bajo peso al nacer. En respuesta al estrés, tu sistema nervioso secreta epinofrina y norepinefrina, hormonas que contraen los vasos sanguíneos y reducen el aporte de oxígeno al feto, lo que puede hacer que nazca con bajo peso o, en casos más extremos, antes de tiempo.
- Problemas emocionales del niño. Un estudio del Imperial College of London ha demostrado que los altos niveles de cortisol (otra hormona relacionada con el estrés) durante la gestación son responsables del 10% de los problemas emocionales en niños de temprana edad.
- Menor respuesta a los estímulos. Se sabe que los fetos sometidos a estrés en su etapa intrauterina muestran una respuesta menor a estímulos exteriores, algo que parece continuar después del nacimiento. Es como si se acostumbraran a vivir acelerados desde antes de nacer.

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Di adiós a lo que no te conviene

Además de tu estrés, existen otros factores que desagradan a tu hijo, como ciertos hábitos y determinadas sustancias. Por eso es muy importante que los evites ahora.

- Baños calientes, saunas y jacuzzis. Pueden provocarte una bajada de tensión y, por tanto, una disminución en la aportación de oxígeno al niño. Además, corres el riesgo de sufrir un desvanecimiento y caerte.
- Dormir boca abajo. Cuando lo haces, el peso del útero presiona sobre la vena cava inferior, que es la responsable del retorno venoso y la que se encarga de la correcta oxigenación del bebé.
- Tabaco, mucho café y alcohol. El tabaco cambia el olor del líquido amniótico y afecta al ritmo cardiaco, a la respiración y a la presión sanguínea del feto. En cuanto a las bebidas excitantes, mejor no tomes más de dos tazas al día (sobre todo al final del embarazo, cuando metabolizas peor la cafeína).

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