Los beneficios del yoga durante el embarazo

El yoga mejora tu estado físico, ayuda en la relajación, aumenta el nivel de oxígeno, incrementa la fuerza y el control para el parto y durante la gestación, contribuye a mantener el vínculo con tu bebé.

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Puedes practicar yoga desde el inicio del embarazo, incluso si eres una completa novata. Además, es fácil que se adecúe a tus necesidades porque es una práctica muy amplia, que incluye desde la meditación a rutinas pensadas para estirar o distender los músculos.
Se utiliza incluso en los embarazos en los que se ha recetado reposo absoluto, aprovechando sus ejercicios de meditación y respiración.

Las limitaciones se centran principalmente en el primer trimestre, cuando hay más riesgo de aborto. Quedan entonces prohibidos los movimientos fuertes, ciertos estiramientos y aperturas de piernas y las asanas (posturas) comprometidas, como las que comportan tener la cabeza hacia abajo o estar tumbada boca abajo mucho tiempo (porque dificultan el flujo sanguíneo al útero).
Esto es así incluso, como explica la profesora de yoga Inma Amat, “para las que tengan la capacidad de hacerlo y estén acostumbradas a practicar yoga fuerte”. Por eso estos primeros meses constituyen el momento ideal para profundizar en las técnicas de meditación, respiración o desarrollo de la conciencia corporal.
La flexibilidad se suele dejar para el segundo trimestre y en el tercero te centrarás en ganar fuerza y resistencia y en prepararte para el parto.

¿Qué consigues con el yoga?

Aunque decidas apuntarte a clases de yoga para mejorar tu forma física, ten en cuenta que su objetivo no es sólo ese, sino también mejorar tu salud a nivel global. Según Tere Puig, profesora de yoga y autora de la web yogamamasybebes.com, “para mí el yoga ofrece, esencialmente, autoconocimiento; tanto a nivel físico como mental y emocional.
En cuanto a mis alumnas, lo que más refieren es que aumenta su conciencia de estar embarazadas: notan más que el bebé está allí y pueden pensar más a menudo en él.
También dicen que ganan en bienestar. Sin darse cuenta van incorporando a su vida diaria herramientas que utilizamos en las clases, como la respiración, que proporcionan esa sensación”.
Por supuesto, también tu estado físico mejorará. En parte porque, como dice Puig, “un embarazo relajado y placentero ya tiene el 80% ganado. Los problemas de salud disminuyen”. Además, las asanas fortalecen el cuerpo, corrigen malas posiciones y atenúan dolores típicos del embarazo, como la ciática o los provocados por la mala circulación o la retención de líquidos.
En general, hay una disminución del dolor.
Muchas asanas se centran en mejorar la respiración como base para posteriores beneficios. Al respecto, Puig realizó un estudio junto a la ginecóloga Gloria Borràs concluyendo que las mujeres que sentían una buena amplitud respiratoria mencionaban unos niveles de dolor o de malestar casi inexistentes.

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Ya en la última fase del embarazo trabajarás el suelo pélvico, lo que te ayudará en los pujos, porque sin duda no es lo mismo hacer fuerza habiendo aprendido a mover y relajar la musculatura vaginal, que sin haberlo hecho. Como aclara Teresa Palomas en su libro Yoga y embarazo (Ed. Océano Ambar), “estos ejercicios no aseguran un parto sin complicaciones o sin dolor, pero está probado que son una excelente forma de prepararse para un parto activo, por eso los recomiendan obstetras y matronas”.

Elige un centro a tu medida

Precisamente porque hay muchos ejercicios que pueden dirigirse específicamente a la preparación del parto, es importante buscar un centro donde hagan clases para embarazadas, que presten una mayor atención a los cambios corporales propios de la gestación. “Cada vez tengo más claro que la embarazada necesita un yoga diferente al que practicaría en otro momento de su vida, una clase convencional no cubre sus necesidades de la misma forma”, explica Inma Amat.
Además, en un grupo con mujeres que pasan por las mismas circunstancias que tú, será mucho más fácil despejar dudas y miedos.

Un espacio para compartir

En el yoga encontrarás un espacio de encuentro, contigo misma y con tu bebé. Por eso es importante que durante su práctica centres completamente la atención en lo que estás haciendo, en tu cuerpo y en las sensaciones que experimentas. No hay un momento del día mejor que otro para practicarlo, aunque, eso sí, lo ideal es no hacer ejercicio justo después de comer, porque puedes sentirte pesada.
Ninguna postura debería resultarte complicada de realizar. Si no te encuentras cómoda en alguna, díselo a la profesora y deja de hacerla.
Evita fatigarte o intentar hacer flexiones más allá de tu capacidad (no estás aquí para batir ningún récord) y pasa de una posición a otra lentamente, incluso deteniéndote si te apetece. Por último, ten en cuenta que, como en todo ejercicio, los resultados no aparecerán de un día para otro.
Requieren constancia. “Si sólo vas a clase cada 15 días, no puedes esperar milagros”, dice Puig. Lo ideal sería que, además de asistir a tus horas de clase, intentaras seguir los ejercicios en casa, practicando unos diez minutos diarios. Verás cómo funciona.

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