La importancia, para el bebé y para ti, de que estés bien hidratada

Las razones por las que has de consumir más agua si estás embarazada son diversas. Ten en cuenta que en tu sangre se produce un aumento del volumen plasmático del 50%. Y que el agua es esencial para la formación del líquido amniótico, que se renueva constantemente, y para el crecimiento del feto.

“Si además formas parte de ese 15% de mujeres que tienen vómitos en la primera etapa de la gestación, la deshidratación aumenta y es obligatorio contrarrestarla con un suplemento en líquidos”, recuerda el profesor Francisco Maraver.

Existen otros motivos importantes para aumentar el nivel de agua en estos nueve meses: ayuda a prevenir la retención de líquidos (sensación de piernas cansadas e hinchadas), las infecciones urinarias (la cistitis es bastante habitual), la formación de cálculos renales, las hemorroides y el estreñimiento. Para estos dos últimos supuestos son muy buenas las aguas sulfatadas, ya que estimulan, gracias a su efecto osmótico, la movilidad intestinal.

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¿Dónde está el agua?

Que tengas que ingerir dos litros y medio de agua al día no quiere decir que hayas de beber necesariamente doce vasos diarios. El agua está presente en todos los alimentos que consumes y eso suma. “El 50% del total ha de ser agua, un 30% corresponderá a alimentos líquidos, como caldos, infusiones y zumos, además de la leche, y el 20% restante provendrá de los alimentos sólidos que tomamos”, explica la dietista nutricionista.

Dicho en otras palabras: has de beber algo más de un litro de agua al día (entre seis y ocho vasos) y el resto repartirlo en una dieta equilibrada. “Si una embarazada toma, por ejemplo, una sopa, un filete de carne acompañado de un tomate y una naranja, ya ha cubierto una importante parcela de sus necesidades hídricas”, ilustra Gemma Miranda.

En invierno, el frío anima a consumir bebidas calientes: apuesta por las sopas, caldos, infusiones... No olvides tampoco las frutas, enteras o en zumo (tres raciones al día). Aunque las de invierno no contienen tanta agua como las de verano, también aportan mucha, además de vitaminas. Y, por supuesto, la leche, rica en calcio, es perfecta para completar un aporte hídrico rico en vitaminas. “Un vaso de agua en ayunas y un zumo y un descafeinado con leche acompañando al desayuno aportan agua suficiente para arrancar el día con buen pie”, explica Miranda.

¿Cómo te deshidratas?

El agua que vas consumiendo a lo largo del día es eliminada por tu cuerpo mediante cuatro vías distintas. “La principal es la orina, a través de la cual pierdes entre 1 y 1,5 litros. Los otros tres canales son la sudoración (a través de la piel pierdes cerca de medio litro), la respiración (otro medio litro) y las heces (unos 200 mililitros)”, cuenta Maraver.

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Si no se mantiene correctamente este equilibrio hídrico, podrías poner en peligro tu embarazo. Los principales indicadores de una falta de líquido son dolores de cabeza, náuseas y mareos, boca seca, orina más oscura y menos abundante e incluso la aparición de contracciones uterinas. No dejes nunca que eso ocurra.

Probablemente tras leer este texto te apetezca beber otro vaso de agua. No te cortes, ve a por él.

Y lee a continuación los consejos para conseguir una buena hidratación en el embarazo y los beneficios del agua mineral o natural embaotellada.

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