Embarazada: ¿cómo debes hacer las tareas del hogar?

Si estás embarazada y no tienes más remedio que realizar las tareas de la casa, debes procurar evitar ciertas posturas y no realizar esfuerzos para de esa forma evitar dolores que dificultan el embarazo.

El 80% de las embarazadas sufren lumbalgia (un dolor agudo en la parte inferior de la espalda) a lo largo del embarazo, casi siempre producida por una postura corporal poco saludable.

Otras molestias derivadas de lo mismo son ciáticas y contracturas. Y es que una mala posición provoca que la tensión se acumule en un punto determinado, generalmente en la espalda, y que ésta acabe sufriendo demasiado.

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Y, al revés, una buena higiene postural sólo conlleva beneficios. “Al cuidar la postura prevendrás los dolores y eso te permitirá mantenerte activa. Así el bebé crecerá con más espacio, se oxigenará mejor, tú podrás regular más fácilmente el estrés... En fin, tendrás un embarazo más saludable. Y será de gran ayuda cuando llegue el parto”, explica Noemí Suriol, fisioterapeuta y directora de la escuela Lenoarmi.

Por eso es importante saber qué puedes hacer y qué no con tu cuerpo y cómo realizar determinadas actividades. En el caso de las tareas domésticas, no hay problema en seguir haciéndolas, pero correctamente.(Aquí tienes una galería de posturas buenas y malas para cocinar, planchar, barrer, hacer las camas...)

Parece una obviedad, pero ten en cuenta que tu cuerpo no es el mismo de antes. A partir del sexto mes, por ejemplo, las articulaciones empiezan a estar más laxas (con el peligro de lesiones que supone). Además, con el aumento de peso, tu eje corporal cambia y tú debes aprender a recolocarte.

Reaprender la postura

A medida que avance la gestación irás tomando conciencia de esos cambios y aprenderás cómo estar más cómoda. Lo importante es que sepas que toda buena postura exige corregir el centro de gravedad para evitar así la curvatura excesiva de la columna.

En este sentido, al estar de pie y al andar, la planta del pie tiene que apoyarse bien en el suelo, llevando el peso hacia los talones, no a los dedos (evita los tacones altos y los planos). Para hacerte una idea, “imagina que tienes un hilo que cuelga hacia el suelo desde las lumbares; este hilo debe estar recto. O que tienes una cola de cocodrilo entre las piernas y quieres verla por delante”, explica Suriol.

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Siguiendo esta sencilla pauta estás corrigiendo toda la posición pélvica, y eso sirve tanto para cualquier tarea doméstica como para el día a día. Aunque, eso sí, una cosa es mantener la espalda recta y otra, curvarla hacia dentro: evita la postura del torero, que recarga la musculatura dorsal.

Además, cuando estés trabajando en casa recuerda que lo ideal es moverse siempre de forma que la barriga esté relajada y la respiración sea lo más suave posible (nada de hacer grandes inspiraciones).

Sin gran esfuerzo

Puedes realizar cualquier tarea del hogar, pero deberás evitar coger mucho peso (no es el momento de volver cargada del súper), estar mucho rato de pie (sobre todo quieta), subirte a algún lugar del que puedas caerte y realizar movimientos bruscos.

Si estás en el último mes de embarazo también debes dosificar tu energía. El peso que soportas ya es elevado y la musculatura sufre. Como recomendación general, haz las cosas poco a poco, sin cansarte. Dedica unos minutos a la tarea que quieras realizar y luego para, cambia de actividad o simplemente descansa.

“No es el momento de esforzarse. Escucha a tu cuerpo. Yo recomiendo llevar un ritmo ‘hawaiano’, es decir, pausado. Y delega cuanto puedas”, resume la fisioterapeuta. Si pese a estas precauciones detectas una mínima molestia, no la pases por alto; deja lo que estés haciendo.

Un ejercicio sencillo y muy eficaz para aliviar el dolor lumbar es ponerse de rodillas y estirar los brazos pegando la frente al suelo. “Esta posición es ideal para descargar las lumbares. Pídele a tu pareja que te pase la palma de la mano por la espalda: te aliviará mucho”, recomienda la fisioterapeuta Suriol.

También puede ser de ayuda usar faja, pero sólo para ratos concretos (si tienes que andar mucho o estar mucho rato de pie, por ejemplo), o en embarazos múltiples, o al final de la gestación, cuando el bebé pesa mucho. Consúltaselo a tu médico.

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