Embarazada y tan fresca, 10 propuestas

Un poco de tai-chi, una alimentación sana y antioxidante, un masaje muy fresco... Te ofrecemos 10 propuestas para que tu verano tenga más de disfrute y menos de calor.

1. Tu ropa, Ligera

Sí, se lleva muchísimo la ropa premamá ajustada. Pero para los días más calurosos del verano, opta por prendas muy ligeras y que no se te peguen a la piel.

No tienen por qué ser feas o aburridas: un blusón de tirantes de gasa, pantalones de lino, minifaldas con vuelo, shorts... Irás igualmente a la moda, pero más fresca. Puedes encontrar modelos de este tipo en Alía (El Corte Inglés), en Mit Mat Mamá, en Prénatal y en Mothercare.

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Ah, y los pies siempre al aire: sandalias con un pelín de tacón, cuñas no muy altas o flip flops. Las hay con diseños preciosos (con lo que puedes llevarlas a todas partes, no sólo a la piscina) y están muy bien de precio.

2. Una dieta antioxidante

El sol hace estragos en la piel. Además de protegerla llevando siempre crema solar con un factor de protección alto y gorra o sombrero, puedes cuidarla desde dentro, a través de la alimentación.

La doctora Nuria Escoda, experta en Medicina Estética, te recomienda la siguiente dieta, diseñada para aportar gran cantidad de vitaminas antioxidantes. Es fresca, deliciosa e ideal para mantener la piel limpia y bien hidratada:

  • Desayuno: 1 kiwi o 1 zumo de naranja, un bocadillo pequeño de pavo y 1 infusión de té verde sin teína (puedes tomártela fría, con hielo).
  • A media mañana: 1 yogur de soja con nueces y 1 fruta pequeña.
  • Comida: Ensalada de espinacas con olivas negras, o gazpacho, o ensalada de canónigos y pera con vinagre de manzana. De segundo, pollo guisado en su jugo (con cebolla, pimiento y tomate), o atún a la plancha con vinagreta, o calamares rellenos de verduritas. Postre, 1 lácteo o fruta.
  • A media tarde: 1 zanahoria cruda (pelada) y 1 té frío sin teína.
  • Cena: Crema de calabaza o espárragos blancos. De segundo, rape hervido con pimentón dulce y limón o revuelto de ajos tiernos y gambas.

    3. Ejercicio, pero sin sudar

    Seguro que el ginecólogo te ha dicho que si el embarazo marcha sobre ruedas, debes mantenerte activa durante estos meses. Esto no significa hacer footing ni aeróbic; son ejercicios de alto impacto y harán subir tus pulsaciones y tu sensación de calor más allá de lo deseable.

    Mejor date un paseíto todos los días a primera hora de la mañana y opta por disciplinas menos costosas físicamente, pero muy gratificantes y que te dan buenos resultados, como el pilates o el tai-chi.

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    El primero te proporciona, a través de ejercicios específicos para embarazadas y controlados por un especialista, elasticidad, tono muscular y una educación postural. Además, te enseña a controlar las respiraciones, te prepara el cuerpo para el parto y previene dolores de espalda.

    Y el tai-chi, por su parte, te ayuda a relajarte, aumenta tu capacidad de concentración (algo mermada en estos meses, ya lo habrás notado), te enseña a controlar tu cuerpo a través de las respiraciones, ayuda a evitar un incremento excesivo de peso, mejora tu resistencia y tu circulación sanguínea. Si realizas los ejercicios (siempre bajo la dirección de un monitor especializado) a última hora de la tarde, comprobarás cómo, además, coges mejor el sueño.

    4. Dos duchas, mejor que una

    Durante el embarazo hay que prestar más atención que nunca a la higiene. No tengas reparo en darte las duchas que consideres precisas y en hacerlo con agua algo más fresquita de lo habitual, verás qué bien te sientes. Además de tener un tiempo de relajo fantástico, favorecerás la circulación de retorno y te encontrarás mucho más activa, con más energía.

    También puedes bañarte en la piscina o en el mar las veces que desees. Eso sí, ten en cuenta que si estás en el último mes de gestación es preferible que evites los baños, ya que aumentan las posibilidades de sufrir alguna infección en el aparato urinario y genital. Y ten la precaución de cambiar de bañador cada vez que salgas del agua.

    Tampoco te extrañes si tienes que cambiarte de ropa interior varias veces al día. Ahora sudas mucho más y no es conveniente mantener esa humedad en una zona tan íntima. Puedes utilizar salvaslips de tamaño mini para evitar al máximo sudores y olores. Y cámbialos muy a menudo.

    5. La cosmética ayuda... y relaja

    Una de las sensaciones más molestas que puedes tener en verano son las piernas cansadas. En el embarazo la circulación de retorno se ve muy dificultada por la acción hormonal y por el aumento del volumen sanguíneo. Si a esto le unes el calor veraniego, la cosa empeora aún más.

    Para evitarlo, además de mantener las piernas en alto siempre que puedas, utiliza productos cosméticos específicos, como los geles y los bálsamos para piernas cansadas.

    Escoge los que contienen extracto de vid roja o cítricos, que tienen una acción descongestionante, consérvalos en la nevera y date con ellos un buen masaje desde los pies hasta los muslos, siempre en sentido ascendente y con movimientos envolventes, utilizando las dos manos. Hazlo a diario después de la ducha, verás qué agradable resulta el masaje y cómo te sientes mucho más ligera.

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