El ánimo durante el embarazo y el postparto

Las hormonas condicionan tus estados de ánimo: al aumento o al descenso del nivel de cada una se debe que te sientas un poco triste, o eufórica, o muy relajada, o inquieta...

Además de “ordenar” a las células que realicen esos cambios físicos tan espectaculares, las hormonas condicionan tus estados de ánimo: al aumento o al descenso del nivel de cada una se debe que te sientas un poco triste, o eufórica, o muy relajada, o inquieta...

En el embarazo

Durante las primeras semanas o meses es probable que te sientas muy cansada y que te invada una gran somnolencia. La naturaleza es sabia, ahora tu cuerpo está sufriendo un gasto energético muy fuerte y se concentra en ello. Una forma de “obligarte” a descansar y ahorrar energía para tu hijo es hacerte sentir ese cansancio y ese sueño invencible.

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Es por ello que la hCG y la progesterona tienen un efecto sedante. Al entrar en el segundo trimestre empezarás a recuperar la energía perdida. Esta es una etapa gratificante, porque las náuseas y los vómitos remiten, el embarazo ya está más asentado y, como tu barriga todavía no es muy voluminosa y queda tiempo para el parto, te encuentras cómoda y bastante tranquila.

Sin embargo, puede que antes de acabar el segundo trimestre empieces a sufrir cambios de humor constantes. Es lo que los médicos definen como labilidad emocional. “Muchas pacientes me relatan cómo pasan de la risa al llanto o a la irritación con facilidad, sin motivo aparente. Pues sí lo hay: la acción hormonal”, explica la doctora López. Estos cambios de humor pueden acentuarse en el tercer trimestre debido a la ansiedad por el parto inminente o al temor por el bienestar del bebé.

En el puerperio

El influjo de las hormonas no acaba con el parto, sino que es también responsable del llamado “baby blues”, un estado de tristeza que afecta a casi todas las mujeres después de dar a luz.

El “baby blues” es una depresión leve, que suele aparecer a los dos días del parto y remite, como máximo, a las dos semanas. Ocasiona accesos de llanto, irritabilidad, ansiedad e insomnio. Se debe a la brusca bajada hormonal que se produce tras la expulsión de la placenta. Si el abatimiento no te abandona pasadas esas dos semanas, tienes que consultar a tu ginecólogo, podrías estar sufriendo una depresión postparto. Se calcula que este trastorno lo sufren entre el 12% y 14% de las nuevas madres y requiere tratamiento.

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