Embarazada, adapta tu dieta segun tus molestias

Al final del embarazo puedes sufrir ciertas molestias o pequeñas complicaciones que, aunque no tienen por qué ser graves, sí van a condicionar tu alimentación. Adaptando ligeramente la dieta se pueden aliviar mucho los síntomas.

Si sufres estreñimiento. Aumenta la ingesta de líquidos a 2 litros al día y la de frutas y verduras. Evita alimentos astringentes como arroz, té, limón… y toma más fibra.

Bebe un vaso de agua al levantarte de la cama y trata de ir al servicio a diario a la misma hora para regular el reflejo gastrocólico, responsable de la movilización del intestino.

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Si tienes ardor de estómago. “Reparte las comidas para que sean más ligeras y mastica muy despacio”, aconseja nuestra asesora.

No te tumbes hasta que no hayas hecho la digestión, duerme un poco elevada y si notas que el ardor va a empezar, toma unos tragos de leche muy fría, ya que así puede que el ardor no llegue a aparecer o, si lo hace, que no sea demasiado fuerte.

Si estás un poco baja de peso. Intenta comer más pescado: según un reciente estudio de la Universidad de Bristol (Reino Unido) realizado con más de 12.000 embarazadas, la ingesta habitual de pescado reduce el riesgo de que el bebé nazca con bajo peso (no abuses ni del atún ni del pez espada, que pueden contener elevados niveles de mercurio).

Cuando cocines, añade nutrientes de alto valor calórico y nutricional a los guisos: un poco de leche entera o un huevo batido en los purés y sopas, queso rallado en la pasta…

Si has ganado más peso del recomendado. Come poco y a menudo para evitar tener mucha hambre cuando llegues a la siguiente comida; toma un alimento rico en fibra (por ejemplo, una manzana con piel o una naranja) con dos vasos de agua media hora antes de sentarte a la mesa para tener menos apetito; come con calma, si lo haces deprisa a tu cerebro no le dará tiempo a activar el mecanismo gracias al cual nos sentimos saciados y acabarás comiendo más de lo que realmente necesitas.

Para rebajar las calorías, cocina al vapor, reduce el aceite en los guisos, olvídate de los refrescos y las bebidas gaseosas e intenta comer pollo o pavo en vez de carnes rojas, que tienen los mismos nutrientes pero son menos calóricas.

Si retienes líquidos. Lo primero que debes hacer es reducir la cantidad de sal que tomas al día, y esto incluye condimentos como las pastillas de caldo, salsas, agua mineral con gas… Sustituye la sal por hierbas aromáticas, limón, ajo o cebolla y mantente siempre bien hidratada.

Siguiendo estas pautas llegarás al parto fuerte, sana y con energía.

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