Ingredientes funcionales

Minerales, vitaminas, antioxidantes, ácidos grasos esenciales... Conoce qué te aporta cada uno.

INGREDIENTES FUNCIONALES

Para convertir en funcional un alimento se pueden seguir varios caminos.

Así, es posible eliminar un componente concreto (es lo que ocurre en los productos para celíacos, en los que se quita el gluten, una proteína contenida en el trigo, el centeno y la cebada).

También se puede aumentar la concentración de un ingrediente que tenga el propio alimento o añadir uno nuevo del que hasta entonces carecía, cambiar uno por otro...

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Entre los ingredientes funcionales más usados están:

Minerales. Como el calcio (esencial para los huesos y los dientes, contribuye a prevenir la osteoporosis) o el magnesio, el hierro y el zinc, que fortalecen el sistema inmunológico.

Vitaminas. Entre ellas la D, que favorece la absorción del calcio; la A, que participa en la formación y el mantenimiento de los tejidos; y el ácido fólico, que previene malformaciones en el tubo neural.

Antioxidantes. Especialmente las vitaminas C y E, los carotenos y los flavonoides, que entre otras cosas reducen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Ácidos grasos esenciales. Como los Omega 3, que también tienen un efecto protector del corazón y mejoran las funciones cerebrales.

Prebióticos. Son sustancias como los oligosacáridos o la fibra soluble, que nuestro organismo no puede digerir, pero sí sacarles provecho: llegan casi intactas al colon, donde estimulan de manera natural la producción de microorganismos
buenos para la salud.

Probióticos. Son microorganismos vivos (bifidobacterias y lactobacilos) que se encuentran en el yogur o las leches fermentadas y que poseen efectos positivos para la salud. Así, se ha probado su eficacia a la hora de ayudar a fortalecer el sistema inmunológico y, por lo tanto, de defendernos ante las enfermedades. También influyen sobre la función intestinal, ejerciendo un papel destacado en la prevención y el tratamiento de la diarrea y contribuyendo a la recuperación de la flora después de una infección o tras el consumo de antibióticos.

NUTRICIÓN ÓPTIMA

Pero además de estos componentes, la industria está investigando muchos otros elementos con posible efecto funcional.

Se trata, en definitiva, de buscar nuevos alimentos que, consumidos dentro de un estilo de vida equilibrado, puedan servir para completar o compensar la dieta y así sacar el máximo provecho de ella.

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Y es que el concepto de “nutrición adecuada” (la que satisface las necesidades orgánicas) está siendo sustituido por el de “nutrición óptima”: aquella que, además, favorece la salud y el bienestar de la persona.

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