Bebés con icteria, hernia umbilical, clic de cadera y plagiocefalia

La fragilidad de un recién nacido se traduce, a veces, en la aparición de pequeños problemas que responden a la inmadurez de su organismo. No hay que alarmarse, pero sí tener muy en cuenta los cuidados pertinentes.

 

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Bebés que necesitan un extra de cuidados

Que tu hijo nazca sanote desde el minuto uno es tu principal deseo y así sucede prácticamente siempre. Pero en ocasiones, pueden surgir pequeños problemillas de salud, casi siempre sin consecuencias destacables pero que, a priori, te ponen en alerta.

Son anomalías sin demasiada importancia que, en la gran mayoría de los casos, se curan solas o con escasas intervenciones pediátricas. Pero es conveniente que las detectes a tiempo para que no surjan complicaciones. Nos referimos, sobre todo, a cuatro: la ictericia, el clic de cadera, la hernia umbilical y las pequeñas deformidades craneales.

Son las más comunes tras el parto, fácilmente identificables y ninguna reviste gravedad. Te contamos todo sobre ellas. 

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Bebé con ictericia

La icteria es una coloración amarilla de la piel y de la mucosa y el blanco de los ojos provocada por el depósito de bilirrubina. “No es una enfermedad; es algo fisiológico y nada doloroso”, explica Juan José García, jefe de Pediatría del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. De hecho, la ictericia fisiológica es una situación muy frecuente entre los recién nacidos.

“Alrededor del 60% de los neonatos la padece”, añade el pediatra. Suele aparecer a los dos o tres primeros días del nacimiento y en condiciones normales no se alargará más de una semana. Tiene su origen en varios factores. “Durante el parto es normal que se produzcan algunas roturas de los glóbulos rojos, que es donde está este pigmento”, analiza García. En otras ocasiones, se detecta cierta inmadurez del hígado y del intestino que provoca esta bilirrubina en la sangre. Y, en otros casos, viene motivada por la lactancia materna. La ictericia suele afectar  primero a la cara del bebé, luego se extiende hacia el tronco y las extremidades; es decir, a los brazos y las piernas.

“El color amarillo se detecta fácilmente. Si es muy intenso se ve mucho en los ojos”, explica el doctor. En estos casos, lo aconsejable es acudir al pediatra, que le realizará dos sencillas pruebas para confirmar la ictericia: “Utilizamos un aparato que calcula los niveles de bilirrubina y hacemos una analítica de sangre”, enumera.  Frente a décadas pasadas en las que se recomendaban tratamientos enérgicos por miedo a la ictericia nuclear, en la actualidad se apuesta por uno mucho menos agresivo.

“Lo más importante es que esté correctamente hidratado”, analiza como primer paso. Si se intuye que la ictericia está provocada por la leche materna, se aumentan las tomas. Y en ocasiones se puede considerar la sustitución por leche de fórmula durante unos días. Lo que ya no tiene sentido es esa ‘vieja’ costumbre de poner al bebé unas horas al sol. 

¿Y si la icteria va a más?

Si progresa mucho desde la cabeza hacia
las extremidades es cuando hay que actuar.
“Cuanto más alejado de la cabeza esté es más preocupante y es necesario acudir a revisión pediátrica para análisis”, avisa el jefe de pediatría. “Basta mantener un control y constatar que no va a más”, aconseja. Las ictericias más complicadas suelen ser las que aparecen en las primeras 24 horas de vida. “Son indicativas de que puede haber alguna enfermedad de base”. En estos casos y en otros más graves, hay que aplicar el tratamiento de fototerapia, el más efectivo de los que existen. “Se pone al bebé bajo una luz azul”, ilustra el jefe de pediatría de Hospital Sant Joan de Déu.  

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Bebé con plagiocefalia deformacional

Existen varios tipos de deformidades craneales del bebé, pero la más común es la plagiocefalia posicional, es decir el aplanamiento del cráneo debido a la acción de una fuerza mecánica. Puede ser producida por diversos motivos durante la gestación –embarazo múltiple, líquido amniótico escaso, feto muy grande– o por la utilización de instrumentos como el fórceps o las ventosas en el momento del parto. Pero lo más habitual es que esta malformación craneal se produzca durante la etapa posnatal porque apoye su cabeza siempre en la misma posición cuando está en la cuna. “Antes, se recomendaba que los niños durmieran boca abajo, pero ahora se ha demostrado que está relacionado con la muerte súbita. De ahí que, al acostarlos boca arriba, cada vez vemos con más frecuencia deformidades craneales”, advierte el pediatra Juan José García. 

“Lo primero que hay que hacer es evitar que esté con la cabeza sobre el mismo lado e ir cambiándolo de posición”. Los bebés tienen tendencia a mirar hacia la luz. Por eso lo mejor es cambiar la cuna de posición cada día”, sugiere el experto. Además, se puede ayudar al reposicionamiento del cráneo para que esté el menor tiempo posible sobre las zonas aplanadas. “Es importante rotarle la cabeza, alternativamente, siempre boca arriba”, explica Juan José García. “A veces les estiramos la barbilla hacia su hombro derecho y luego el izquierdo para favorecer una movilidad completa del cuello”, añade.

¿Y si la plagiocefalia deformacional va a más?

Si a partir del tercer mes la deformidad persiste, hay que aplicar un tratamiento de órtesis craneal. Es decir, un casco a medida para corregir la malformación. Estos cascos se fabrican a partir de un escaneado de su cabeza y tienen como finalidad lograr la simetría craneal.

“Suele colocarse entre los 5 y los 18 meses de vida. A partir de los 2 años, su cerebro ya está formado y no es conveniente. Lo más habitual es entre los 4 y 7 meses”, dice el pediatra. Si su cabeza aumenta de tamaño será necesario readaptarlo. Durante todo este tiempo y para que el tratamiento sea efectivo, deberá llevar el casco 23 horas al día durante un periodo de entre 4 y 6 meses. Durante esa hora libre de casco has de aprovechar para bañarlo. “No hay que tomar ninguna precaución específica durante su lavado”, aclara García. Y si notas que le suda mucho la cabeza, no te alarmes: el exceso de transpiración es muy normal durante las dos primeras semanas. 

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Bebé con clic de cadera

La cadera de un recién nacido no está osificada y está compuesta principalmente por cartílago. “Cuando nace un niño, siempre exploramos sus caderas –cuenta el pediatra Juan José García–, y podemos notar dos cosas: que está fuera de su sitio y por lo tanto se trata de una displasia congénita (o de una luxación) y hay que remitirlo al ortopeda infantil. O que la cadera está dentro, pero tiene cierta tendencia a la inestabilidad. Esto último es el clic de cadera y, en este caso, no es necesario derivarlo al especialista”, explica. El clic de cadera es, pues, la tendencia o propensión de la cadera a salirse de su lugar.

“Se llama así porque, tras la maniobra, oímos un leve clic, que puede estar causado por los ligamentos al moverse. Pero si este pequeño ruido no viene acompañado de esa inestabilidad articulatoria, no precisa tratamiento”, insiste. Bastará una ecografía al mes para confirmar que todo sigue su camino. Suele ser más común en los que nacen de nalgas, los primogénitos, los gemelos e incluso las niñas.

Como tratamiento normalmente se recomienda el doble pañal –e incluso el triple pañal–, que ayuda a separar las caderas. “Al separar las piernas, la cadera queda más distanciada dentro de la articulación y se evita la luxación”, cuenta el pediatra.  Es bueno que lleves a tu hijo en mochila o fulard, con las piernas colgando. “Es una posición muy buena porque la cadera queda bien posicionada en la articulación”, sugiere el jefe de Pediatría del hospital.  

¿Y si el clic de cadera va a más?

En los casos de displasia congénita de cadera,
el pañal no sirve de nada. Se recurre a algún tipo de arnés, que mantiene la cadera dentro de la articulación, con las piernas separadas.
El tratamiento puede alargarse varios meses.   

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Bebé con hernia umbilical

Se calcula que cerca de dos de cada diez niños padecen este abultamiento del ombligo que suele ser visible a las dos semanas de vida, tras la caída de su cordón umbilical. Esta afección se produce porque, en ocasiones, algunos tejidos no sellan del todo y parte del contenido intestinal sobresale un poco a través del ombligo.

“Es a veces aparatoso de ver y palpar pero no reviste gravedad y prácticamente en la totalidad de los casos se resuelve sola sin necesidad de operar”, recalca el doctor Juan José García. Aunque puede alcanzar un tamaño considerable, como una nuez, no siempre la hernia es tan evidente. “En algunos bebés aparece cuando aprieta la barriga, pero desaparece cuando se relaja”, observa el pediatra del Sant Joan de Déu. 

Por eso, puede ser más visible cuando llora
o hace caca; es decir, cuando hace fuerza
con los músculos abdominales.

¿Y si va a más?

No parece probable, dado que prácticamente todas las hernias umbilicales se resuelven solas. Por eso no hay que alarmarse ni recurrir a esos supuestos remedios caseros como colocar fajas o esparadrapos para comprimirla. “Basta precaución después de lavarlo, tratando de secarlo con cuidado”, propone el pediatra.

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