8 Claves sobre la bronquiolitis

Es la infección respiratoria más frecuente en el bebé. ¿Sabes cómo actuar si tu pequeño la padece?

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D.R.
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Los bebés más propensos

Tu bebé empieza a toser y no mejora en unos días, aunque no tenga fiebre, es posible que sufra bronquiolitis, una infección típica de los meses fríos (aunque puede aparecer en otras épocas, es muy frecuente desde octubre hasta marzo), que afecta a las vías respiratorias bajas (bronquiolos) y ataca sobre todo a los menores de dos años.
“Los niños más propensos a sufrirla son los más pequeños, especialmente los que están en los primeros meses de vida que, además, son los que pueden tener una enfermedad más grave.
También los que nacieron prematuros o los que padecen enfermedades crónicas, como cardiopatías o enfermedades neurológicas o musculares”, comenta el doctor Luis Moral, pediatra y coordinador del Grupo de Trabajo de Alergia Respiratoria y Asma de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica.

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Busca un buen diagnóstico

La tos es el signo más frecuente de esta infección, pero para tener un diagnóstico correcto debes acudir al médico.
Según explica Luis Moral, la bronquiolitis “suele empezar como un catarro normal, pero en pocos días surge dificultad respiratoria, que en el niño pequeño se manifiesta por pérdida de apetito o dificultad para comer, irritabilidad, decaimiento, palidez intensa, aleteo de nariz y movimientos marcados del tórax por el esfuerzo al respirar.
Puede haber fiebre o no”. Una vez diagnosticada la enfermedad, es muy importante que sigas las pautas básicas de actuación en el hogar que te indique el médico, que le apliques las técnicas de fisioterapia y le administres el tratamiento que te marque su pediatra (medicación inhalada, lavados nasales, etc.).
Vigila los síntomas de la enfermedad: si en lugar de mejoría, observas que el niño empeora o aparecen otros síntomas que no estaban antes de ser diagnosticado, como fiebre alta o vómitos continuados, vuelve al médico.

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Dale de comer poco y a menudo

Cuando el niño sufre bronquiolitis se muestra cansado y le cuesta mucho ingerir cualquier alimento, porque tiene dificultad para respirar e incluso vomita con frecuencia. Por eso es mejor que le des pequeñas cantidades de alimento, pero con más frecuencia.
Si toma pecho, ofréceselo a demanda. “Es mejor que tome una menor cantidad que forzarle a que tome más y lo vomite. Puede compensarse la menor cantidad con una mayor frecuencia de tomas, pero no pasa nada si el niño come menos durante unos días”, aconseja el pediatra.

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Ofrécele mucho líquido

La bronquiolitis requiere una hidratación adecuada para fluidificar las secreciones, por lo que debes ofrecer al niño agua con frecuencia. Es habitual que el pequeño vomite para expulsar las flemas, en este caso, deberás volver a darle agua.
Si no la tolera, prueba a ofrecérsela en cucharadas. Si el niño ya come de todo, además del agua hay que ofrecerle otros líquidos: infusiones, caldos, zumos... “Si no pueda tomar nada, por los vómitos o la dificultad respiratoria, hay que acudir al pediatra”, indica el especialista.
Observa si aparecen signos de deshidratación: ausencia o escasez de lágrimas al llorar, ojos hundidos, menos de seis pañales mojados al día y fontanelas hundidas, en el caso de los bebés; y escasas micciones, orina de color amarillo muy oscuro y con fuerte olor y sequedad cutánea (si pellizcamos levemente la piel del brazo o la pierna, al soltarla se mantiene el pliegue) en el niño. Si detectas este cuadro, acude lo ante posible al médico.

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Acuéstalo boca arriba

Una de las recomendaciones de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria es que el pequeño con bronquiolitis duerma boca arriba y semiincorporado para ayudarle a respirar mejor. Sin embargo, esta postura no siempre es eficaz: “El bebé tiene que dormir boca arriba y en un plano horizontal. Salvo que tenga una minicuna o moisés de tamaño reducido, no es útil ni recomendable que duerma con el cabecero elevado, ya que, si es muy pequeño, durante el sueño puede acabar atravesado a los pies de la cuna o la cama”, explica el doctor Luis Moral. Los niños más mayorcitos sí pueden dormir en un plano inclinado.
El entorno también es muy importante, ya que determinados factores ambientales, como el humo del tabaco, empeoran el problema. “Nada de tabaco, conviene ventilar bien la casa cada día para renovar el aire”, aconseja el pediatra.
Por la misma razón, ni ambientadores ni olores fuertes en la casa ni en la habitación del niño.
Después de cada toma, asegúrate de que expulsa bien los gases, ponlo sobre tu hombro y mantenlo así, por lo menos media hora, para evitar que una posible regurgitación empeore su respiración.

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Hazte aliada del suero

Otra de las recomendaciones importantes es hacerle lavados nasales con suero fisiológico o con un nebulizador de agua marina y aspirar las secreciones (puedes hacerlo con ayuda de un aspirador nasal especial para bebés y niños, de venta en farmacias) para aliviar la congestión nasal. Conviene hacerlo especialmente antes de darle de comer, antes de aplicar cualquier terapia inhalada (recomendada por su médico) y antes de acostarle.

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Prevenir su aparición

La bronquiolitis está causada por un virus y como ya sabes se presenta en epidemias durante el invierno y el principio de la primavera. Se contagia principalmente a través del contacto con la saliva o el moco y de las manos. Por eso es tan importante el lavado de las mismas antes y después de tocar al niño.
Está demostrado que es una de las prácticas que más impacto tiene a la hora de evitar la transmisión de enfermedades infecciosas. “Hay que lavarse las manos con frecuencia, sobre todo las personas enfermas y las que se encargan del cuidado de los más pequeños”, indica el pediatra.
Y de forma especial, los hermanitos mayores que vuelven del cole, de la guradería o del parque.
En cuanto a llevar o no al bebé a la guardería, este especialista aconseja retrasarlo hasta los 2 o 3 años, “si es posible para la familia, y con más motivo si ha sido prematuro o tiene alguna enfermedad crónica”.

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No hay vacuna

No existe vacuna para la bronquiolitis. “Sí hay un medicamento especial (anticuerpo monoclonal), de uso hospitalario, que se indica para algunos niños con riesgo muy elevado, como los grandes prematuros con enfermedad pulmonar o los cardiópatas, entre otros.
Pero no se usa en niños sin problemas, porque la eficacia es limitada y hay que inyectarlo una vez al mes”, concluye el pediatra.

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