Tipos de tos en niños según la causa que la provoca y cómo aliviarla

No todas las toses son iguales. Te contamos cuáles son las más comunes en niños y las mejores soluciones para aliviarlas. Pero, recuerda, ante la tos, acude siempre a tu pediatra porque es el síntoma de una posible enfermedad.

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Getty Imagessolidcolours

Hay varios tipos de tos según la causa que la provoca: te explicamos cómo diferenciarlas para que puedas tomar las medidas adecuadas en cada caso para que sean menos molestas en la medida de lo posible pero siempre siguiente las indicaciones de tu pediatra.

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¿Qué es la tos?

La tos es un síntoma, no una enfermedad. Indica que algo está pasando, ya que es la forma en la que el organismo de tu hijo reacciona frente a una anomalía. “Se trata de un mecanismo de defensa para combatir alguna patología en el aparato respiratorio, la gran mayoría de ellas sin excesiva importancia”, cuenta Gemma Morera, neumóloga infantil en Vilanova i la Geltrú. Gracias a este reflejo de la tos, las vías respiratorias del niño se limpian de secreciones o de algún cuerpo extraño, permitiendo que pase el aire cuando hay una obstrucción de esas vías. La tos, pues, moviliza la mucosidad de los pulmones y mejora su oxigenación. “En la gran mayoría de los casos, este reflejo natural es pasajero y no requiere de ningún tratamiento específico”, explica la pediatra. Únicamente en algunas situaciones es conveniente actuar, pero son poco habituales. Se calcula que aproximadamente un 20% de las consultas pediátricas son por tos.

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Tos productiva

Tu hijo lleva dos días con mocos. El problema ha empezado en la nariz, pero baja a los bronquios. Y ahí es cuando empieza la tos, ya que su organismo trata de expulsarlos de las vías respiratorias bajas. La tos productiva es la más frecuente de todas. “Se reconoce fácilmente porque durante el tosido se oye también el ruido del moco”, explica la experta. El otro criterio para distinguirla de otras toses es que normalmente desaparece por la noche. “En general es una tos benigna que no debería durar más de dos o tres semanas”, dice la neumóloga infantil. Si el niño tiene un buen estado de salud general, no presenta fiebre, está descansado y duerme correctamente por la noche, no hace falta que hagas nada especial. Basta una buena hidratación para que poco a poco vaya desapareciendo y hacer lo que te haya indicado el pediatra.

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Tos seca o irritativa

Suele comenzar con un dolor de garganta, normalmente provocado por una faringitis. Esta irritación inicial es la que lleva a tu hijo a toser, porque le molesta. “Es como un círculo vicioso: al niño le pica la garganta y tose, pero cuanto más tose, más le pica”, explica Gemma Morera. Esta tos es característica del inicio de procesos víricos respiratorios, como el resfriado, que no van acompañados de flema. Suele ser habitual en verano, por culpa de los aires acondicionados o ventiladores, y suele acentuarse por la presencia de agentes irritantes ambientales como la contaminación o el uso del tabaco. “De ahí la importancia de evitar fumar en casa, incluso en el balcón”, aconseja la pediatra. Esta tos, como la productiva, no suele durar más de dos semanas. Recuerda que será el pediatra el que te indique qué hacer.

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Tos laringea

Más conocida como tos perruna por el sonido que provoca, es un tipo de tos muy frecuente en los niños. “Resulta fácil de identificar por ser seca, afónica y muy intensa”, aclara la doctora. Su origen suele ser una infección de tipo vírico que provoca una inflamación de la laringe (no de la faringe). “El niño se suele quedar afónico debido precisamente a la inflamación de sus cuerdas vocales. Tose porque le molesta”, añade Morera.
Es conveniente detectarla a tiempo y acudir a un especialista, puesto que la laringe es muy estrecha y si se inflama más de la cuenta puede impedir el paso del aire. El tratamiento habitual es con corticoides orales; en casos graves se recurre a tratamiento nebulizado o incluso intubación. Pero recuerda, el pediatra siempre será el encargado en decirte lo que debes hacer o dar a tu hijo: nunca le des ningún medicamento por tu cuenta.

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Tos asmática

A pesar de que el asma suele aparecer en los niños a partir de los 3 años, en ocasiones se manifiesta a edades muy tempranas (y suele ser difícil de diagnosticar, ya que se confunde con otras enfermedades respiratorias). Si notas que, al toser, tu hijo parece estar soplando por un pito que suena dentro de su pecho, es posible que su origen se deba a un cierre bronquial, algo propio de los procesos asmáticos. “El alergeno provoca la inflamación de la vía aérea, estrechándola, lo que causa al final la tos y la dificultad respiratoria”, explica Gemma Morera.
Puesto que el polen permanece durante muchos días en el ambiente, si la tos se alarga puede ser un síntoma. En este caso (sobre todo si es hacia la primavera) es conveniente que lleves al niño al pediatra para que un neumólogo infantil dé su diagnóstico. Aunque pueden compartir algunos síntomas con la tos asmática, la tos por bronquiolitis es una entidad diferente. Está causada por el virus sincitial respiratorio, suele ser frecuente en los bebés de entre 3 y 6 meses de vida, es común durante las estaciones de otoño e invierno y puede manifestarse con cierto grado de dificultad respiratoria (solo en los casos más graves será necesaria la hospitalización del bebe). Si además de tos, el niño tiene pitos, aleto de nariz al respirar, se le hunden los costados durante la respiración... es necesario que lleves a tu hijo al pediatra cuanto antes para que te diga qué hacer y qué tratamiento usar para combatir esta enfermedad que puede ser de gravedad.

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Tos ferina

Afecta sobre todo a los lactantes menores de seis meses que no están protegidos por la vacuna de la tos ferina (afortunadamente, son muy pocos). “Es muy contagiosa si el bebé no está protegido”, alerta la doctora Morera. Los primeros síntomas son similares a los de un resfriado: moqueo, estornudos, tos leve y a veces algo de fiebre. “Pero al cabo de un par de semanas la tos se vuelve seca e irritativa y da paso a ataques de tos que pueden durar más de un minuto”, explica la neumóloga infantil. Se suele identificar porque en ocasiones el niño se pone morado de tanto esfuerzo, emite un ruido de aspiración y es posible que vomite. “Incluso puede dejar de respirar durante unos pocos segundos tras el ataque de tos”, alerta la doctora. El proceso suele durar un par de semanas.
Si crees que tu hijo puede sufrir tos ferina es esencial que lo lleves al pediatra nada más observar los síntomas. En la gran mayoría de los casos no hay complicaciones, pero en los más graves necesitará vigilancia médica. Recuerda que la vacuna de la tos ferina se administra a los 2, 4 y 6 meses de vida del bebé.

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Por reflujo gastroesofágico

El reflujo propio de los bebés también puede provocar tos. “Al hacer la digestión, regurgitan bocanadas de leche o restos de alimentos que pueden llegar a la tráquea”, cuenta Gemma Morera. Suele ser más habitual después de comer y puede venir acompañada de vómito y llanto. También es frecuente cuando tu hijo está tumbado. Por eso, para hacer frente a esta tos, es conveniente que lo incorpores, tenlo sobre tu hombro, por lo menos media hora después de comer y antes de acostarlo, levanta el cabezal de su cuna y colócale de lado. “Cuando mejora o se cura el reflujo se corrige automáticamente este tipo de tos”, tranquiliza la doctora. Si tu hijo expulsa bocanadas de leche tras cada toma llévalo a su pediatra para que le haga una exploración. En determinados casos es posible que le realice una ph-metría esofágica.

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Por un cuerpo extraño

Si tu hijo no tiene fiebre ni congestión nasal pero no para de toser, tal vez lo haga porque tiene un cuerpo extraño en los pulmones. “Es una tos constante, persistente, que no cesa de día pero tampoco de noche”, explica la neumóloga infantil. “Estos pequeños cuerpos extraños normalmente se detectan tarde”, cuenta. Puede haberlo introducido por la boca o incluso por la nariz: un trocito de cacahuete o uno de almendra muy pequeño,
Normalmente el proceso de la tos acaba expulsándolo solo, pero si persiste, es importante que lleves al niño al pediatra. En caso de que lo considere oportuno le hará una radiografía y se lo extraerá haciéndole una broncoscopia. No te alarmes, no suele ser grave a pesar de que, a simple vista, resulte aparatosa por la aparición de cuerpos extraños.

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Muy práctico contra la tos

Uno de los mejores remedios contra la tos es el agua, ya que ayuda a fluidificar la mucosidad que causa la tos, hidrata las mucosas y alivia el picor de garganta. No te extrañe si el pediatra te indica que se la ofrezcas con más frecuencia de lo habitual (si le das pecho a demanda, tu leche es suficiente para que el niño esté bien hidratado).

- Si tiene edad para tomarlos, puedes darle algún zumo, puede ayudar a mantener su nivel de hidratación, pero no funcionan igual que el agua contra la tos.
- Pregunta al pediatra si puedes despejar su nariz con suero fisiológico en unidosis o un nebulizador de agua marina.
- No fuméis en casa.
- Lávale las manos a menudo. Una buena limpieza disminuye el riesgo de contagios.
- Evita ambientadores u otros irritantes en el hogar y más en su habitación.

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Mano de santo

Existen dos productos que se han demostrado beneficiosos para combatir la tos:

- Miel. Es ideal para suavizar la garganta de tu hijo; puedes administrársela disolviendo una cucharadita en su papilla o puré o directamente en una cucharita de café para que vaya chupando (un par de veces al día). Pero no se la des si tiene menos de un año, por riesgo de botulismo.
- Própolis. Se suele administrar junto a la miel en polvo. También se vende en jarabe.

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