Así evoluciona la vista del bebé

Es un proceso increíble, en el que tu hijo avanza día a día. Te lo contamos.

 

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Un sentido aún por madurar

A  diferencia de otros sentidos que sí están desarrollados en el momento del nacimiento, la vista aún sigue muy inmadura y su evolución es comparativamente más lenta. Los ojos están perfectamente formados, pero todavía deben pasar por algunos cambios anatómicos.

Por ejemplo, la retina y la vía lagrimal no están totalmente desarrolladas; la primera seguirá perfeccionándose hasta los 4 o 5 años; la segunda lo hará alrededor de los 8-12 meses de edad. Otra curiosidad: al nacer, los bebés son hipermétropes y un 20% tienen defectos de refracción (como miopía o astigmatismo). Es algo propio de su inmadurez, que se corrige con el tiempo.

Por otro lado, el “cerebro visual” no ha aprendido a ver. La razón es que para hacerlo necesita de estímulos y como durante la gestación carece de ellos, su progresión queda, por decirlo de algún modo, en un impasse. “Cuando el bebé llega al mundo y empieza a recibir los estímulos visuales necesarios, se inicia el proceso de aprendizaje de la visión”, explica la doctora Idoia Rodríguez, oftalmóloga infantil del Centro Barraquer de Barcelona.

Esta maduración visual es un proceso largo, se inicia en el nacimiento y concluye alrededor de los 8 u 9 años de edad. “Dentro de este tiempo, sin duda los cuatro primeros años son los más importantes, los de mayor plasticidad sensorial y mayor progresión en el desarrollo de la visión”, explica la doctora

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En su primer mes de vida

Al nacer, tu hijo tiene muy poca capacidad visual. El primer detalle que debes saber es que ahora sólo ve a una distancia de unos 25 centímetros. Si te fijas, corresponde a la distancia aproximada que hay entre vosotros cuando le acunas o le das de mamar. Parece que también en esto la naturaleza es sabia, porque en realidad durante estas semanas tú eres el centro de su mundo.

Así que el bebé no tiene aún la capacidad de enfocar correctamente. Ve las cosas muy borrosas; sólo distingue sombras, luces y contornos. Frunce los párpados ante una luz intensa porque le molesta y le deslumbra. Su mundo está en una escala de blanco, negro y gris, nada de colores. Ni sus ojos ni sus músculos oculares trabajan juntos, por eso es normal que a veces bizquee, ¡no te asustes!

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En el segundo y el tercer mes

En sólo un mes, el bebé realiza un salto cualitativo. De entrada, ya empieza a ver algún color, aunque continúa sin distinguirlos del todo, por lo que siente predilección por los objetos brillantes. Además, ya es capaz de fijar la vista durante unos instantes en algo que le llame la atención (siempre que sean objetos medianos, los pequeños aún le resultan difíciles de distinguir).

Quizá observes que por primera vez se mira sorprendido sus manitas, los pies...¡como si los descubriera! Eso sí, su atención no dura mucho tiempo, se distrae con facilidad.
Puede seguir objetos en movimiento, siempre que éste sea lento y de modo horizontal; un movimiento vertical aún se le escapa. Su campo visual se amplía: ahora es de unos 40 grados y puede llegar a ver a unos tres metros.

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A los 4 meses

Ésta es una etapa importantísima, porque el bebé empieza a desarrollar la convergencia y la acomodación, dos funciones básicas para enfocar correctamente. Las imágenes que percibían los ojos por separado ahora se funden creando una sola imagen tridimensional. Es decir, sus ojos empiezan a trabajar juntos, en lo que se conoce como coordinación binocular. Esto le da la percepción de profundidad y por lo tanto, será más capaz de coger y manipular objetos con cierta eficacia. Pero esta capacidad no se desarrolla totalmente hasta el medio año de edad. Hasta los 4 meses es normal que el pequeño todavía bizquee o desvíe los ojos de vez en cuando.

Ahora percibe los entornos con mayor nitidez y distingue los colores, aunque aún no los de una misma gama. Distintos estudios con bebés han concluido que el primero que les llama la atención es el rojo (ocurrió alrededor de los 2 meses). Por orden, normalmente después vienen el verde, el azul y el amarillo.

Le gusta ver las caras de sus seres queridos. Si le sonríes, le haces muecas... te mirará atentamente. Según un estudio de la Universidad de Londres, el bebé siente predilección por los rostros de las personas, incluso casi desde el nacimiento. Seguramente la explicación es que la naturaleza le lleva a fijarse con más atención en lo que va a ser importante para él. Si al principio veía los rostros como algo uniforme y en el segundo o tercer mes ubicó los ojos, en este cuarto mes ya sitúa la nariz.

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Con 6 meses

Ahora tu pequeño ya puede fijar y mantener la mirada más tiempo. Es capaz de ver a una distancia de cuatro o cinco metros y en un arco de 180 grados. Por otro lado, ahora sigue el movimiento de un objeto a mayor velocidad, incluso si éste es vertical.

Por todo lo expuesto, te darás cuenta de que su dominio del entorno es mucho mayor. Lo apreciarás, por ejemplo, en su percepción de la profundidad. Varios estudios han demostrado que cuando empiezan a gatear, los bebés se niegan a avanzar ante un precipicio visual (un espacio en el que tienen sensación de que no hay fondo y pueden caerse, como un suelo de cristal en el que se ve lo que hay debajo), incluso si tú estás al otro lado llamándole.  

Tiene preferencia por los objetos contrastados porque le resultan más fáciles de distinguir. Patrones compuestos, líneas y rayas también le llaman la atención. “Enséñale una diana o un tablero de ajedrez, verás cómo le resulta sorprendente”, recomienda la doctora.

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A los 9 meses

A esta edad tu bebé ya es un pequeño observador. Su campo visual es mucho mayor, la coordinación binocular ha mejorado notablemente... Incluso puede ver a una distancia aproximada de seis metros.

Los avances que ha conseguido hacen que la coordinación vista-manos sea buena y que tu peque ya se muestre mucho más habilidoso a la hora de manipular las cosas. Compruébalo moviendo algún objeto delante de él, verás cómo lo sigue con la vista, alza la mano e intenta (y la mayoría de las veces lo consigue) agarrarlo. Además, si el objeto se cae al suelo, lo busca. Si te fijas en todos estos logros, verás que el perfeccionamiento de la vista va muy en paralelo con el desarrollo motor.  

Ahora tu hijo tiene la capacidad de fijarse en objetos más pequeños (intentará cogerlos, porque ya hace la pinza con los dedos) y apreciar detalles. Aprovéchalo para disfrutar con él mirando un cuento. Tiene la madurez para disfrutar con ello y apreciará las ilustraciones. Además, a esta edad ya distingue prácticamente todo el espectro de colores.

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Y al cumplir los 12 meses

Al terminar el primer año, de algún modo se cierra una etapa: aunque su vista tiene que seguir perfeccionándose (continuará haciéndolo durante mucho tiempo), a esta edad ya ha adquirido las principales funciones visuales. Distingue detalles sin problemas y su campo visual está ya tan desarrollado como el de un adulto, así como la percepción en profundidad y coordinación binocular.

Otra curiosidad: si escondes un objeto en su presencia, irá a buscarlo, empieza a entender que sigue allí aunque no lo vea. También sabrá buscarlo si éste está guardado en su lugar habitual. Es la noción de permanencia, que empieza a asimilar y cuyo aprendizaje concluye aproximadamente a los 2 años. 

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Jugando se aprende

Con estos sencillos juegos estimularás su visión:

- Dos meses: si aún no lo tiene, es el momento de ponerle un móvil en la cuna. Su movimiento le divierte y, a su vez, le enseña los colores (mejor que sean tonos vivos).
- Cuatro meses: ponle algún objeto pequeño en la mano para que se fije en él.
- Seis meses: enséñale su peluche preferido y luego muévelo lentamente, para que aprenda a seguir su movimiento.
- Nueve meses: a esta edad es ideal jugar al cucú, tápate y destápate la cara con las manos para que entienda que sigues estando ahí pese a que no te vea.  

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¿Una exploración oftalmológica?

Todos los niños deberían pasar por una exploración oftalmológica completa antes de los 3 años. De todas formas, presta atención a estos signos:

- Lagrimeo: Suele deberse a una obstrucción de la vía lagrimal, a conjuntivitis o a un defecto de refracción.
- Mancha blanca en la pupila: Puede ser una catarata congénita o un problema en la retina.
- Oscilación ocular: Es típico de una afección llamada nistagmus. Algunos no tienen importancia, otros indican una patología mayor.
- No fija la vista: Más allá de los 2 meses podría sugerir una catarata congénita o problema en la retina.

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