Bronquiolitis: todo lo que debes saber

Es la enfermedad respiratoria más frecuente en menores de 2 años. Descubre cuáles son sus síntomas y cómo debes actuar si tu bebé la padece.

 

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¿En qué consiste esta enfermedad?

Difícilmente te librarás de que tu hijo la sufra: es la dolencia respiratoria más habitual en lactantes. Según la Asociación Española de Pediatría, la padecen el 75% de los bebés durante el primer año de vida y el 100% ya la han pasado al final del segundo año. La Sociedad Española de Neonatología cifra en cerca de 25.000 el número de consultas anuales en urgencias por su culpa.

Se trata de una infección vírica que causa inflamación y acumulación de mocos en las vías respiratorias más pequeñas (bronquiolos). “Correspondería al primer episodio de dificultad respiratoria (pitos) del niño”, explica Araceli Caballero, pediatra neumóloga y miembro del consultorio médico online Respira Tranquilo. Entre el 60-90% de los casos están causados por el virus respiratorio sincitial (VRS), aunque también hay otros que pueden intervenir. Por orden de frecuencia, le siguen el rinovirus, el metapneumovirus y, ya un poco más lejos, el parainfluenza.

En las siguientes páginas te desvelamos más claves sobre esta enfermedad.

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¿Cuáles son sus síntomas?

La bronquiolitis empieza como un catarro banal (tos, mocos, etc.), que suele durar unos dos o tres días. Posteriormente deriva en un cuadro de tos más intensa y dificultad respiratoria que se observa con las sibilancias (sonido parecido a un pito). Si la respiración se vuelve más dificultosa, a veces al niño se le ensanchan las fosas nasales, respira por el abdomen y/o se aprecia lo que se denomina tiraje (los músculos de las costillas tiran hacia dentro, como si se hundieran, provocado por el esfuerzo que hace el niño al respirar). El cuadro puede ir acompañado o no de fiebre ( en todo caso, generalmente no llega a ser alta) y en ocasiones hay otitis asociada. Es normal que el pequeño tenga poco apetito; esté cansado porque no respira adecuadamente y le cueste deglutir.

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¿Puede llegar a ser grave?

La mayoría de las veces la bronquiolitis es una enfermedad benigna que no pasa de ser leve o moderada. Sólo en un pequeño porcentaje de casos evoluciona mal. Las complicaciones se dan normalmente porque el proceso se infecta con una bacteria y acaba en neumonía o porque al niño llega a faltarle oxígeno. En este caso la dificultad respiratoria se vuelve muy evidente y la piel del bebé se observa a veces azulada (lo que se denomina cianosis). Estos casos requieren ingreso hospitalario (la cifra de ingresos está en el 5%). En el centro le administrarán oxígeno y controlarán su evolución.

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¿Hay alguna época de mayor incidencia?

Sí, la época que va de noviembre a marzo es la que presenta mayor contagio de bronquiolitis, porque el virus que la provoca en primer lugar, el VRS, necesita la temperatura fría del invierno. Eso no significa, evidentemente, que no se den bronquiolitis en otras estaciones, provocadas entonces por otro virus.
Además, hay un pico de incidencia entre los 6 meses y el 1 año de edad. La explicación es sencilla: antes de los 6 meses los bebés suelen estar en casa y a partir de esa edad entran en la guardería, donde el riesgo de contagio aumenta. Además, hasta el año los niños aún expulsan las mucosidades con cierta dificultad y, por lo tanto, es más fácil que un catarro se complique y el moco se acumule en las vías aéreas inferiores e inflame los bronquios. Y como curiosidad: los niños tienen una tendencia algo mayor a sufrirla que las niñas.  

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¿Cómo se contagia la bronquiolitis?

Como lo haría un resfriado. Los gérmenes viajan mediante las gotitas de saliva microscópicas o secreciones nasales que expulsa el enfermo al toser o estornudar. También por las manos u objetos que haya tocado la persona enferma. Debes considerar que en una persona adulta o incluso en un hermano mayor, el virus sólo causa síntomas parecidos a un resfriado, al contagiarse a un niño pequeño es cuando puede derivar en bronquiolitis.

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¿Qué tratamiento seguir?

El tratamiento se basa en medidas de soporte para facilitar la expulsión de la mucosidad, tales como practicar lavados nasales con suero fisiológico y aspirar las secreciones. Como se trata de un virus, no se recetan antibióticos (éstos sólo actúan contra las bacterias). Además, se ha dictaminado que los jarabes para la tos, los mucolíticos y los descongestionantes nasales tampoco están indicados.
Para aumentar el confort del niño, eleva la cabecera de la cuna o cama unos 45 grados, así respirará mejor. Y adminístrale el antitérmico que uses habitualmente (paracetamol o ibuprofeno) en caso de fiebre. Seguramente estará un poco inapetente, no le des grandes cantidades de alimento de golpe. Si le das pecho, fracciona las tomas y antes de cada comida aspírale los mocos, así le facilitas la deglución.

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¿Cuándo no debo llevarle a la guardería?

La gran mayoría de contagios se producen en las guarderías. Hay muchos niños compartiendo espacios, utensilios... Difícil controlar un virus. Por eso los pediatras suelen recomendar que puntualmente se queden en casa los niños más vulnerables a la enfermedad, como prematuros (porque hay una inmadurez pulmonar), cardiópatas o niños con algún tipo de inmunodeficiencia (más susceptibles a que su cuerpo no pueda responder al virus). Por otro lado, estar expuesto al humo del tabaco también se considera un factor de riesgo.

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¿Es posible prevenirla?

Lo fundamental es seguir unas buenas medidas de higiene: lavarse adecuadamente las manos cuando trates a algún enfermo con catarro (sobre todo antes de tocar al bebé), utilizar pañuelos de usar y tirar, no compartir utensilios como cubiertos, etc.
Y una buena noticia si le estás dando el pecho a tu hijo: la lactancia materna tiene factores protectores contra la bronquiolitis.

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¿Y la bronquitis?

En realidad la diferencia entre las dos afecciones es muy leve. “Estrictamente se considera bronquiolitis sólo al primer episodio con pitos, los posteriores ya se denominan bronquitis, aunque ambas enfermedades se comportan prácticamente de la misma forma”, aclara la pediatra. En el tratamiento hay alguna diferencia, porque mientras que en una bronquiolitis se basa en medidas de soporte, en una bronquitis de un niño mayor los tratamientos con ventolín o corticoides orales pueden ser útiles.

¿Sufrirá asma?

No tiene por qué ser así. Efectivamente, los niños que han padecido bronquiolitis presentan una mayor propensión a desarrollar asma de mayores, pero en todo caso “también entran en juego otros factores de riesgo”, dice la pediatra. Lo que sí es cierto es que el virus deja una inflamación residual en los bronquiolos y eso provoca que durante los primeros 5 o 6 años de vida el niño sea más susceptible a sufrir crisis de bronquitis, pero eso se corrige con el crecimiento y el desarrollo inmunológico.

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