Cómo influye la dieta en la flora intestinal del bebé

La flora intestinal tiene como fin proteger nuestro intestino. Por ello es imprescindible que la alimentación sea lo más saludable posible, incluso desde la más temprana edad.

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D.R.

A través de la leche

La lactancia materna promueve el predominio de este tipo de “bacterias buenas” en el intestino del niño. Cada mujer tiene una composición bacteriana única que le pasa a su hijo al darle de mamar y que ayuda a madurar su sistema inmunitario; por eso un bebé que toma al día 800 ml de leche está recibiendo al menos entre uno y 10 millones de bacterias de diversas especies y géneros.

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Se ha comprobado que la flora intestinal de los niños alimentados al pecho alberga un 90% de estas bacterias amigas y la de los niños alimentados con leche de fórmula contiene entre un 40% y un 50% (aunque la composición de su flora es más completa, porque se encuentran más especies).

De hecho, con el objetivo de imitar al máximo la composición de la leche materna, las leches artificiales incluyen en su composición este tipo de bacterias probióticas (bifidobacterias y lactobacilus).

La definitiva, con 2 años

Entre los 6 y los 12 meses de edad hay un periodo de transición: cuando el bebé deja la leche como alimentación en exclusiva y se van introduciendo los sólidos en su dieta, el contenido de su flora se va volviendo más ácido, más parecido al de un adulto.

A los 18-24 meses es ya el que tendrá toda la vida. Y cuantos más lactobacilos y bacteroides posea, más saludable será. Desde entonces la alimentación del niño influirá para que ese “jardín interior” se conserve en buen estado.

“Hay que procurar darle una alimentación lo más natural y variada posible: frutas desde los 4-6 meses, cereales, verduras, su yogur desde 7-8 meses y las legumbres a partir de los 10 meses en pequeñas cantidades”, aconseja la especialista.

Muchos beneficios

La flora bacteriana produce la vitamina K, que es la encargada de coagular la sangre (al no tener flora intestinal el bebé llega al mundo sin ella y tienen que inyectársela nada más nacer). Pero hay otras funciones de la flora, como la de ayudar a digerir la lactosa de la leche o la de mantener la mucosa que recubre el tubo digestivo.

Igualmente sirve de barrera para no dejar pasar al intestino a las “bacterias malas”. Por ejemplo, cuando el niño come algo contaminado, el ácido del estómago destruye estas bacterias. Y si no llegan a destruirse y pasan al intestino, la flora puede anularlas o provocar el vómito o la diarrea.

A la vista de tantas funciones, ¿queda alguna duda acerca de la importancia de cuidar la flora intestinal?

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