¿De qué color los tendrá?

Has observado que el color de los ojos de tu bebé no es el mismo que cuando nació. Y que alguna vez mete uno de ellos, como si fuera bizco... No te alarmes, estas “rarezas” están dentro de la normalidad.

Cuando el bebé nace, debe aprender a coordinar el movimiento de sus ojos para enfocar la mirada y éstos deben habituarse a la luz. Es en este proceso de adecuación cuando los padres suelen sorprenderse ante ciertas “rarezas”. La primera de ellas es el cambio de tono.

Aunque no todos, la mayoría de los niños nacen con un color de ojos azul-grisáceo precioso. ¿El motivo? Su iris tiene muy poca pigmentación y sólo refleja los haces de color azul. Con el tiempo el iris va ganando pigmentación y su color se intensifica.

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Ésta es la razón por la que los ojos de los pequeños se van oscureciendo durante sus primeros meses de vida. Eso sí, este cambio obedece a una ley básica: los ojos claros pueden oscurecerse, pero los oscuros no se aclaran jamás.

Aunque es difícil determinar cuál será la tonalidad de los ojos del niño, la genética nos puede dar una pista. Si el padre y la madre, los dos, tienen los ojos oscuros o claritos, el niño tendrá un tono similar al de sus progenitores.

En cambio, si uno los tiene verdes o azules y el otro oscuros, lo más probable es que el pequeño acabe teniéndolos marrones o negros, aunque nazca con ellos claritos.

La causa es que los tonos oscuros son caracteres hereditarios dominantes. No obstante, el color de los ojos no se considera definitivo hasta pasados los 12 meses.

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