Un constipado tras otro, ¿qué hacer?

Los resfriados no son graves, pero tratándose de niños tan pequeños agobian mucho a los padres. Si es vuestro caso, tranquilos: hay muchas formas de aliviar los síntomas de vuestro bebé y de evitar la posibilidad de que su cuadro se complique.

En su primer año los bebés se constipan muy a menudo, sobre todo si van a la guardería, ya que se pasan los virus de unos a otros.

Si sabes de qué hablamos, procura no angustiarte. Tu hijo no se resfría porque sea enfermizo o esté débil, sino porque su organismo se está fortaleciendo frente a los virus. Piensa que la higiene para mantenerle a salvo de los gérmenes es importante, pero la exposición a ellos, si consigue combatirlos, refuerza sus defensas y le confiere inmunidad.

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Por otra parte, aunque los mocos también tienen su utilidad, hay que intentar eliminarlos, porque si perduran pueden desplazarse al oído y producir otitis.

Ante un constipado, lleva a tu pequeño al pediatra. Lo más seguro es que sea un simple virus catarral que su organismo puede combatir sin problemas, pero no está de más descartar otros virus más peligrosos que en esta época están en circulación, como el VRS que provoca la bronquilitis (ahora estamos en plena campaña para combatirlo) o el de la tos ferina. Y otra posibilidad a descartar es el virus de la gripe (consulta aquí cómo prevenir y tratar la gripe en bebés y niños).

Además de seguir las recomendaciones que te dé el pediatra para aliviarle los síntomas, puedes aplicar estas dos medidas, que son muy simples y efectivas (además, si tiene fiebre, consulta aquí cómo actuar para bajársela).

MÁS AGUA Y SUERO NASAL

Para empezar, intenta que beba más agua, pues ayuda a prevenir la deshidratación y a disolver y a expulsar las mucosidades. Éstas son muy indigestas y junto con el dolor de garganta son las responsables de que tu hijo no quiera comer.

Para que le cueste menos hacerlo, antes de darle las tomas lávale la nariz con suero fisiológico (cómpralo en la farmacia, en monodosis). Es muy fácil: ponle de lado y échale el suero en una de las fosas, mientras le presionas la otra ligeramente (al ladearle evitas que se trague la mucosidad). Después, repite la operación en el otro agujero.

Otro consejo para que coma mejor es que en lugar de darle cinco comidas al día, le des seis o siete más pequeñas. Así no se sofocará mientras come ni tendrá sensación de ahogo.

Por otro lado, para que no se le reseque ni le pique la garganta es muy importante que mantengas húmedo el ambiente de casa. Lo conseguirás si pones recipientes específicos para este uso en los radiadores y colocas un humidificador en su habitación (lávalo todos los días, para evitar la formación de hongos y la proliferación de esporas). De momento no conviene que eches esencias en el agua. Todavía es muy pequeño y en lugar de aliviarle, podrían irritarle aún más las vías respiratorias.

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GUERRA A LAS FLEMAS

Si tiene flemas es recomendable que le des golpecitos en el pecho y en la espalda con tu mano cóncava. Así se le desprenderán de los bronquios y le resultará más fácil expulsarlas.

Como aún no sabe toser adrede, puede que alguna vez se le quede una flema en la boca, lo que le hará sentirse “raro” y le llevará a hacer movimientos extraños con los labios y ruiditos al respirar. En este caso debes intentar quitársela, pero no con los dedos, porque podrías arañarle el paladar, sino con una gasita estéril enrollada en el dedo índice. Métele el dedo en la boca y como la flema se pegará a la gasa, te será sencillísimo quitársela. Mira también el artículo "Cómo quitar al bebé mocos y flemas".

Por último, si te extraña que el pediatra no haya recetado mucolíticos a tu hijo, no te sorprendas. Esto se debe a dos razones:

  • A que aunque diluyen las mucosidades y favorecen su expulsión, incrementan la producción de las mismas, estableciendo un círculo vicioso muy difícil de cortar.
    • Y a que medicar a un niño que tiene flemas y mocos (algo que en el primer año es continuo), a la larga puede resultar más nocivo que las propias mucosidades.

      Así que ya sabes: cuenta con la orientación del pediatra, procura aliviar los síntomas del resfriado a tu hijo y confía en que su organismo vencerá a los virus catarrales y saldrá fortalecido de estos combates.

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