Bebé: refuerza sus defensas

Aliméntale bien, vacúnale a su tiempo, sácale de paseo... Así harás más fuerte a tu hijo frente al frío.

El otoño es la época ideal para preparar a tu hijo para afrontar los meses fríos y los problemas de salud más comunes de estas fechas: afecciones de las vías respiratorias altas y otras causadas por rotavirus.

Ten presente que el bebé nace con un número limitado de anticuerpos que le llegan a través de la placenta y que se agotan alrededor de los 6 meses de vida. A partir de ese momento su organismo tiene que trabajar para fortalecerse y crear un sistema inmune maduro (tardará más de 60 meses en lograrlo). Y, cuanto más le ayudes, más garantías de éxito habrá.

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Esto no significa que no se vaya a poner malo; de hecho, sería contraproducente, porque “el sistema defensivo del ser humano está compuesto por una inmunidad innata y una inmunidad adquirida. Esta última se va perfeccionando a lo largo de los primeros años de vida mediante un aprendizaje biológico que consiste en enfrentarse poco a poco a las infecciones habituales del ser humano.

De alguna manera, la forma de adquirir una inmunidad completa pasa por padecer de forma progresiva una serie de infecciones naturales”, explica el doctor Luis Sierrasesúmaga, director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria de Navarra.

No obstante, cuanto más fuerte esté, menor riesgo tendrá de sufrir complicaciones asociadas (por ejemplo, que un catarro acabe en bronquiolitis) y se recuperará antes de las infecciones benignas.

Para reforzar su sistema inmunitario, toma nota de estas ideas relativas a sus hábitos de vida y al cuidado de su salud:

VACÚNALE A SU TIEMPO

No te saltes ninguna de las inmunizaciones previstas en el calendario que te haya indicado su pediatra, ya que gracias a ellas el sistema inmunológico se entrena sin correr riesgos. “La aplicación preventiva de vacunas en términos de maduración inmunológica es comparable a la infección natural. Sin embargo, evitamos los riesgos y disfrutamos de los beneficios del contacto con el germen patógeno, que previamente ha sido debilitado o sustituido por fracciones del mismo”, explica el doctor Luis Sierrasesúmaga.

CUIDA SU DESCANSO

Si tu hijo no descansa lo suficiente (un recién nacido suele dormir entre 15 y 18 horas al día), la capacidad de su organismo para combatir infecciones se reduce. Un estudio de la Universidad de Michigan (EE UU) ha encontrado una conexión entre la falta de horas de sueño y una pobre respuesta inmunológica en la fase aguda de la infección. Y se ha probado que los niños que no tienen una rutina adecuada de descanso son más propensos a padecer catarros, y también obesidad, diabetes y problemas cardiacos, además de tener menos talla, ya que la hormona del crecimiento alcanza sus niveles más altos durante el sueño.

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ANÍMALE A MOVERSE MÁS

En cuanto tu hijo sea capaz de moverse, estimúlale para que gatee, camine, corra, salte, trepe, nade y pedalee: está comprobado que al aumentar la actividad física, la sangre circula más rápido y arrastra posibles virus o bacterias, además de producir más macrófagos, un tipo de glóbulos blancos que actúan contra los agentes patógenos.

HAZ CASO A SU PEDIATRA

El pediatra es quien debe indicar cuándo dar medicinas al niño. No creas que los antibióticos son la solución a todo. Eso sí, cuando el especialista los prescribe es importante seguir sus indicaciones. Si los antibióticos están indicados y se administran bien, no alteran el desarrollo inmunitario del niño.

PASÉALE A DIARIO

La exposición a la luz del sol ayuda a sintetizar la vitamina D, esencial para el crecimiento de los huesos y para estimular la producción de células T, un tipo de glóbulos blancos que se producen en la médula espinal y que actúan como barrera ante infecciones. No es preciso que el niño esté expuesto al sol para beneficiarse, de hecho no se recomienda una exposición directa hasta los 2 años. Con salir a pasear en las horas de menos calor es suficiente.

LOGRA QUE SE RÍA MUCHO

Desde los 4 o 5 meses el niño ríe ante cualquier estímulo y esto es algo que debes aprovechar. Y no solo porque la risa hace que se sienta bien (estimula la producción de endorfinas) y fortalece su sistema inmunológico. También ayuda al buen funcionamiento del sistema linfático, encargado de drenar las toxinas del organismo. No escatimes bromas y cosquillas y ponte a su altura para reíros con cualquier cosa.

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ACARÍCIALE A MENUDO

Se ha demostrado que el contacto piel con piel en prematuros les ayuda a prevenir complicaciones asociadas a la inmadurez de su sistema inmune. Y también favorece a los no prematuros: dar a tu hijo un masaje después del baño, bañaros juntos o tenerlo en tus brazos le hará sentirse querido y protegido, lo que será fundamental para el desarrollo de sus defensas.

VALORA SI TENER O NO MASCOTA

Si tenéis mascota en casa no hay que agobiarse, porque a largo plazo fortalecerá el sistema inmunológico del niño. Investigaciones de la Warwick University en Coventry (Reino Unido) aseguran que, a pesar de que en los primeros años es posible que se ponga malito alguna vez más por tener mascotas, según crezca sus niveles de inmunoglobulina A (IgA) serán más estables, justo cuando esté expuesto a más agentes patógenos. Además, acariciar a un perro o a un gato (por supuesto, limpio y vacunado) baja la tensión arterial, la frecuencia respiratoria y los latidos cardiacos. No obstante, si el niño muestra signos de alergia, hay que valorar la posibilidad de prescindir del animal.

VIGILA LA HIGIENE

Durante los cuatro primeros meses de vida del bebé es importante que mantengas pautas de higiene estrictas, en lo que se refiere a la esterilización de chupetes y biberones. Una vez que hayáis pasado esta barrera, mantén una higiene adecuada, pero sin obsesionarte.
Por ejemplo, es esencial enseñar al niño desde pequeño que tiene que lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño y también hay que limpiar muy bien los utensilios de cocina, vigilar que el bebé no gatee por sitios que estén sucios o en los que pueda haber objetos pequeños... Pero si tu casa tiene un situación higiénica normal, no hace falta fregar cada diez minutos.

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ELIMINA EL ESTRÉS

Cambios en el entorno familiar o situaciones nuevas (mudanza, guardería) aumentan su estrés. Y muchos estudios han encontrado una relación clara entre el estrés y una pobre respuesta ante las infecciones. Por ejemplo, cuatro meses después del huracán Andrew acaecido en Florida, los afectados puntuaron muy por debajo del resto de la población cuando se midió su sistema inmune. Habla con tu hijo (aunque no te entienda), tranquilízale, sonríele y hazle sentirse seguro; así todo le será más fácil.

RECUERDA QUE LA FIEBRE ES UNA ALIADA

Si tu hijo está con fiebre, no te alarmes. Primero determina si es febrícula (hasta 38ºC) o fiebre (por encima de 38ºC). “La fiebre es un mecanismo natural desarrollado por el organismo para combatir procesos infecciosos”, explica el Dr. Sierrasesúmaga. Si hay fiebre, es un indicativo de que el sistema inmunológico está trabajando correctamente (y haciéndose fuerte) y si no es excesiva, no es necesario tratarla. Ahora bien, cuando el niño es muy pequeño hay que mantener la fiebre bajo control, ya que el proceso autorregulador de la temperatura no funciona bien, así que su pediatra te indicará qué antipirético darle.

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