Sobre el frenillo dental y lingual en bebés

Esta alteración suele solucionarse con el tiempo, pero en ocasiones es necesario intervenir al pequeño para que pueda comer con más comodidad y no tenga dificultades para aprender a pronunciar bien.

Cuando nacen, todos los bebés tienen la lengua cortita y el frenillo muy tirante (es la finísima membrana que une la lengua con la parte inferior de la boca). Pero hay casos excepcionales en los que esta pielecita es tan mínima que dificulta a los pequeños el acto de agarrarse bien al pezón o a la tetina.

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Aun en esta situación (“anquiloglosia”) los pediatras prefieren esperar a ver cómo evolucionan y no intervenirles de momento. Por dos motivos:

  • Primero, porque aunque al principio les cuesta un poco, la madre y el bebé acaban encontrando una posición favorable para el amamantamiento y/o las tomas en biberón.
  • Y segundo, porque lo normal es que con el crecimiento, el frenillo también se vaya alargando.

    La prueba definitiva para saber si tiene frenillo

    A pesar de todo lo dicho, si tu hijo está a punto de cumplir su primer año y observas que sigue tragando con dificultad, tarda mucho en comer, hace movimientos raros con la lengua y parlotea menos que los demás niños de su edad, llévale de nuevo al pediatra, porque lo más seguro es que siga teniendo el frenillo demasiado corto.

    En la consulta, este especialista le hará la prueba definitiva para salir de dudas: le acercará un depresor a la boca y observará al pequeño para evaluar el grado de movilidad de su lengua.

    Si la saca lo bastante como para sobrepasar el labio inferior, no hay motivo por el que preocuparse; el propio crecimiento del niño terminará solucionando su problema.

    Por el contrario, si el pequeño no puede llevar la lengua más allá de su labio inferior, será necesario intervenirle, aunque sin prisas, puesto que no se trata de algo urgente.

    La solución al frenillo, facilisima

    La intervención es sencillísima (se denomina “frenotomía”) y como se lleva a cabo con anestesia local, no es necesario realizar ningún preoperatorio, ni tampoco ingresar al niño. Consiste en seccionarle el frenillo con un láser o con un bisturí eléctrico, para prevenir una posible hemorragia.

    Durante el postoperatorio (que suele prolongarse alrededor de una semana) hay que procurar que el pequeño tome la comida templada, para que la zona no se le resienta, e intentar por todos los medios que no se lleve las manos ni tampoco objetos o juguetes sucios a la boca, para que no sufra una infección.

    Verónica Palomo
    Asesor: Jordi Coromina
    Otorrinolaringólogo

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