¿Por qué le late la cabeza a los bebés?

Algunos padres primerizos acuden a urgencias con su recién nacido porque observan que le late la parte superior de la cabeza. Pero hasta que se le cierre la fontanela, lo que le ocurre al pequeño es totalmente normal.

Adiferencia del cráneo de los adultos, que es un casco rígido que protege al cerebro de posibles traumatismos, el cráneo del recién nacido está formado por placas óseas que no están soldadas entre sí, sino que pueden moverse e incluso montarse unas sobre otras.

Los espacios blanditos comprendidos entre ellas se llaman fontanelas. Aunque sólo hay dos que podemos percibir mediante el tacto (la mayor, situada en la parte superior de la cabeza, y la menor, localizada en la parte posterior), también hay cuatro laterales, dos delante y dos detrás de las orejas. Todas se van cerrando con el tiempo (entre los 3 y los 18 meses del pequeño), a medida que los huesos craneales se van soldando.

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La misión de las fontanelas

La existencia de las fontanelas es fundamental por múltiples razones:

  • En el momento del parto. Porque dan cierta flexibilidad al cráneo, permitiendo que se amolde al canal vaginal de la madre sin que el bebé padezca ningún daño.De todos modos, que la cabeza sufra algún tipo de amoldamiento o deformación es normal, no afecta al cerebro del pequeño y se corrige unas semanas o, a lo sumo, unos meses después del nacimiento.
  • En los meses posteriores. Porque permiten que el cerebro del niño vaya desarrollándose y creciendo bien, sin problemas de espacio. Y porque actúan como amortiguadores cuando el niño se golpea la cabeza, evitando que sus coscorrones le provoquen fracturas en los huesos craneales.

    Con el pelo no verás el latido

    No te alarmes si observas que a tu hijo le late la parte superior de la cabeza. Es la fontanela superior, una zona que al estar abierta, resulta especialmente sensible al latido cardiaco. En cuanto tu pequeño pierda el lanugo (una pelusilla con la que nacen muchos bebés) y empiece a crecerle el cabello de verdad, dejarás de percibir estos latidos y no volverás a preocuparte.

    Tampoco debes tener miedo al acariciar, besar o peinar a tu pequeño. Es cierto que tiene la cabeza delicada, que debes acostarle con cuidado para no golpeársela, y que es fundamental que se la sujetes bien cuando le cojas en brazos y le traslades de un lado a otro, pero esto no significa que tenga la cabecita tan frágil como el cristal.

    En realidad, la membrana que recubre las fontanelas es bastante más resistente de lo que generalmente se piensa. Por eso, sólo si el pequeño recibiera un traumatismo muy fuerte en la cabeza, podría hacerse una lesión importante.

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