Haz que tu casa sea más sana para el bebé

La calidad del aire, la distribución segura de los enseres, la temperatura ambiental... todo cuenta a la hora de saber si tu casa ofrece las condiciones ideales para tu hijo.

Una de las cosas más positivas que aporta la llegada de un bebé a casa es que mantiene la mente de los padres hiperdespierta.

Primero, por lo que supone el proceso de adaptarse a la nueva responsabilidad y cuidados del pequeño.

Y, después, porque su presencia obliga a un ejercicio de recolocación de todos los enseres (que permita ubicar los artículos de puericultura del bebé) y a un nuevo proceso de decoración del hogar para ofrecerle el mayor confort.

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Más tarde, cuando el niño ya se desplaza, llega el chequeo minucioso de cada habitación de la casa para garantizar la máxima seguridad. Y no es para menos. ¿Sabías que uno de cada cuatro accidentes que afectan a niños menores de cuatro años se producen en el hogar? Vistas así las cosas, merece la pena revisar con detenimiento tu casa para comprobar si es sana y segura para él.

Para que tu casa sea sana y confortable has de fijarte en estos parámetros: pureza del aire, temperatura ambiental, humedad relativa y nivel de ruidos en los que está inmersa.

¿Está bien ventilada?

En el aire de tu hogar permanecen en suspensión infinidad de partículas que pueden causar alergias y problemas respiratorios. Renueva a diario el aire de cada habitación (10 minutos son suficientes). Cuando el niño empiece a caminar o gatear deberás ventilar sólo una pieza cada vez, asegurándote de que el niño no entra allí ni tiene acceso a la ventana abierta.

Con un bebé en casa nadie debería fumar. Los fumadores pasivos más pequeños son más propensos a padecer las consecuencias de la inhalación de humo y sustancias volátiles, ya que su piel es más permeable y sus mucosas más sensibles.

Por la misma razón no pulverices insecticidas en su habitación o a su alrededor. Si las circunstancias te obligan, hazlo una hora antes de que el niño entre en la estancia.

Tampoco pongas ambientadores, son innecesarios y algunos difunden sustancias que podrían llegar a ser tóxicas.

¿sabes que confort y color van unidos?

Está demostrado que los colores nos generan ciertas reacciones. Los tonos fuertes, en detalles, estimulan al bebé y le incitan al juego; los colores suaves, en superficies amplias, calman el ánimo y predisponen al sueño. Si para adaptarte a esta premisa estás pensando pintar la habitación del niño, elige pinturas plásticas, lavables y atóxicas. Algunas firmas tienen incluso una gama de pinturas específicas para habitaciones de bebés.

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¿A qué temperatura está tu casa?

En el interior, las temperaturas extremas son desagradables y generan malestar. El nivel térmico ideal en invierno es de 20-22 ºC (22 ºC en el baño, cuando lo estés utilizando para el niño) y de 23-25 ºC en verano.

Durante la época de calor, si utilizas aire acondicionado, conviene que entre la temperatura interior y la exterior no haya una diferencia mayor de 12 ºC. Ésta es la mejor forma de evitar resfriados. Y, si está instalado en la habitación del niño, apágalo cuando vayas a acostarle.

Para garantizar el buen funcionamiento del aire acondicionado y la calefacción se recomienda su revisión anual por técnicos especializados, así como cambiar los filtros o incluso el aparato si su funcionamiento es defectuoso.

¿Y la humedad?

Ha de existir un equilibrio entre la humedad y la temperatura. El nivel de confort se encuentra entre el 40% y el 60% de humedad relativa. En los climas y ambientes muy secos, utiliza un humidificador de vapor frío durante no más de una hora, dos veces al día. De esta forma evitas que al bebé se le resequen las mucosas y aparezcan las típicas molestias de garganta y tos.

¿Cuánto ruido soportas?

El exceso de ruido impide el descanso, altera los nervios, genera malestar y está catalogado como contaminación acústica. El nivel sonoro ideal de un domicilio es de 50 decibelios durante el día y de 30 durante la noche. Si tu casa está sometida a un ruido continuo, conviene invertir en aislamientos (falso techo, doble pared, ventanas herméticas, etc.). Uno de los mejores aislantes térmicos y acústicos es el corcho.

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¿Cómo es la higiene de tu hogar?

Dicen los expertos que una de las causas por las que han aumentado las alergias infantiles es el exceso de asepsia en los primeros años. En nuestro afán por proteger a los niños, estamos privándoles del contacto con el suelo y con un montón de microorganismos a cuya presencia se ha adaptado el ser humano y con los que compartimos cuerpo y hábitat. Esto favorece la pérdida de anticuerpos, que hasta hace poco era normal tener, y condiciona una respuesta exagerada del sistema de defensa ante sustancias que no son dañinas para el organismo. En ocasiones la conclusión de todo esto son las alergias.

Pero, ojo, pasarse al otro extremo también es causa de alergias (y enfermedades). Hay que mantener una asepsia correcta durante los primeros meses del bebé (esterilización, control del agua, etc.).

Cuando el niño empiece a gatear y a desplazarse por su cuenta, tendrás que revisar ciertos lugares donde puede acumularse polvo y suciedad. Si el niño se mueve a gatas, centra tu atención en el suelo (friégalo a diario) y en las superficies accesibles al bebé: inodoro, bidet, mesa de centro y primera estantería de tus muebles. Limpia el polvo con un paño húmero para que los ácaros queden atrapados en él.

En vez de barrer, es preferible utilizar aspirador. Y si es posible, que éste tenga filtro HEPA, también conocidos como filtros absolutos por su alta eficiencia en el control de partículas suspendidas, ya que retienen y filtran todas las partículas del aire succionado desde un tamaño de 0,3 micras. Si no es así, gran parte de lo que aspiras volverá a ocupar otro lugar. Pasa el aspirador también a las tapicerías, cortinas, persianas, etc.

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