Cuida los pies de tu bebé

¡Qué importantes son los pies! La base que nos sustenta, de ellos dependen el equilibrio, la buena locomoción, la salud de la espalda... Por eso requieren ahora cuidados y atención, para prevenir y corregir problemas.

El pie humano es sumamente complejo: está formado por 26 huesecillos, 19 músculos y un sinfín de pequeñas articulaciones que le dan movilidad, estabilidad y equilibrio. En los primeros años de vida el pie está en continua formación, su textura es blanda y cartilaginosa, lo que facilita su moldeamiento.

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Por eso es básico vigilar los hábitos posturales, las pequeñas dolencias y el tipo de calzado, que pueden acabar provocando alteraciones en la marcha y malformaciones, y realizar revisiones periódicas para tratar a tiempo cualquier trastorno que sea detectado.

En la cuna, gimnasia de pies

Durante los primeros meses, todos los bebés patean con insistencia y juegan con sus pies, incluso chupándolos. Este entrenamiento instintivo les sirve para fortalecer músculos, tejidos y huesos de las piernas y de los pies, de cara a futuros movimientos útiles y voluntarios. En esta etapa es importante:

  • Observar la posición y la forma simétrica de las piernas y los pies del recién nacido (aunque la mayoría de las posiciones incorrectas en esta etapa se deben a la adaptación al espacio del útero en las últimas semanas y se corrigen solas).
  • Dejarle libertad para patalear, sin aprisionarle con ropa o mantas que dificulten su movilidad. Incluso incitarle a hacerlo con un juguete de cuna para patear o patucos musicales.
  • Comprobar que los calcetines, pijamas de pies o zapatos no le van demasiado justos, oprimiéndole los dedos e impidiéndole estirarlos. Conviene que en casa esté descalzo y que sólo le calces al salir, para protegerle del frío y de los golpes.
  • Acariciarle y masajearle los pies (así también estimulas su cerebro, por las terminaciones nerviosas que hay en la planta).
  • Procurar que el sol dé directamente en sus pies (en exposiciones cortas y con crema protectora), no a través de cristales.
  • Practicar el pedaleo y la “gimnasia suave de piernas˝, con el niño tumbado boca arriba, en cada cambio de pañal.
  • Incitarle a reptar desde los tres o cuatro meses, tumbándole un rato cada día boca abajo, sobre una manta en el suelo, y haciendo tope en las plantas de sus pies con tus manos.
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    Del gateo a los primeros pasos

    Posteriormente, hasta dar los primeros pasos, el bebé pasa por diferentes etapas preparatorias: reptado, gateo, búsqueda de apoyo para ponerse en pie... En estos meses procura:

    • Estimular el gateo y gatear con él. Aunque hay otros estilos (arrastrando el culete, encogiendo una pierna...), que son válidos porque le permiten desplazarse, si has acostumbrado a tu hijo a reptar seguramente lo hará de la manera más adecuada, apoyando las dos rodillas y las dos manos (recuerda que también es normal que algunos niños se salten esta fase y echen directamente a andar.)
    • Evitar que sus pies adopten posiciones incorrectas y forzadas cuando está sentado en el suelo.
    • No “enseñarle” a ponerse de pie y a “caminar” cogiéndole en vilo por las axilas, ni usar el tacatá (o, al menos, no abusar) porque le fuerzas a un ejercicio para el que no está preparado (tampoco impedírselo, si ya puede mantenerse).

      Del primer año a la edad escolar

      Hay que observar el desarrollo y el ritmo de crecimiento de los pies, su forma de pisar al andar y la estructura más o menos armónica de piernas, rodillas, tobillo y pie. Y también si corre, salta, gira, sube, baja, chuta y pedalea con facilidad, como otros niños de su edad. Así podremos detectar y tratar a tiempo posibles alteraciones funcionales de los pies y su futura repercusión en otras partes del cuerpo (rodillas, cadera, columna, etc). En este amplio periodo de la infancia es importante:

      • Procurar que camine a menudo descalzo por la arena o la hierba, lo que ayuda a la formación del arco en las plantas.
      • Darle la oportunidad de jugar haciendo ejercicio (correr en el parque, jugar al balón...) y asegurarnos de que tiene un buen profesor al iniciarse en deportes como el esquí, el patinaje o el tenis, para prevenir malas posturas, sobrecargas y lesiones.
      • Cuidar su alimentación para que no sea deficitaria en calcio y otros minerales (especialmente si toma poca leche).
      • Vigilar su forma de andar y las posturas que adopta al sentarse (vicios posturales o posiciones anómalas repetitivas).
      • Prestar atención a los dolores persistentes en la columna, las rodillas y los pies, llevándole al médico cuando se queje.
      • Observar la alineación de pierna-pie a la altura de los tobillos y las posibles alteraciones en la formación de los puentes.
      • Ponerle un calzado adecuado (ver recuadro) y nunca zapatos “heredados”, que transmiten defectos del anterior usuario.
      • Observar si desgasta más el zapato por alguna zona de la suela o del tacón, un indicio de que pisa torcido.
      • Tratar cuanto antes cualquier afección (herida, papiloma...) que pueda hacer que durante un tiempo apoye mal el pie.

        La higiene de sus piececitos

        1. Lávale los pies diariamente durante 5-10 minutos, alternando agua fría con tibia. Utiliza un jabón con pH neutro.
        2. Sécaselos minuciosamente con suaves toquecitos y sin olvidar los espacios entre los deditos.
        3. Hidrátaselos con crema o aceite. Así evitarás que el pie se le reseque provocando grietas y escamas.
        4. Córtale las uñas en línea recta. La lámina de la uña debe sobresalir 1-2 mm por delante del dedo para protegerlo.
        5. Para evitar el exceso de sudoración, ponle calcetines de fibras naturales (algodón, hilo o lana). Nunca le apliques polvos de talco, sólo cortan la sudoración taponando su salida.
        6. Llévale al podólogo una vez al año y siempre que lo necesite.

          Con todos estos estímulos, cuidados y precauciones, seguro que tu hijo caminará con paso seguro y firme por la vida.

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