Uno de cada dos bebés desarrollará una alergia en 2020

Un recién nacido con un progenitor con alergia tiene hasta un 40% de probabilidad de desarrollar un problema relacionado. Si sus dos progenitores son alérgicos, la probabilidad asciende hasta el 60%.

alergias en bebés
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Con la primavera, los estornudos y la rinitis anticipan la llegada del buen tiempo y el brote de las primeras flores. La alergia es foco de preocupaciones y sus síntomas se hacen cada vez más presentes en todas las conversaciones. No es de extrañar, ya que el 20-40% de la población mundial convive con algún tipo de alergia mientras que, para 2020, se estima que el 50% de los bebés nacidos en Europa desarrollará a lo largo de su vida una alergia, según datos del Centro Europeo de la Fundación para la Investigación de las Alergias (ECARF).

“La prevalencia de enfermedades alérgicas en la infancia crece año tras año y se piensa que continuará haciéndolo exponencialmente en las próximas décadas”, indica el Dr. Luis Blesa Baviera, pediatra en el Centro de Salud Valencia Serrería II y presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría. Y aunque los expertos todavía no son capaces de definir las causas exactas de esta evolución, indudablemente influye mucho el ambiente en el que vivimos. Por ejemplo, la exposición a un número más elevado de alérgenos ambientales, tanto en los alimentos como en el aire, las modificaciones en la alimentación y el ritmo acelerado de vida pueden contribuir, o bien directamente, o bien a través de nuestra respuesta inmune, a esta situación.

Además, existe un componente genético, ya que los antecedentes familiares aumentan las probabilidades de desarrollar una alergia. En concreto, si un progenitor tiene alergia, la probabilidad de que su hijo se vea afectado está entre el 20 y el 40%; si ambos progenitores son alérgicos, las posibilidades ascienden hasta el 60%. Por último, el exceso de higiene, que supone un retraso en la exposición de los pequeños a ciertos gérmenes, puede dificultar también el fortalecimiento de su sistema inmunitario.

Y ahí es donde está la clave, ya que la alergia es el reflejo de una hipersensibilidad del sistema inmunitario que reacciona de una forma exagerada cuando entra en contacto con una sustancia normalmente inofensiva, pero que es interpretada como un agente nocivo. El organismo considera que se trata de una agresión y reacciona defendiéndose.

“Más allá de sus síntomas, la alergia puede ser indicio de que el sistema inmunitario no está equilibrado. Por eso, entrenar el sistema inmunitario a través del fortalecimiento de la microbiota en el intestino, donde reside entre el 70 y el 80% de nuestras células inmunitarias, puede ayudar a reducir el riesgo de alergia”, avanza el especialista. “Según diversos estudios, una microbiota intestinal saludable en la primera infancia, favorece el desarrollo del sistema inmune y, consecuentemente, ayuda a disminuir el riesgo de enfermedades no transmisibles como la alergia, a corto, medio y largo plazo”, sentencia el Dr. Blesa.

En este sentido, la alimentación perinatal y postnatal tiene una importancia crucial. La leche materna, con una composición única, rica en probióticos, prebióticos y otros componentes bioactivos, entre otros elementos, es la mejor protección que contribuye al normal desarrollo de la flora intestinal de los recién nacidos.

Por eso, en los casos en los que lactancia materna no es posible, puede ser recomendable suministrar prebióticos y probióticos a los bebés para ayudar a reducir el riesgo de alergias. “En los casos en los que la lactancia materna no es viable, se recomienda consultar con el pediatra la indicación de una leche de fórmula con prebióticos y/o probióticos que ayude a asegurar una flora intestinal saludable”.

Seguir estas recomendaciones permitirá favorecer la estimulación del sistema inmunitario del bebé para que esté mejor preparado a la hora de afrontar el desafío de tolerar futuros alérgenos. “Y, especialmente en los casos en los que existe antecedentes familiares, es fundamental consultar con el pediatra la introducción de la alimentación complementaria, concluye el Dr. Blesa.

Síntomas fácilmente detectables

La reacción alérgica ante un elemento ambiental, como un alimento, el polen o el polvo, suele ocurrir en cuestión de minutos tras el contacto o pasadas unas horas, principalmente en función del tipo de alergia y de cómo se manifiesten los síntomas.

Entre las reacciones más frecuentes destacan las cutáneas (enrojecimiento, urticaria, inflamación…), las respiratorias (estornudos, rinitis y, en los casos más graves, obstrucción de las vías aéreas) y las gastrointestinales (diarrea, vómitos, dolores abdominales…).

“Es fundamental consultar con el pediatra si el bebé puede estar en riego de desarrollar alguna alergia”, afirma el Dr. Blesa. “Nadie mejor que los especialistas para determinar las necesidades del bebé y las opciones disponibles para ayudarle”, concluye.

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