¿Seguro que me oye?

Tu hijo tiene tres meses y no se altera por un ruido fuerte, con un año no se gira al llamarle... Puede que no oiga bien, y descubrirlo pronto es vital para su desarrollo.

En el claustro materno el feto es capaz de reaccionar a los estímulos sonoros procedentes del exterior. Más que oír, percibe vibraciones. Si le hablas no entiende, lógicamente, lo que le estás diciendo, pero estos sonidos son la primera gran fuente de información que recibe del mundo exterior.

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El útero está envuelto en sonidos: la respiración de la madre, el latido del corazón, los ruidos intestinales...Todos estos ruidos suaves le acompañan constantemente. De hecho, el oído interno está totalmente formado a partir de la semana 22 de gestación y ocho semanas después, el feto ya está en condiciones de responder a estímulos sonoros fuertes.

Algunos estudios sostienen que desde los ocho meses el feto ya diferencia la voz del hombre y la de la mujer. Incluso hay quienes aseguran que el recién nacido es capaz de reconocer poemas o canciones infantiles leídos o cantados durante el embarazo.

DOS DE CADA MIL

Los últimos estudios indican que de cada 1.000 recién nacidos sin criterios de riesgo, 2 pueden presentar pérdidas auditivas sensibles. La cifra se dispara a 9 de cada 100 cuando existe un riesgo previo. Por eso es tan importante detectarlo a tiempo.

En caso contrario, el retraso comunicativo se va encadenando y a los cinco años el niño puede ser incapaz de elaborar frases completas o de comunicarse con otros chicos de su edad.

ANTES DE QUE EMPIECE A HABLAR

Si tienes sospechas de que el niño puede sufrir algún problema de audición, ponte en marcha cuanto antes. El diagnóstico precoz de una deficiencia auditiva, sobre todo si aparece antes de que el pequeño empiece a hablar, es fundamental para proporcionar un tratamiento correcto que ayude a su posterior integración social.

Has de estar atenta a las reacciones del niño y acudir al especialista si observas, por ejemplo, que se cierra una puerta de forma violenta cerca de él y no se inmuta ni llora; o si tocas una campana o le aplaudes a pocos centímetros de su cara y ni tan siquiera cierra los ojos.

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Si estas pequeñas alarmas van acompañadas de otros factores de riesgo –has padecido procesos infecciosos durante el embarazo, como la rubéola; has consumido antibióticos en dosis elevadas o tuviste un parto complicado–, es más probable que el niño pueda padecer algún trastorno auditivo. Préstale atención.

Además, no olvides que la observación de tu hijo tiene que continuar al menos durante el periodo escolar, ya que 3 de cada 10 problemas graves de audición aparecen tardíamente.

ACUDE AL ESPECIALISTA

Cuando un oído presenta una deficiencia auditiva permanente, sin posibilidad de audición, se denomina sordera. Si es corregible, hipoacusia.

Existen varias pruebas que permiten determinar precozmente estas deficiencias. “Para los lactantes y niños pequeños –señala el Dr. Maeso– se practican audiometrías adaptadas, basadas en el comportamiento del niño ante un estímulo auditivo o en la relación que éste establece entre un ruido y un suceso”.

Sin embargo, puesto que estas pruebas son muy subjetivas,muchas veces se llevan a cabo, además, dos pruebas objetivas, que no dependen de la reacción del niño: las otoemisiones acústicas y los potenciales evocados auditivos.

Las primeras consisten en la introducción de un tapón pequeño y flexible en el oído del bebé a través del cual se envían sonidos. Esta prueba, que no produce dolor ni presenta riesgo alguno, se realiza en un cuarto de hora, mientras el bebé duerme.

En las segundas, que se llevan a cabo a partir de los tres meses de edad, se utilizan electrodos que se colocan en la cabeza del pequeño. Como ves, las pruebas son sencillas. Si dudas, solicita que se las hagan a tu hijo.

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