Cómo hacer sentir bien al bebé recién nacido

El parto y los primeros días de vida son difíciles para el bebé, que de pronto se encuentra en un entorno desconocido. Por fortuna, te tiene a ti para darle la bienvenida.

cómo hacer que el recién nacido se sienta genial
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Sigue estos consejos (justo tras el parto, pero también en los días posteriores) para crear en él sensaciones similares a las que tenía dentro del útero y facilitarle la adaptación a su nuevo mundo.

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Una cálida bienvenida

Cuando el bebé nace, pasa de un ambiente conocido a otro muy diferente, empujado por las contracciones de la dilatación y la expulsión. Al principio éstas son como un suave masaje, pero cada vez se hacen más fuertes y, aunque benefician al pequeño (estimulan sus sentidos y su respiración autónoma), no son agradables para él. A esto se une la presión que su cuerpo experimenta al pasar por el canal del parto.

Por esta razón tu hijo necesita que le des una bienvenida cálida. Pide que lo coloquen sobre tu pecho cuando nazca; a ti te encantará tocarle, olerle y ver su cara, y para él este momento será muy reconfortante: sentir el contacto piel a piel contigo y oler tu cuerpo le dará una tranquilidad que mitigará su desconcierto.

Mantenlo contigo todo lo posible

Nada más llegar a este mundo, tu hijo ya se siente parte de ti. Por eso, ante las sensaciones tan inquietantes que le produce su nuevo entorno (luces, sonidos, presión atmosférica, frío, hambre...) lo que más le reconforta es tu cercanía, tu olor, tu calor, tus gestos...

Aliméntale a demanda

En el útero, tu hijo era alimentado continuamente, así que la sensación de hambre le resulta desconocida y dolorosa. Ponle al pecho en cuanto puedas tras el parto. Y a partir de ahí, aliméntale a las primeras señales de que quiere comer (inquietud, lloro quejumbroso...); así se alterará menos y te será más fácil darle la toma. Piensa que si llora mucho, le costará hacer la transición de llorar a succionar y deberás calmarle primero. No te agobies por si le toca o no: poco a poco irá adaptándose a un horario regular.

Mécelo en tus brazos

Desde el principio, mécelo en tus brazos todo lo que te apetezca, sin cortarte; le hace falta para sentirse bien. Y, por supuesto, hazlo siempre que notes que te necesita (si llora, si está inquieto, si le cuesta dormirse...). Si lo coges recostándolo sobre tu hombro izquierdo, los latidos de tu corazón le calmarán porque le recordarán a su vida intrauterina.

No le expongas a luces fuertes

Sobre todo al principio, necesita un ambiente poco luminoso. Piensa que él sólo conoce la semipenumbra, así que las luces intensas le asustan. Por eso los paritorios suelen estar provistos de luces tenues.

Háblale mucho

Conoce tu voz (ya la oía en el útero) y escucharla le hace sentirse protegido. Esto, junto con los consejos anteriores, logrará que tu hijo se sienta bien en este mundo desde el instante en que llegue a él.

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