Los reflejos del recién nacido

Tu bebé, al nacer, ya trae algo aprendido: son los reflejos innatos, que le ayudan a adaptarse al nuevo mundo y que irán desapareciendo.

reflejos del recién nacido
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¿Cómo sabe un bebé que acaba de nacer que tiene que dirigirse al pecho de su mamá para alimentarse? ¿Por qué pone cara de susto y abre los brazos cuando cree que se va a caer, si nadie le ha enseñado qué es el miedo? ¿Y cómo es que con pocos días ya sabe echar los pasos cuando sus pies rozan el suelo? Resolvemos tus dudas.

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Preparados para adaptarse
reflejos recién nacido
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Te haces estas preguntas porque te parece increíble: hace unas horas estaba en tu útero, tan tranquilo, calentito y protegido, y ahora tiene que respirar y comer por sí mismo y enfrentarse a un montón de agentes externos, ruidos, luces, olores, personas que le hablan y le tocan...

¿Cómo se las apaña una personita tan diminuta y aparentemente frágil para lidiar con tanto caos? “Lo hace gracias a los reflejos innatos, reacciones simples y automáticas ante un estímulo exterior que permiten la supervivencia del bebé y le abren las puertas del nuevo mundo que le rodea”, responde la neonatóloga María Rosa Cabezas Maspoch.

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Instinto de superviviencia
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Al nacer, el bebé humano está muy desvalido porque su cerebro es muy inmaduro, pero la naturaleza le otorga unos reflejos incondicionados –es decir, respuestas automáticas e involuntarias que no han sido aprendidas– que le ayudarán a buscar el cariño, la comida o la ayuda que necesita.

“Hay que diferenciar entre los reflejos primarios o arcaicos, que se forman en el útero, están presentes al nacer y se pierden con el tiempo (algunos, como muy tarde, a los 12 meses) y los secundarios, que son los que aparecen en los primeros meses de vida”, aclara nuestra asesora.

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reflejos del recién nacido
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Los primeros se llaman así porque son una herencia de nuestros antepasados y están dictados por el instinto de supervivencia ante un entorno hostil. Algunos de estos recursos son adaptativos y su función es la de evitar el peligro (por ejemplo, cuando el bebé cierra los ojos ante una luz intensa o aparta su cuerpo de una fuente de dolor), otros le ayudan a alimentarse (succionar y tragar) y otros a agarrarse para no caerse.

“Si el bebé no los tiene o perduran en el tiempo, más allá de la edad en la que normalmente desaparece cada uno, puede indicar que el niño tiene algún problema neurológico”, explica la doctora.

Por eso el pediatra comprueba estos reflejos en los reconocimientos rutinarios. El primero, inmediatamente después del parto, como parte del test de Apgar (que se realiza a todos los bebés y en el que, además de los reflejos, se comprueba el color de la piel y el funcionamiento de los músculos y del sistema respiratorio). Y, a partir de entonces, en cada una de las revisiones pediátricas.

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Reflejo de búsqueda
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Es uno de los dos reflejos imprescindibles para la alimentación. Sin haberlo experimentado antes, el bebé sabe buscar el pezón y succionarlo para sacar la leche. El reflejo de búsqueda ¡es el que mejor le sale! Esa ansiedad por localizar el pecho de mamá la manifiestan todos los recién nacidos. Si le tocas la mejilla verás cómo tu hijo orienta su cabeza al lugar donde le tocaste mientras abre la boquita e intenta succionar el dedo o, si le acercaste el pecho, el pezón.

El pediatra comprobará mejor este reflejo si el bebé no ha realizado una toma recientemente. Le tumbará boca arriba, pondrá una mano detrás de su cuello para notar los movimientos de la nuca y con el dedo tocará con suavidad su labio superior, el inferior y las comisuras.

El niño abrirá la boca y moverá la cabeza hacia ese lado: si es el labio de arriba, estirará la cabeza, y si es el de abajo, bajará el mentón persiguiendo el dedo. Con esta prueba el pediatra comprueba que los movimientos de la cabeza (flexión, extensión y rotación del cuello) se efectúan en la misma dirección que se ha realizado el estímulo. Desaparece a los 4 meses.

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Reflejo de succión
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El otro reflejo esencial en su alimentación. Seguramente no necesitarás que el especialista te descubra este reflejo de tu bebé, ya que al tocarle la boquita con tu dedo te habrás dado cuenta de que lo chupa enérgicamente. Y no digamos si lo que roza sus labios es tu pezón.

Extraer la leche no es fácil: tiene que abarcar la areola con los labios, apretar el pezón entre la lengua y el paladar y coordinar los movimientos rítmicos de succión con la respiración y la acción de tragar. Por ello, aunque el reflejo existe, no todos maman eficazmente desde el principio. Este reflejo se desarrolla a partir de la semana 20 de embarazo (el feto lo ensaya chupándose el dedo) y se prolonga durante 2 meses, cuando el bebé ya no lo necesita, porque ha aprendido a mamar a voluntad.

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Reflejos para desplazarse
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Los neonatólogos suelen agrupar los siguientes tres reflejos porque con todos ellos el bebé trata de desplazarse.

- Reflejo de marcha. Este reflejo aparece hacia el cuarto día de vida y desaparece al segundo mes. Si sujetas al bebé por debajo de las axilas y le mantienes de pie en vilo, con la planta de los pies tocando el suelo, puedes ver cómo realiza el movimiento de echar los pasos, como si tuviera intención de andar. Una vez que esta reacción refleja desaparece, al bebé le quedan largos meses para aprender el acto voluntario de ponerse de pie y empezar a caminar.
- Reflejo de escalada. Si mantienes cogido al pequeño por debajo de los brazos y con las piernas colgando y le acercas al borde de una mesa hasta que la toque con el empeine, comprobarás asombrada cómo flexiona la rodilla y eleva el pie como si estuviera intentando subir a la mesa.
- Reflejo de gateo. Lo mismo ocurre cuando le tumbas sobre su estómago y le elevas un poquito cogiéndole por el tronco: el bebé automáticamente mueve las piernas como si quisiera arrastrarse gateando. Este reflejo, también llamado de arrastre, aparece en los primeros días y se mantiene hasta los 3 meses.

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Reflejo de esgrima
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También llamado reflejo de espadachín, debido a la postura que adopta el bebé: cuando tumbas al recién nacido boca abajo, si giras su cabecita hacia un lado, inmediatamente estira el brazo y flexiona la pierna de ese lado. También se llama reflejo tónico del cuello y desaparece antes de los 3 meses.

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Reflejo de nado
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Este es, quizá, el más curioso de todos: los bebés sorprenden porque si los meten en la piscina y los sujetan por la tripita, comienzan a realizar movimientos rítmicos y coordinados, como si de verdad estuvieran nadando.

Y asociado a este existe otro reflejo innato, el de buceo, por el cual los bebés pequeños cierran automáticamente la glotis cuando los sumergen bajo el agua. Algunos científicos relacionan este reflejo con el periodo intrauterino y otros lo asocian a nuestro pasado de anfibios. Antes de los 3 meses se pierden ambos.

Hay algunos expertos que aconsejan aprovechar los meses en los que estos reflejos están presentes para estimular estos movimientos, lo que beneficiará después al bebé a la hora de aprender a caminar, gatear o nadar.

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Reflejo de Moro
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Es un reflejo defensivo, también llamado de sobresalto o reflejo de abrazo. Su nombre se debe a Ernst Moro, el pediatra que lo descubrió.
Es, en realidad, una reacción de miedo. Tu bebé, al oír un ruido fuerte o cuando siente que se cae de espaldas (si le inclinas 30º cuando le tienes en brazos o le dejas en la cuna con brusquedad), pone cara de susto y abre los brazos en cruz.
Su finalidad es agarrarse a algo y ¡salvarse! Si el bebé no presenta al nacer este reflejo, que a veces se acompaña de llanto, o si persiste más allá de los 3-4 meses, puede ser indicio de lesiones cerebrales (si aparece sólo de un lado puede tratarse de una rotura de clavícula).
Para comprobarlo, el neonatólogo tumba al bebé boca arriba sobre una superficie mullida, le sujeta la cabecita y la deja caer hacia atrás, aunque no permite que se golpee, le sujeta antes. El objetivo es observar su cara de sobresalto y cómo echa sus brazos abiertos hacia arriba con las palmas levantadas y los pulgares flexionados. Se trata de una reacción de aviso a los padres.

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Reflejo palmar
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Transmitido genéticamente desde la época en la que nuestros antepasados llevaban a cuestas a las crías, que debían agarrarse al pelo para no caer. Se llama reflejo de prensión palmar. Habrás notado que si tocas o acaricias la palma de su manita, el bebé la cierra apretando tu dedo con una fuerza extraordinaria.

Gracias a esta reacción, que también recibe el nombre de reflejo darwiniano, el recién nacido es capaz de mantenerse por un instante suspendido en el aire, tan solo sujeto por tus dedos pulgares (pero no se te ocurra hacerlo, porque seguro que se caerá).

“Es un reflejo que se observa nada más nacer y su ausencia puede indicar problemas neurológicos o anomalías en el desarrollo motriz. La prensión palmar comienza a manifestarse desde la semana 28 de gestación, se intensifica mucho durante el primer mes de vida del niño y desaparece alrededor de los 3 o 4 meses”, explica la neonatóloga.

A partir de entonces tu hijo comenzará a mover sus manitas de forma voluntaria y a realizar movimientos menos toscos, más coordinados, para intentar alcanzar las cosas y cogerlas en su puño.

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Reflejo plantar
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Con los dedos de los pies ocurre lo mismo, que con la palma de la mano: al acariciar la planta del pie, los dedos se cierran. No se sabe muy bien qué utilidad tiene el reflejo plantar, salvo que se trate de un residuo evolutivo de los tiempos en los que el hombre andaba a cuatro patas. Este reflejo es uno de los que más tardan en irse, suele desaparecer entre los 9 y 10 meses.

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Otros reflejos
Agencias

No son tan llamativos, pero sí muy importantes. Unos son innatos y otros secundarios (aparecen en los meses posteriores al nacimiento). Y hay algunos que no se pierden.
De Galant
Desde el embarazo, permite al bebé desarrollar el equilibrio y le ayuda a cruzar el canal del parto. Para comprobarlo, el pediatra tumba al bebé boca abajo y le pasa un dedo por sus riñones, en paralelo a la columna. La respuesta que busca, muy sutil, es que el bebé arquee su cuerpo hacia la zona estimulada.
De Landau
Este reflejo aparece hacia los 4 meses y perdura hasta casi el año de edad. Seguro que estás cansada de ver a tu hijo hacerlo y por eso te parece de lo más normal: cuando el pequeño está tumbado boca arriba, endereza el tronco y eleva su cabecita mientras extiende sus pies y sus brazos.
De paracaídas
Aparece tarde, entre los 6 y los 9 meses. Si no lo hace es señal de daño neurológico. Cuando sujetamos al bebé en posición vertical por los costados y le inclinamos energéticamente hacia adelante, el niño se protege de la caída abriendo los brazos y las manos como intentando parar el golpe. Dura toda la vida.

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Los reflejos que perduran
Agencias

Existen algunas reacciones automáticas innatas que no se pierden nunca, entre ellos:

- Reflejo de retirada, aparece cuando el bebé se aparta de aquello que le daña.
- De la tos, cuando se estimulan las vías respiratorias.
- De la náusea, cuando se estimula la garganta.
- Del estornudo, cuando las vías nasales se irritan.
- Del bostezo, cuando el cuerpo necesita oxígeno.
- Del parpadeo, cuando le deslumbra una luz intensa.

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Más de Primer mes