Bebés prematuros: grandes luchadores

Gracias a los avances en neonatología y estimulación precoz,  estos bebés salen adelante y se desarrollan bien.

 

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En las mejores condiciones

“Cuando nació, mi hija tenía 25 semanas de gestación y pesaba 670 g. Estuvo en el hospital tres meses y 20 días. De hecho, nos dieron el alta la semana que le habría tocado nacer”, recuerda Carmen, madre de una niña prematura.

Carmen, así se llama también su hija, tiene ahora 2 años y medio y es una niña completamente normal que ha superado con éxito las complicaciones de llegar al mundo antes de tiempo: “Tuvo retinopatía y se le curó y el año pasado la operaron de una cardiopatía de la que está recuperada”, explica aliviada su madre.

En lo que respecta a su crecimiento y desarrollo, destaca, “ya mide lo mismo que cualquier otro niño de su edad e incluso hace cosas que los de su edad no hacen, como puzzles, juegos...”.

Su caso es un ejemplo de cómo un prematuro puede salir adelante en las mejores condiciones. De hecho, del 75% al 80% de los niños que nacen con menos de 1.500 g no presenta ninguna secuela a los 2 años de edad.

Son cifras de un fenómeno, la prematuridad, que el doctor Xavier Krauel, neonatólogo, define como “uno de los problemas de salud más graves de la humanidad”.

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Un milagro cada vez más frecuente

Como la pequeña Carmen, Adriana también fue una gran prematura. “Nació a las 25 semanas con 698 g”, relata Rebeca, su madre, “y durante los tres meses y medio que estuvo en el hospital tuvo todas las complicaciones posibles”.

Hoy la niña tiene 3 años y padece retinopatía del prematuro, una secuela habitual en estos niños que su madre valora como un mal menor porque, asegura, “es un milagro que esté aquí”.

Un milagro que cada vez se da con más frecuencia, ya que si en la década de los 60 sólo uno de cada 10 niños que nacían con menos de 1 Kg de peso lograba sobrevivir, hoy lo consiguen entre un 70% y un 90%.

Por este motivo, como explica Carlos Paredes, neonatólogo de Valencia y miembro de la Asociación Española de Pediatría, “nuestra prioridad ahora es conseguir que estos niños salgan adelante con las mínimas secuelas”.

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Atenuar posibles secuelas

Un bebé es prematuro cuando nace antes de la semana 36 de gestación y a partir de aquí la medicina distingue tres grandes grupos: los de 32 a 36 semanas, los de 28 a 32 y los de 24 a 28 semanas, a los que denominan como prematuros extremos o grandes prematuros.

En opinión del doctor Paredes, “cualquiera de estos niños puede plantear problemas a corto, medio y largo plazo, pero el problema real son los grandes prematuros, los que nacen antes de la semana 29 y con menos de 1,5 Kg de peso”.

Un matiz que comparte el doctor Krauel, para quien “no tiene nada que ver un prematuro de 35 semanas con uno de 25. Cuanto más pequeño, más inmaduro y, por tanto, mayor riesgo de complicaciones”.

La buena noticia es que es posible intervenir para disminuir estas complicaciones y sus secuelas en todo tipo de prematuros. Está demostrado que una orientación terapéutica temprana incide positivamente en la evolución final.

Los padres, esenciales

El papel de los padres es vital en todo este proceso, afirman desde Aeprem, asociación de padres de niños prematuros: “Es importante que los padres sean capaces de detectar los problemas antes de que les digan en el colegio que el niño tiene un déficit de atención o un autismo leve, por ejemplo”.

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Cambio de tendencia

“Tienes la idea de que son intocables y cuando la enfermera me dijo que podía cogerle en brazos, me llevé una alegría. Además, tanto yo como su padre podíamos entrar en la UCI a cualquier hora del día, llamar desde casa para saber cómo estaba, cambiarle el pañal... Yo dejaba a mis dos hijas en el cole y me iba al hospital, donde pasaba todo el día”, explica Cristina.

Su hijo Nicolás nació a las 31 semanas, con 1.200 g, y estuvo 41 días ingresado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. “Hice mamá-canguro y lactancia, y el contacto piel con piel es alucinante porque recuperas el vínculo con el niño. Fue una de las pocas recomendaciones que me dio el neuropediatra, que lo cogiera mucho y estuviera mucho con él”.

La experiencia de Cristina refleja el cambio de tendencia operado en los principales hospitales españoles en lo que respecta al tratamiento de los niños prematuros: de unos padres con la nariz pegada al cristal de la sala de incubadoras, a unos padres que pueden estar junto a su hijo las 24 horas del día, si lo desean, y participar en su cuidado; de una unidad de neonatología en la que todo giraba alrededor de la tecnología necesaria para salvar a ese pequeño, a las unidades modernas, en las que el centro de todo son el bebé y su familia.

De este modo, aseguran los expertos, se atenúan notablemente las secuelas asociadas a la prematuridad. “Niños que deberían estar en el útero nacen repentinamente y se encuentran en un entorno hostil”, explica la doctora Riverola, del Hospital Sant Joan de Déu. “Debemos hacer que este cambio sea desde el principio lo menos traumático posible, y para ello hay que conseguir que todo lo que rodea al bebé sea lo más parecido al útero materno y a su quietud”.

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Cuidados centrados en el desarrollo

Los cuidados centrados en el desarrollo (CCD) son una serie de medidas concebidas para que el desarrollo del prematuro sea igual o lo más parecido posible al desarrollo del bebé a término.

El doctor Perapoch, del Servicio de Neonatos del Hospital Vall d’Hebrón, es el coordinador de una iniciativa cuyo objetivo es apoyar la implementación de los CCD en los centros sanitarios de nuestro país. Perapoch distingue dos ejes en esta nueva filosofía de trabajo: “Se trata, por un lado, de reducir el estrés en las UCI neonatales, porque está demostrado que del estrés se derivan gran parte de los problemas posteriores de los prematuros. Aquí la medida más eficaz de todas es el contacto piel con piel con su madre o su padre, una práctica conocida como método canguro”.

El resto de medidas comprende:

- Promover la lactancia materna siempre que sea posible.
- La reducción del ruido en las unidades neonatales.
- La regulación de la luz para respetar los descansos de los pequeños.
-  Colocar al bebé en una postura lo más similar posible a la que tendría en el útero materno.
- Y la administración de sacarosa para paliar el dolor.

“El otro gran eje de los CCD”, continúa el neonatólogo “es la participación de los padres en su cuidado: alimentarle, bañarle, cambiar pañales...
Todo lo que hace años no hacían.Y también estar ahí con él para que sufra el menor dolor posible, porque eso nadie lo puede hacer mejor que sus padres”.
El objetivo no es otro que conseguir una atención individualizada y que las familias conozcan las respuestas de su bebé y sepan cómo reaccionar ante ellas.

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Hogar, dulce hogar

En este camino hacia la integración de la familia en el cuidado del recién nacido se sitúa el alta precoz, una práctica que empieza a ser habitual en numerosos hospitales españoles. “Precoz significa que el niño se va a casa un poco antes de lo que le tocaría, normalmente dos semanas antes”, explica la doctora Riverola.

¿Qué se valora para dar el alta? “La familia tiene que estar de acuerdo y en cuanto al niño, es imprescindible que regule su temperatura fuera de la incubadora, respire bien y pueda alimentarse sin sondas”.

En cualquier caso, insiste Riverola, “la damos sólo a las familias que han estado muy en contacto con el cuidado del niño y conocen bien sus reacciones”.

Estimulación eficaz

Hace tiempo se reveló una de las ventajas de esta práctica: los bebés que se habían ido a casa ganaban el doble de peso que los que seguían allí.

Tras el alta hospitalaria, el seguimiento de la evolución del niño lo hará su pediatra y el CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana) correspondiente, hasta que el niño cumpla 3 años.

En estos centros, un equipo multidisciplinar de psicólogos, logopedas y fisioterapeutas se encarga de estimularle para que alcance el mismo desarrollo que un bebé nacido a término.

“Al principio íbamos dos veces a la semana y la niña hacía unos ejercicios de estimulación sensorial y psicomotriz. También me dieron una tabla de ejercicios para hacer en casa: ponerla sobre cojines, voltearla hacia la derecha y hacia la izquierda, ver si levantaba la cabeza...”, cuenta Carmen.

La labor de estos centros es esencial y por este motivo, desde Aeprem trabajan para que la atención temprana a los prematuros se extienda hasta los 6 años.

Idéntica postura mantiene la Asociación Española de Pediatría, porque existe una sensación de desencanto por lo que sucede a partir de los 3 años, cuando la atención temprana cesa. Por esta razón se aconseja que esta atención se extienda hasta que el niño cumpla 6 años.

Para padres y profesionales, ésta es la batalla más inmediata en el camino para asegurar la óptima evolución de los bebés prematuros.

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