Mama reciente: ¿esto no es como esperabas?

Llora más de lo que imaginabas, no es tan guapo como soñabas, cuidarlo no resulta tan fácil como creías... Calma, pronto le entenderás y te sentirás feliz.

 

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Es lógico que te sientas desbordada

Después de nueve meses esperando y del agotador parto, por fin estáis en casa con vuestro bebé. Se supone que tendrías que ser la mujer más feliz del mundo y no es así... o no exactamente. “Si preguntas, la mayoría de las madres te dirán que pese a la enorme felicidad, los primeros días son duros y que no se imaginaban que iba a ser tan difícil cuidar del bebé. ¡Se sienten desbordadas! Y a veces con algo de frustración, porque creían que las cosas iban a ser de otro modo”, dice la comadrona Imma Sàrries.

Todo tiene explicación. El puerperio es un momento vulnerable, el bebé llora mucho... Te enfrentas a un montón de cosas nuevas, y si a eso le sumas que estás con sueño y recuperándote del parto, es  normal que te parezca difícil. Sin embargo, pronto te verás cambiando pañales casi con los ojos cerrados y el llanto de tu hijo, qué te demanda, dejará de ser un misterio para ti.

Olvídate del bebé que imaginabas, sigue leyendo para descubrir que la mayoría de las cosas que te agobian tienen explicación y empieza a disfrutar de tu hijo.

El bebé llora mucho

Quizá sí. Los bebés lloran una media de tres horas al día; algunos incluso el doble. Es fácil entender que eso desespere a cualquiera. Llorará cuando tenga hambre, frío, sueño... o quiera vuestros mimos. Por mucho que te angustie, debes entender que es la única forma que tiene de expresarse y comunicarse contigo.
Así que ten paciencia. Poco a poco aprenderás a entender sus lloros y todo será mucho más sencillo. “Y un consejo que siempre doy: olvídate de pensar demasiado, actúa por instinto... ¡funciona!”, dice Imma Sàrries.

Algo que agobia mucho es un lloro agudo en el que el bebé parece quedarse sin respiración (por supuesto, eso no pasa). Un truco para cortarlo: soplarle en el triángulo de boca, barbilla y nariz.

Creía que iba a ser más guapo...

Tras el nacimiento, tu hijo no es ese bebé sonrosado que esperabas. Es más, tiene algunas rarezas que te sorprenden. Por ejemplo, quizá su cabeza esté apepinada y las orejas como dobladas. Es todo completamente normal, responde al proceso del parto y en unos días desaparecerá.

También puede presentar unos granitos rojos (es el acné del recién nacido, totalmente inocuo y se va solo) y la piel un poco amarillenta. Esto último, llamado ictericia, suele verse a partir del tercer día y dura entre 15-20 días. Consúltalo con el pediatra, seguramente te recomendará exponerle a la luz del sol (nunca al sol directo) unos minutos al día. Por último: quizá tenga los genitales enrojecidos y abultados. Es por las hormonas que le has trasmitido durante el embarazo y en unos días estarán normales.

No sé cómo dormirle

Al principio, los bebés tienen unos intervalos de sueño de 2-4 horas. Esto ocurre porque aún no distinguen correctamente entre noche y día. Tenlo presente para  elegir la habitación donde ponerle a dormir. En todo caso, colócale boca arriba o de costado (boca abajo está totalmente desaconsejado por la relación de esta posición con el riesgo de muerte súbita) y evita almohadas y edredones.

Ten en cuenta que durante la primera fase del sueño muchos bebés mueven los globos oculares, respiran irregularmente, incluso agitan las extremidades... A veces se despiertan ligeramente. No le pasa nada ni está intranquilo, es una fase normal del sueño.

Me parece que no ve bien

Puede que al bebé le cueste fijar la mirada, incluso que bizquee un poco. También pasará. Su campo de visión es muy limitado pasados los 25 centímetros; para ayudar a que poco a poco vaya empezando a fijar la mirada, acércate a su carita y sonríele.

Además, quizá presente los ojos rojos e hinchados. Puede estar causado por el esfuerzo del parto (pronto remitirá) o por el lagrimal obstruido. Lo común es que dejen de estarlo espontáneamente en días o semanas. Ah, y ten en cuenta que su color de ojos no es aún el definitivo.

Bañarle no es tan sencillo

En principio, el procedimiento del baño no es difícil: el agua a 37 grados, la habitación a temperatura agradable, sujetar la cabeza y hombros con una mano y con la otra irle mojando con una esponja y jabón neutro (o solo con agua). El problema es que muchos bebés lloran al contacto con el agua y esto, evidentemente, estresa un poco. Además, es normal que aún no te sientes muy segura de cómo agarrarle...
Esto cambiará conforme pasen los días (recuerda que puedes empezar a bañarle aunque no haya perdido el cordón).

Mientras, intenta revertir la situación y convertir esta actividad en un rato de juegos y mimos. Si esto no funciona y el bebé sigue llorando, sácalo. Y no te apures por no haberle bañado a conciencia, ¡seguro que está muy limpio!

No sé cómo cuidar el cordón umbilical

El cordón umbilical cae habitualmente una semana después del parto, aunque en algún caso puede tardar hasta 15 o 20 días. Su cuidado puede parecerte un poco aparatoso, pero al cabo de un par de días lo tendrás dominado. Se trata tan solo de limpiar la herida suavemente con una gasa con agua unas tres veces al día. Después, solo tápala con una gasa finita, para que se seque mejor, vigila que el pañal no la roce y ten clara una cosa: al bebé no le duele lo más mínimo.

¡Qué lío con la ropa!

Hazlo con prendas fáciles de poner y quitar (tendrás que cambiarle el pañal a menudo, así que es mejor ser práctica) y de tejidos naturales para evitar alergias. Uno de los mayores errores que cometemos al vestir al bebé es abrigarle demasiado; algo contraproducente, porque acaba sudando y eso puede resfriarle.

Debes saber que muchas veces los bebés tienen los pies y las manos fríos; eso no significa que ellos lo estén. Toca su barriga: si está caliente, todo va bien. Eso sí, cuando salgas, evita corrientes de aire.

Creo que se ha resfriado

Es normal que durante los primeros días de vida tu pequeño tosa o estornude un poco”, explica la comadrona. Pero no significa que esté resfriado, lo hace para despejar las vías respiratorias y acabar de expulsar el poco líquido amniótico que quizá le haya quedado dentro tras el parto. Hay bebés que incluso vomitarán un poco de moco o leche con moco. Entra dentro de la normalidad.

Me preocupa que digiera mal

Hay ciertos comportamientos del bebé que pueden llevarte a pensarlo. Por ejemplo, algunas veces regurgita (expulsa un poco de leche) después de la toma. Es algo relativamente común: unas veces está provocado por la inmadurez de su aparato digestivo, otras porque le ha entrado aire (quizá porque ha llorado mucho antes de la toma).

Otro ejemplo es el hipo (causado porque su diafragma aún está un poco inmaduro) o las típicas arcadas que los bebés sufren al mamar. Otra vez, nada preocupante. El motivo suele ser que sale o mucha leche de golpe y al niño le llega a la campanilla, provocando la arcada. Así que, a menos que algo de lo descrito anteriormente se agudice, no tienes por qué agobiarte.

Creo que está molesto...

Quizá tu pequeño adopte posturas o haga movimientos que te parezcan extraños. Durante los primeros días los bebés suelen seguir en posición fetal, con los puños apretados y los brazos y piernas encogidos. Como si aún estuviera en tu barriga, ¿verdad? No te preocupes porque no significa que esté incómodo, simplemente es eso, aún tiene que dejar ciertas “costumbres” y poses que tenía durante la gestación.

Algo que sí debes hacer es cambiarle de posición de vez en cuando, porque él todavía no puede hacerlo y así evitas que se le enrojezca esa zona. Otra advertencia es que los bebés se sobresaltan fácilmente. Esto es porque aún se sienten un tanto inseguros en el “exterior”. Pronto pasará.

Tiene cólicos, ¿es culpa mía?

No, por supuesto que no. Los temidos cólicos son una de las dolencias más frecuentes de esta etapa. Aparecen a partir de la tercera semana debidos a la inmadurez del sistema digestivo del bebé. Si ves que de repente tu bebé arranca a llorar de forma aguda e inconsolable con los puños cerrados y el abdomen duro, y que esto empieza a ser habitual, probablemente los sufra, así que consulta con el pediatra.

Los cólicos son un trastorno benigno y desaparecen por sí solos al tercer o cuarto mes de vida. Lo malo es que, aunque existen algunos remedios paliativos, como darle masajes o revisar tu dieta (en ocasiones eliminar la lactosa mejora la dolencia), en realidad poco podrás hacer para evitarlos. “Hay que esperar a que pase el tiempo necesario para que el sistema digestivo del niño madure. Aunque esperar es desesperar, claro”, dice la matrona.

No sé si mama lo suficiente

Es una de las dudas más habituales en las madres que dan el pecho. Calma: salvo en contadísimos casos, la madre produce la cantidad de leche que su hijo necesita. Fíjate en estos síntomas:

Unas buenas deposiciones, verle feliz y la ganancia de peso te indicarán que todo va bien. Recuerda que en los primeros días los bebés suelen perder hasta un 10% de su peso al nacer. Después, y durante su primer trimestre, deberían engordar unos 150 g a la semana.

En cuanto a las deposiciones: las primeras son de color verde-oscuro, luego se vuelven más verdosas y líquidas y por último, amarillentas. Consulta si son blanquecinas, podría indicar un problema en las vías biliares.  

Es normal que te sientas insegura...

Tranquila, en gran parte es debido a un sentimiento común a la mayoría de las madres recientes: el baby blues. Responde a cuatro causas: 

- Hormonas: Tras el parto baja la progesterona (y el ánimo). Es pasajero. Dar el pecho te proporcionará endorfinas.
- Cansancio: Estás dolorida, cansada, el niño te exige... Recupérate, come bien, duerme cuando lo haga el bebé.  
- Frustración: Algo en el parto no fue como esperabas. Se supera, casi todo tiene solución.
- Temor: Es porque le quieres y por la responsabilidad. Pronto sabrás que sí eres capaz.

Lo normal es que esto desaparezca pronto (si persiste más de dos o tres semanas consulta al médico). Pronto te sentirás feliz. Tómate las cosas con optimismo y piensa que seguramente ésta va a ser la etapa de tu vida en la que recibas más consejos. Todo el mundo opina y eso puede hacer que te sientas confusa. La solución: escúchate a ti y a tu hijo y no dudes de tus capacidades. La comadrona lo explica así: “Si a una madre le das confianza, no se equivoca; siempre hace lo que su bebé necesita”

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