Errores al cuidarlo

Existen montones de libros sobre cómo cuidar al bebé, pero muy pocos recogen lo que nunca debemos hacer con él. Para que tú no te confundas con el tuyo, te lo recordamos.

Sabemos que durante el embarazo has leído montones de manuales sobre el cuidado del bebé, que has preguntado a tu madre, a tu abuela y a tus amigas expertas, que has interrogado al ginecólogo...

Pero aún así, queremos pasar un día entero con tu pequeño y contigo para ir recordándote qué errores no debes cometer al darle de comer, dormirlo, bañarlo y curarle el ombligo.

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Incluso vamos a descubrirte qué creencias de las muchas que te han contado son mitos a los que no debes hacer caso y cuáles son verdad. Siendo tan pequeñito, cualquier precaución es poca.

las tomas y el sueño

No le des tomas inferiores a 45 ml, ni superiores a 70 ml, salvo si pesa más de 3 kilos, en cuyo caso podrá tomar hasta 90 ml.

Si llega la hora de la toma y continúa dormido, no le despiertes (la hormona del crecimiento se segrega durante el sueño, por lo que dormir también le alimenta), excepto si no llega a los 3 kilos de peso, ya que entonces puede sufrir una bajada de azúcar.

Procura no seguir un horario rígido para alimentarlo, deja que él se vaya regulando solo. No le obligues a terminar la toma cuando sea evidente que no quiere más, porque puede acabar vomitando. Y no te preocupes: es normal que unos días coma más y otros, menos.

Tampoco te obsesiones con que beba agua. Siendo tan pequeño, la leche que toma, sea materna o de fórmula, basta para mantenerle hidratado.

Otra cosa que no debes hacer es darle de comer cada vez que llora. Esta costumbre, tan habitual hace años, puede empacharle y aumentar su tendencia a la obesidad.

Además, es probable que el pequeño no tenga hambre y llore por otros motivos: tal vez se sienta solo, o esté acalorado, o tenga el pañal sucio...

Para que concilie antes el sueño, no le acuestes en una cuna grande. Es mejor que lo hagas en una minicuna o en un moisés, que tienen un tamaño más reducido.

Sentir los límites del lugar donde se encuentra le hará rememorar su vida intrauterina, en la que se sentía protegido por las paredes de tu útero, y se dormirá mucho más tranquilo.

Puedes mecerlo en brazos para que se vaya adormeciendo, pero ten la precaución de echarle en el moisés un poquito antes de que se duerma del todo. Así, si se despierta por la noche a horas intempestivas, sabrá volver a dormirse él solo sin reclamar que le cojas.

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Como ya sabrás, para dormir no debes tumbar a tu hijo boca abajo ni tampoco abrigarle demasiado, ya que estos factores incrementan el riesgo de muerte súbita.

Lo ideal es que le eches boca arriba, con la carita ligeramente ladeada para evitar que se atragante si regurgita o vomita. Arrópale lo que consideres oportuno, pero no tanto como para que sude. Y tampoco le tapes la cabeza.

Si se despierta llorando, no tardes en acudir a su lado para consolarlo (hasta después de los 12 meses no hay riesgo de malcriarlo).

Y no se te ocurra privarle del chupete, salvo que la lactancia todavía no esté bien instaurada. Una vez que lo acepta (en el primer mes puede que lo rechace), le tranquiliza y satisface su necesidad de succión.

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