Recién nacido: el estrés del parto

Las contracciones de parto producen cierto nivel de estrés en el bebé. En dosis normales es muy positivo para él, porque le ayuda a adaptarse al mundo fuera de su madre.

El bebé se estresa durante su nacimiento. Este estrés está causado por las contracciones maternas uterinas, que le suponen un descenso en su nivel de oxígeno.

El motivo es que el útero, al estrecharse en cada contracción, disminuye el aporte de sangre procedente de la placenta. Esto ocurre tanto en el proceso de dilatación como en el momento de la expulsión. Pero lo más curioso es que este estrés, en niveles normales, beneficia al bebé.

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Cómo se mide

Durante el parto, los especialistas cuentan con medios muy eficaces para detectar el nivel de estrés del bebé y “para actuar y no correr riesgos cuando es excesivo”, explica Carmen García, matrona de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Los sistemas son éstos:

La monitorización de la madre. Ésta se mantiene conectada a un monitor que registra sus contracciones y el latido cardiaco del bebé. “Cualquier variación puede indicar que el niño sufre demasiado estrés y entonces hay que intervenir”, continúa la especialista.

La valoración del pH sanguíneo del bebé. Cuando la monitorización registra signos de estrés, el especialista realiza un análisis de sangre al pequeño para medir su pH. Para ello, el ginecólogo le pincha levemente en la cabeza y le extrae una muestra de sangre.

Si el pH es más bajo de lo normal, significa que el estrés es alto. Es entonces cuando se habla de falta de bienestar fetal. Dependiendo del grado, el ginecólogo decide si continúa con el parto o realiza una cesárea.

Hay situaciones en las que existe más riesgo de que el estrés perjudique al bebé: en caso de crecimiento intrauterino retardado (CIR), cuando la madre es diabética o hipertensa, etcétera.

Por qué le beneficia

Como decíamos al principio, el estrés que se produce en un parto vaginal sin complicaciones es bueno para el bebé. Y es que durante la dilatación se activan hormonas que le preparan para adaptarse a la vida exterior y al atravesar el canal de parto, el estrechamiento le comprime el tórax, lo que favorece la eliminación del líquido amniótico que hay en sus pulmones y le ayuda a respirar mejor.

Una vez que nace, los cambios respiratorios transcurren más rápidamente.

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¿Y si el bebé nace por cesárea?

Cuando el ginecólogo detecta problemas para llevar a cabo un parto vaginal suele recomendar una cesárea. “Los bebés que nacen por cesárea no han estado sometidos al estrés del parto y por eso les cuesta más hacer el reajuste cardiorrespiratorio en los primeros minutos de vida. Esto significa que suelen necesitar más estímulos para eliminar el líquido amniótico de sus pulmones”, explica la matrona Carmen García.

Es fundamental que estos pequeños permanezcan en contacto piel con piel con su madre, porque ello les ayuda a estabilizar antes la frecuencia cardiaca y respiratoria.

¡Qué interesante!

Un estudio llevado a cabo por Vivette Glover, especialista en Psicobiología Perinatal, midió el estrés con el que nacen los niños. Para ello analizó la cantidad de cortisol (es la hormona que refleja esta respuesta) que tenía la sangre de su cordón umbilical y descubrió que el estrés aumenta en el parto con instrumental, es medio en el parto vaginal sin complicaciones y nulo en las cesáreas programadas.

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