Las posturas del recién nacido

Ya hace unos días que tu bebé ha nacido y continúa encogido, en la misma postura que cuando vivía dentro de ti. ¿Por qué, si ahora cuenta con más espacio para estirarse?

El recién nacido a término adopta una postura muy característica: mantiene los puños apretados y los brazos y las piernas en constante flexión.

Se trata de la misma posición que tenía cuando se encontraba en el útero materno y de momento no la cambia porque no puede, pero no pasa nada: así se siente más seguro y pierde menos calor.

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También llama la atención la gran tonicidad y vigor de sus extremidades, en contraste con la hipotonía que presenta en la cabeza, el cuello y el tronco, y que por el momento es totalmente normal.

Tiempo y madurez

El bebé evoluciona en su postura a medida que sus músculos se van fortaleciendo y él va desarrollando sus habilidades motoras.

Entre el primer y el segundo mes de vida observarás que la flexión de las extremidades de tu hijo comienza a suavizarse y adopta una postura más relajada. También abrirá las manos mientras duerme y si le pones boca abajo, levantará unos instantes la cabeza (ya tiene los músculos más fuertes).

En el tercer mes sujetará la cabeza cuando le cojas en brazos, extenderá sus extremidades cuando esté tumbado y tendrá las manos abiertas la mayor parte del tiempo. Si a esta edad sigue manteniendo los puños cerrados continuamente, consulta con su pediatra.

Manéjalo con cuidado

Al coger a tu hijo debes proceder con mucho mimo y cuidado para no hacerle daño. Evitarás que alguna parte del cuerpo se le quede colgando si con una mano le sujetas el cuello y los hombros y con la otra, la parte inferior de la espalda, el culete y las piernas.

Recuerda también que para dormir tienes que acostarle siempre boca arriba, porque esta postura reduce el riesgo de muerte súbita del lactante. Además, túmbale unas veces hacia un lado y otras hacia el otro. Así evitarás que los huesos del cráneo, que todavía tiene muy blanditos, se le deformen.

Como consejo final, acuérdate de cambiarle de posición cada cierto tiempo. Él aún no tiene fuerza para hacerlo y si pasa mucho rato seguido recostado sobre la misma zona, ésta se le puede enrojecer o amoratar (ocurre así porque su sistema circulatorio todavía es inmaduro), algo que carece de importancia, pero que podría asustarte.

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¡Qué práctico!

A partir del primer mes, tumba a tu bebé boca abajo sobre su mantita de juegos durante cinco minutos, dos veces al día. De esta forma levantará la cabeza y ejercitará los músculos del cuello. También le beneficiará que le tumbes sobre tu tripa, estando tú echada.

Al no ser una superficie plana, tendrá que hacer más esfuerzo para incorporarse y fortalecerá su musculatura aún más.

Un motivo de alerta: la hipotonía

La falta de tono muscular o hipotonía es una alteración que afecta al 2% de los recién nacidos. Suele ser detectada por el neonatólogo al realizar el test de Apgar al bebé o por el pediatra antes de darle el alta en la maternidad.

Puede ser benigna o estar asociada a problemas neuronales o a síndromes, como el de Down. Cuando este estado de bajo tono muscular es muy agudo, dificulta el desarrollo del bebé: le falta fuerza para succionar, sufre problemas de estreñimiento, tiene retraso motor...Por eso hay que ponerle en tratamiento cuanto antes.

La gran mayoría de ellos mejoran mucho.

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