Así proteges el esqueleto de tu bebé

Los recién nacidos tienen los huesos blanditos, pero ello no significa que se vayan a partir. Si coges a tu bebé con delicadeza y le das los cuidados que precisa, no le harás ningún daño y su esqueleto se fortalecerá.

Durante su vida intrauterina la actividad física del bebé era mínima, por lo que sus huesos no necesitaban estar demasiado fuertes y no precisaban de mucho componente mineral. Esta falta de minerales es la responsable de que su esqueleto sea especialmente flexible.

Tras el parto, el bebé comienza a desarrollar numerosas actividades motoras (sostener la cabeza, voltearse, gatear...) y necesita unos huesos sanos y fuertes. Por eso es tan importante proporcionarle una alimentación rica en calcio y sacarle a pasear cada día: así la vitamina D de la luz solar (indirecta) fijará el calcio a sus huesos.

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Todo esto es normal

Debido a las características de sus huesos observarás en tu hijo ciertas posturas y reacciones que pueden llamarte la atención.

Por ejemplo:

  • Se le mueven mucho las costillas al respirar. Esto se debe a que como tienen pocos minerales, ofrecen poca resistencia a los movimientos respiratorios y se ensanchan con cada inspiración. Pero no van a romperse.
  • Tiene las piernas arqueadas. También se debe a su flexibilidad ósea, algo que se hace más evidente en los huesos más largos, como es el fémur.
  • En su cabeza hay unas zonas que laten. Son las fontanelas, los espacios que quedan entre los huesos craneales, que aún no están soldados. Estas son muy blanditas y especialmente sensibles al latido cardiaco. Son imprescindibles para que el bebé pueda atravesar el canal vaginal al nacer sin sufrir daños cerebrales, y para que su cerebro tenga espacio para desarrollarse de forma homogénea. Se le cerrarán alrededor de los 18 meses.

    Un proceso laborioso

    En el desarrollo del esqueleto las hormonas son fundamentales; éstas regulan la absorción de calcio y fósforo y estimulan la producción del cartílago de crecimiento, que es el que permite el desarrollo longitudinal de los huesos.

    En este proceso los músculos son básicos, ya que con sus contracciones ayudan a “fabricar” más hueso.

    En definitiva, has de manejar a tu hijo con delicadeza, ya que sus músculos son aún débiles y la flexibilidad de sus huesos le impide sostener la cabeza, pero cógelo cuanto te apetezca, sujetándole suavemente y con firmeza. Seguro que no le harás ningún daño.

    No es cierto que los recién nacidos tengan más huesos que los adultos. Lo que ocurre es que sus huesos están menos mineralizados y al hacerles radiografías no se ven totalmente opacos, sino que en algunas zonas se visualizan separados y por eso parece que son más.

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    A medida que los niños crecen, el calcio y el fósforo se van depositando en sus huesos, que se hacen cada vez más densos y más opacos ante los rayos X.

    Otras medidas necesarias

    Para que sus huesos puedan desarrollarse sanos y fuertes, además de cuidar la alimentación de tu hijo al máximo y sacarle de paseo todos los días, también es imprescindible...

    ESTIMULAR SU DESARROLLO MOTOR. Para ello debes masajearle la espalda, los brazos y las piernas todos los días
    y colocarle unos minutos boca abajo a partir del primer mes de vida. Así intentará levantar la cabeza y fortalecerá los músculos del cuello. Más adelante, esta postura le incitará a gatear, una actividad con la que ejercitará toda su musculatura.

    CAMBIARLE DE POSTURA. Ya sabes que debes acostarlo boca arriba o de lado, para reducir el riesgo de muerte súbita, pero acuérdate de recostarle la cabecita cada vez hacia un lado y no siempre del mismo, para evitar que se le aplane por un lateral.

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