Los reflejos primarios del bebé

Te coge el dedo con fuerza, da unos pasitos sobre una mesa mientras le sujetas en vilo... Tu pequeño realiza muchos movimientos automáticos. ¿Sabes para qué le sirven?

Los reflejos son respuestas musculares involuntarias y estereotipadas (siempre se producen de la misma manera) a diversos estímulos sensoriales. Los del recién nacido, llamados primarios, se forman en el útero materno y se manifiestan desde el inicio de la vida exterior.

Le suponen una protección para asegurarse la supervivencia durante sus primeros meses.

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La función de cada uno

Observando estas respuestas automáticas los neonatólogos comprueban el estado neuronal de los pequeños.

Se estima que los bebés tienen aproximadamente 27 actos reflejos cuando nacen o muy poco tiempo después. Algunos de ellos son:

De succión. El bebé succiona cualquier objeto que se le introduce en la boca. Esta conducta automática le permite alimentarse, garantizando así su desarrollo. Suele desaparecer a finales del primer año.

De extrusión. El lactante expulsa cualquier alimento semisólido puesto en su lengua, reduciendo el riesgo de atragantamiento. Al desaparecer este reflejo, hacia los 4 meses, el niño ya puede llevar la papilla hacia la parte posterior de la lengua y admitir una dieta más diversificada.

De prensión plantar y palmar. Al contactar un objeto con la palma de la mano o la planta del pie, éstas se contraen bruscamente, como si quisieran “agarrarse” a lo que las estimula. Se pierde hacia los 4 meses.

De marcha automática. La planta de los pies reacciona cuando contacta con una superficie y hace que el bebé “camine” mientras le sostenemos por las axilas. Desaparece a finales del primer trimestre.

De Moro. Si inclinamos al niño hacia atrás, extiende los brazos para abrazarnos, reduciendo el riesgo de caída. Se pierde en el cuarto mes.

Deben desaparecer

Al madurar su sistema nervioso, el pequeño adquiere el control voluntario de sus músculos y va perdiendo muchos reflejos primarios.

Y es que le resultaría imposible aprender a manejar las cosas y soltarse a andar si sus manos y sus pies reaccionasen constantemente a cualquier estímulo.

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