Tu bebé tiene sus propias defensas

Aunque sea diminuto, tu hijo no es tan vulnerable como parece: las inmunoglobulinas que le has ido transmitiendo durante el embarazo le protegen de infecciones y favorecen el desarrollo de su sistema defensivo.

Al principio éste es muy inmaduro, pero a medida que el bebé va tomando contacto con los gérmenes, sus respuestas inmunitarias son más eficaces.

Junto con su sistema inmune, tu bebé cuenta con varios mecanismos de defensa contra las bajas temperaturas:

  • Su postura flexionada. Así disminuye su superficie corporal expuesta al frío.
  • La vérnix caseosa, una capita de grasa que recubre el cuerpo de los recién nacidos. No intentes quitársela al tuyo, porque se reabsorbe sola a los pocos días del parto. Hasta entonces protege al niño de infecciones, le nutre la piel y le mantiene caliente.
  • El lanugo. Este fino vello también protege al niño y evita que se quede frío. Se le va cayendo día a día.
    Publicidad - Sigue leyendo debajo

    Lejos de los gérmenes

    Además, tu pequeño también dispone de otras defensas naturales:

    Los ganglios linfáticos.

    Filtran y destruyen los microorganismos nocivos.

    La piel.

    Constituye una barrera antimicrobiana muy difícil de atravesar. Para no alterar el pH de su piel, debes lavarle siempre con jabones neutros.

    Los jugos gástricos.

    Eliminan los agentes infecciosos que han podido penetrar en el organismo del pequeño.

    Sus ojos están protegidos y lubricados gracias a una sustancia llamada muzina que, junto con las cejas y las pestañas, se encarga de evitar que el polvo y los agentes nocivos del exterior penetren en ellos (no segregará lágrimas hasta pasado su primer mes).

    En la nariz, el moco que recubre las fosas nasales contiene sustancias muy eficaces contra los microorganismos. Si éste no basta, la tos y el estornudo ayudarán al pequeño a expulsarlos.

    En la boca, la saliva ayuda a mantenerla limpia y libre de virus y bacterias.

    Sus oídos están protegidos por las orejas y el cerumen (aparece sobre el segundo mes), que atrapa los microbios y el polvo. Esta sustancia se elimina de forma automática, por eso sólo debes limpiar a tu pequeño la que tenga por fuera.

    Todo tiene su lado positivo

    A pesar de las barreras naturales de las que dispone tu pequeño, de seguir al pie de la letra los consejos del pediatra y de las muchas precauciones y cuidados que le procuras, es normal que se ponga enfermo de vez en cuando. No te obsesiones y procura ser positiva: piensa que estos procesos infecciosos (resfriados, otitis, dermatitis, conjuntivitis...) hacen que su sistema de defensa inmunológico vaya madurando y creando sus propios anticuerpos.

    Publicidad - Sigue leyendo debajo
    Más de Primer mes