El sentido del olfato en el bebé

El sentido del olfato y el del gusto están íntimamente ligados ¡desde antes del nacimiento! Y es que el feto, a partir del cuarto mes de gestación, capta mediante el gusto los “olores” del líquido amniótico, que dependen de lo que coma la madre.

Aunque no puede oler como nosotros, el futuro bebé experimenta las mismas sensaciones que su madre cuando ella huele, gracias a la comunicación hormonal que mantienen.

De todo esto se deduce que la experiencia olfatoria ya está presente, de alguna manera, en la vida intrauterina y va entrenando al pequeño para que, al nacer, pueda captar los olores del mundo exterior.

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El recién nacido aborrece los efluvios fuertes y artificiales, que le causan una profunda sensación de desagrado y pueden incluso hacerle llorar (no te pongas perfume ni coloques ambientadores en la casa, y mucho menos en su dormitorio).

Por el contrario, muestra una clara preferencia por los aromas suaves y naturales, sobre todo si son dulzones, como el olor a flores, a bollos, a miel y a vainilla (y, por supuesto, el olor a leche), que son parecidos al sabor del líquido amniótico.

También le gusta la colonia, pero sólo la especial para bebés, sin alcohol y con un olor muy suave, pensado específicamente para el delicado olfato de los más pequeños. No se la pongas directamente sobre la piel, échasela en la ropa, en una zona a la que no pueda acceder con la boca, para que no la chupe.

Tu olor, su aroma preferido

Entre todos, hay un aroma que es el preferido por el recién nacido: el olor de su mamá. La ciencia ha demostrado que el bebé se guía por el sentido del olfato para identificar a su madre. Desde sus primeros días de vida, tu hijo será capaz de distinguirte del resto de la gente por tu olor personal, que le transmite sensación de calma y confianza (el olor es inseparable de las emociones).

Éste es uno de los motivos por los que la matrona coloca al recién nacido sobre el pecho de su madre instantes después de salir al mundo, porque el pequeño, al impregnarse del olor materno, se tranquiliza y se recupera antes del esfuerzo y el estrés del parto.

Le informa y le da placer

Mediante el sentido del olfato, el bebé capta partículas químicas presentes en el aire, que actúan como estímulos y le proporcionan información sobre el ambiente que le rodea. Así, el pequeño aprende enseguida a relacionar su sensación de hambre con el aroma de la leche del pecho de su madre o del biberón que le está preparando.

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Según los expertos, esta sensación olorosa mitiga la ansiedad que le produce la espera, lo que confirma que el sentido del olfato, además de proporcionar una valiosa información al pequeño, le produce placer.

Además, le enseña a anticiparse a los hechos y, como consecuencia de esto último, también estimula su incipiente capacidad de memorizar.

Por todo ello, el olfato es un sentido fundamental para la alimentación, la supervivencia y el desarrollo intelectual y emocional del bebé, desde sus primeras horas de vida.

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