¿Y las fontanelas?

¿Y LAS FONTANELAS?

Al tocar la cabeza a tu pequeño notarás que sus huesos no son lisos y que presentan entre ellos bordes bien definidos, a los que médicamente se denomina suturas.

Entre estas suturas quedan unos espacios vacíos, conocidos como fontanelas, en los que ahora podrás observar el latido cardiaco de tu hijo.

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No te asustes, porque es normal.

En cuanto a tu pequeño le salga más pelo o cuando estos espacios se mineralicen y se cubran de hueso (sobre los 18 meses), estos latidos dejarán de ser perceptibles a la vista.

En cualquier caso, no te obsesiones pensando que vas a hacer daño a tu pequeño por cogerlo en brazos o por tocarle o lavarle la cabeza, porque tu temor carece de fundamento.

Es delicado, pero no de cristal.

LA CLAVÍCULA

En ocasiones a los bebés se les rompe la clavícula.

Esto puede ocurrir durante el parto, porque el niño es muy grande y este hueso se ha flexionado demasiado para dejar salir a los hombros.

O puede suceder después, por una caída al rodar desde la cama o desde el cambiador o por sujetarle de un modo incorrecto al intentar evitar que se caiga.

En ninguno de los casos es necesario un tratamiento especial.

Para curar la lesión basta con disminuir la movilidad del brazo de la clavícula dañada, manteniéndolo pegado al pecho.

A la hora de manipular al pequeño lo mejor es sujetarlo por el tórax, evitando tirar, mover o presionar el lado afectado.

Si al nacer o en los primeros meses se rompe un brazo o una pierna, es necesario emplear inmovilizaciones y tracciones para alinear el hueso adecuadamente.

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