Buenos hábitos

BUENOS HÁBITOS

Cuando tu pequeño está tumbado en su cunita o en el cambiador puedes observar cómo se le notan las costillas al compás de su respiración, sobre todo si ésta es agitada.

Esto ocurre porque el bajo contenido en sales minerales de sus huesos hace que presenten poca resistencia a la contracción muscular, deformándose con facilidad, pero sin llegar a romperse.

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Esta flexibilidad es igual en todo el esqueleto, pero resulta más apreciable en los huesos grandes, como las costillas, la tibia o el fémur.

En las partes más próximas a la articulación, los huesos de las extremidades cuentan con el “cartílago de crecimiento”, que permite el desarrollo óseo longitudinal.

Para que su esqueleto crezca adecuadamente, tu pequeño cuenta con un complejísimo sistema de hormonas que regulan la absorción de calcio y fósforo y estimulan la formación de cartílago, así como el depósito de sales minerales en ese cartílago.

En esta evolución los músculos juegan un papel muy importante, porque con sus contracciones generan líneas de fuerza que orientan y ayudan al depósito de las sales a “fabricar” más hueso y a hacerlo más denso y rígido.

Lo que tú puedes hacer para que tu pequeño desarrolle unos huesos fuertes es proporcionarle una alimentación completa y equilibrada, acorde con su edad (consulta con su pediatra cualquier duda que te surja).

En los primeros 6 meses, lo ideal es que el niño se alimente con leche materna, pero si esto no es posible, las leches de inicio también le aportan los nutrientes que necesita para su desarrollo general.

Otra cosa que puedes y debes hacer es pasearle a diario, ya que la luz del sol (no el sol directamente) ayuda a sintetizar la vitamina D, que es la que fija el calcio a los huesos.

Elige para ello las horas de menos calor y ve siempre por la sombra, para que ninguno de los dos os queméis ni os sofoquéis.

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