Huesos delicados, pero no de cristal

Es tan pequeño que temes que se rompa al cogerlo. Pero su esqueleto no es tan frágil como crees. Conocer bien sus características te ayudará a sentirte más segura con tu bebé.

Durante su crecimiento intrauterino tu hijo ha desarrollado su musculatura, pero apenas la ha ejercitado.

Su actividad ha sido muy escasa, por lo que sus huesos, que son los que dan puntos de apoyo a sus músculos, no precisaban de mucho componente mineral (calcio y fósforo), porque no les hacía falta estar demasiado fuertes.

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Esta escasez de sales minerales es la responsable de que el esqueleto del recién nacido sea especialmente flexible.

También se caracteriza porque su actividad de depósito de sales minerales y de formación de hueso nuevo es muy elevada, lo que hace que su velocidad de crecimiento sea muy rápida.

No es verdad que los niños tengan más huesos que los adultos.

Lo que ocurre es que, al estar menos mineralizados, no son totalmente opacos a los rayos X y por eso salen separados en las radiografías y parece que hay más.

Según van creciendo, la mineralización avanza de forma proporcional y los huesos se van “uniendo”, lo que ayuda a calcular la denominada edad ósea, que debe ir en paralelo con la del niño.

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