No podía verla

NO PODÍA VERLA

Por mucho que yo lo pedía, no me dejaban ir a verla. Primero me decían que se me tenía que pasar los efectos de la anestesia, luego que tenía que descansar y que ya la vería mañana.

Al día siguiente, nada mas despertar, llamé a la enfermera y le rogué ver a mi hija. Me dijo que antes tenía que desayunar.

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Después del desayuno llegó mi marido y le pedí que hiciera lo que fuera necesario, pero que quería ver a mi hija.

Él salió de la habitación y a continuación entró acompañado de una enfermera que llevaba una silla de ruedas.

Me sentaron en la silla y mientras recorríamos un largo pasillo la enfermera me dijo que mi niña estaba en la UCI de Neonatos.

En ese momento no fui consciente de lo que significaban aquellas palabras, el único pensamiento que rondaba en mi cabeza es que por fin, después de 24 horas interminables, iba a ver a mi chiquitina.

Al llegar a las puertas de la UCI, la enfermera entró a preguntar si podía pasar.

A los pocos minutos salió y me dijo que todavía no podía pasar, que a media mañana me llevarían a verla.

Recorriendo de nuevo ese interminable pasillo, de camino a mi habitación rompí a llorar desconsoladamente, y no paraba de repetir entre sollozos: “¿Por qué no me dejan verla? ¡Es mi hija! ¡Quiero verla ya!”.
Fue entonces cuando al verme una doctora me preguntó qué pasaba, yo le expliqué lo sucedido y ella me dijo que fuera a la habitación, que me calmara y que ella iba a ver qué sucedía.

Minutos más tarde, aquella doctora entró a la habitación y me explicó que los pediatras estaban viendo a los bebés de la UCI y por eso no me habían dejado pasar, pero que sin falta, en cuanto terminaran, me llevarían a verla.

A media mañana cumplieron su palabra y recorrimos por tercera vez el infinito pasillo que me separaba de mi bebé.

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