Separadas

SEPARADAS

Cuando salí de quirófano encontré a mi marido más blanco que la pared, “¿Estas bien? ¿Estás bien?” es lo único que acertaba a decir.

Yo le respondí medio aturdida todavía por la Epidural y por todo lo ocurrido: “Yo estoy bien, pero no me han dejado ver a la niña. Pregunta a los médicos que le ocurre y llama a mi hermano para que venga” (mi familia vive en Zaragoza, y mi hermano es la única persona de mi familia que vive como yo en la provincia de Barcelona).

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Mi marido me dijo que los médicos le habían informado que la niña venía con 2 vueltas del cordón umbilical alrededor del cuello, no le llegaba oxígeno y por eso me tenían que hacer la cesárea tan rápido.

Y se habían llevado a la niña para hacerle varias pruebas.

A los pocos minutos, mi hermano llegó al hospital y le conté lo sucedido.

Acto seguido me dicen que tienen que trasladar al bebé a otro hospital especializado en Neonatos, y que van a intentar conseguirme cama para mí, para poder estar en el mismo hospital que mi niña.

Yo les pido que antes de llevársela, me la dejen ver, aunque sólo sea un segundo.

Me acercaron a los pies de la camilla una incubadora donde se podía apenas distinguir un cuerpecito chiquitín.

“Aquí tienes a tu niña. Es muy bonita” me dijeron los enfermeros que la iban a trasladar.

Yo apenas veía nada, y además mis ojos rápidamente se inundaron de lágrimas. Sólo me dio tiempo a decir: “¡Mi niña!” y se la llevaron.

Por suerte había una cama libre en el hospital y me trasladaron a mí a la media hora de llevársela a ella.

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