¿Está preparado para aprender a andar?

Cada niño lleva su propio ritmo en la conquista del equilibrio y en el proceso de aprender a andar. Tú puedes animarle, pero sin forzar sus logros.

 

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Las primeras etapas

El desarrollo evolutivo de un niño se rige por la maduración cerebral y corporal, que va marcando de qué es capaz el pequeño en cada momento. Esto vale también para el inicio de la marcha, de modo que a la hora de aprender a caminar todos los bebés siguen similares etapas y un ritmo muy parecido.

Cómo son las primeras etapas

Movimientos iniciales. Durante sus tres primeros meses de vida el bebé pasa la mayor parte del tiempo tumbado, pero con frecuencia agita sus brazos y sus piernas.
Estos movimientos van siendo cada vez más controlados y en torno al quinto mes ya patalea con energía y alza sus piernas hacia el móvil que cuelga sobre la cuna. También en esta época es ya capaz de rodar sobre sí mismo y de permanecer sentado con apoyo durante un rato.
El principio del gateo. Hacia los seis o siete meses el pequeño puede recorrer tramos cortos reptando. Y, cuando es capaz de soportar el peso de su propio cuerpo, suele pasar al gateo (hay algunos niños que se saltan esta etapa; aunque no es motivo de preocupación, sí conviene animar al pequeño a gatear).
La etapa del gateo tiene sus propias fases. Como el bebé necesita una gran coordinación entre brazos y piernas para lograr este avance, es habitual que en sus primeros intentos se caiga hacia adelante o gatee hacia atrás.
Al principio sus desplazamientos serán lentos y cortos, con las piernas muy abiertas ya que el fémur todavía está rotando hacia su posición definitiva. Poco a poco irá ganando en velocidad y agilidad.

Sienta las bases desde la cuna

Desde su tercer mes de vida y hasta que dé sus primeros pasos, tú puedes hacer mucho para que cuando tu hijo empiece a andar, lo haga partiendo de una buena base:

DE 3 A 6 MESES
Colócale a menudo sobre una mantita de juegos en la que tenga libertad de movimiento.
Deja que chapotee con brazos y piernas cuando está en la bañera; es un ejercicio fantástico para fortalecer sus músculos.
Mécele y paséale en brazos y también en una mochila portabebés para favorecer el desarrollo de su sentido del equilibrio.
Ponle tumbado boca arriba y con las rodillas flexionadas y pon las palmas de tus manos en las plantas de sus pies para que las empuje.
DE 7 A 11 MESES
Prepara una zona concreta de la casa para que el niño se desplace libremente por ella (ojo, elimina también cualquier elemento de riesgo del resto del hogar para evitar accidentes).
Y asegúrate de que en esa zona haya algún mueble o una estructura sin bordes peligrosos ni esquinas al que pueda aferrarse sin volcar.
Pon su muñeco preferido sobre el sofá y anímale a agarrarse a este mueble para tratar de incorporarse y coger el muñeco.
Dale juguetes que se desplacen y pelotas a las que perseguir arrastrándose o a gatas.

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Cómo puedes ayudarle

Puedes proporcionarle un entorno habilitado para estimular su capacidad de caminar, así será más fácil que consiga andar antes y mejor.

La incorporación. Al tiempo que evoluciona el mecanismo de gateo, el niño hace sus primeros intentos por incorporarse y encaramarse a los sitios. Alrededor de los ocho o diez meses consigue sostenerse en pie agarrado a algo.
A partir de esta edad es cuando se dan las mayores diferencias. Hay bebés que inmediatamente se sueltan y dan sus primeros pasitos, mientras que otros no lo hacen hasta bien entrado el año de edad.
Como regla general, se dice que los niños comienzan a andar en torno a los 12 meses. Al principio las caídas son continuas, pero si se les anima a seguir intentándolo, su habilidad crece a gran velocidad.
Entre los 18 y 24 meses muchos niños ya pueden correr, saltar y subir y bajar escaleras agarrados a la barandilla.

Y cuando ya se lance...

¡Enhorabuena! Tu pequeño ya ha dado sus primeros pasos por sí solo. Pero esto no significa que ya no necesite tu ayuda para andar. Ahora es importante que le animes a practicar y que le enseñes cómo hacerlo de forma correcta. Así pronto caminará genial.

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Desde los 12 meses

De 12 a 14 meses
Dale un correpasillos con el que pueda avanzar sentado o ponerse en pie. Pero no uses los tacatacas de antes: tienen riesto de vuelco y retrasan la adquisición de una postura correcta para andar.
Cuando intente caminar, ayúdale sujetándole por las axilas y más adelante, dándole la mano o un dedo.
Si ya se mantiene de pie sin apoyo, podéis poneros otro adulto y tú separados por unos pasitos y animarle a que vaya de uno a otro.
Prepárale un circuito con cojines, sillas, etc. para que gatee, trepe y se arrastre.

De 15 a 18 meses
Si se cae y ves que no se ha hecho daño, en lugar de correr a cogerle dile lo bien que lo está haciendo: así le motivas. Si llora, consuélale pero sin asustarle, la mayoría de las veces basta con darle un beso o “regañar” al objeto que ha provocado la caída para que se calme.
Ponle música y baila con él: le divertirá y le enseñará a coordinar los movimientos.
Las pelotas blanditas siguen siendo juguetes muy útiles: ahora, además de perseguirlas, intentará darles patadas, algo que mejora su coordinación corporal.

De 19 a 24 meses
Jugad juntos a perseguiros, a echar carreras, a bailar y saltar, a chutar un balón...
Anímale a imitar tus movimientos (giros, saltos, agacharse y levantarse,...)
Llévale con frecuencia al parque para que utilice columpios que desarrollan su motricidad gruesa.

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Unos empiezan antes que otros

No todos los bebés empiezan a andar a la misma edad y ésto se debe a que cada niño tiene su propio ritmo. Además existen otros factores que influyen en el proceso.
Los tiempos pueden variar y puede suceder que el bebé empiece a andar con 10 meses o lo haga con 18. Entra dentro de la más absoluta normalidad. La razón es que en este aprendizaje influyen también otros factores, además de la edad:

- El peso. Es algo habitual que a los bebés que tienen más peso les cueste un poquito más ponerse en pie que a otros cuyo peso esté proporcionado a su edad.
- La habilidad innata. Hay niños que están mejor dotados genéticamente para aquellas acciones que requieren una destreza motriz específica, como es el caso de caminar.
- El ambiente. La habilidad también depende del entrenamiento. Por eso, un entorno habilitado para estimular y reforzar la capacidad de caminar del pequeño hará que éste la domine antes y mejor. Pero mucho cuidado: nunca debe confundirse proporcionar al niño un ambiente propicio para la práctica con forzarle a practicar.
- El sexo. Los chicos suelen ser más activos e inquietos y eso les impulsa a dar antes sus primeros pasos.
- Tener hermanos. Se ha observado que los bebés que tienen uno o más hermanos mayores suelen aprender a caminar más pronto, seguramente por su deseo de imitarlos y de seguirlos en sus aventuras.
- La actitud paterna. Éste es sin duda uno de los factores más influyentes en cualquier aprendizaje. Si los progenitores dan muestras de ánimo cada vez que el pequeño intenta avanzar, reforzarán este comportamiento. Si, por el contrario, el bebé observa en ellos temor o duda, irá reduciendo sus intentos de lograr nuevos objetivos.

Por supuesto, es importante entender que todos estos factores se combinan entre sí; por tanto, el sexo del bebé o el hecho de que tenga hermanos o sea hijo único no son garantía, por sí solos, de que vaya a empezar a andar antes o después.

Favorecer sin forzar

Si quieres ayudar a tu hijo a dar sus primeros pasos, ten presentes dos actitudes: no forzarle y animarle.
La primera, porque debe ser el niño quien marque el ritmo de este aprendizaje, y lo hará cuando esté preparado para ello. Tratar de acelerar el proceso forzando al pequeño a estar de pie, por ejemplo, puede interferir en su desarrollo e incluso provocar malformaciones en la columna.
Y la segunda, porque es posible y necesario que, sin forzar a tu hijo, le brindes todos los medios que favorezcan este y otros avances; de lo contrario podría tardar más en alcanzar logros para los que está listo.

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Cómo deben ser sus primeros zapatos

Comprar un buen zapato es mucho más importante de lo que podamos imaginar porque de no hacerlo así nuestro hijo puede desarrollar alguna malformación en el pie.
En casa el niño debe estar descalzo a menudo para que se forme su arco plantar. Pero en la calle tiene que ir calzado y hay que elegir muy bien sus zapatos: si le quedan grandes aumentarán las caídas y si son pequeños causarán malformación del pie.

Cómo acertar con la talla

A la hora comprar los zapatos de tu pequeño, sigue los consejos que dan los expertos, que recomiendan medir el pie del niño y la parte interior del zapato y tener en cuenta que esta última debe medir un centímetro más para permitir el movimiento y el crecimiento.
Además, no olvides que los pies de los niños aumentan a un ritmo de varias tallas por año, pero no lo hacen de forma constante, sino en estirones (igual que ocurre con la altura). Por este motivo conviene que se los midas a tu hijo cada dos o tres meses, aproximadamente.

Qué tener en cuenta al comprarlos

 Es importante que compruebes que:

-  Tienen suela flexible y antideslizante.
-  Están hechos de un material transpirable y no son demasiado pesados.
-  La puntera es de corte cuadrado para que no presione los dedos.

ADEMÁS: --> Cómo acertar con la talla de los zapatos del niño

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