Así aprende el bebé las emociones

Placer, alegría, angustia, interés, empatía... El abanico emocional de tu bebé se amplía en su primeros 18 meses de vida.

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D.R.
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Un abanico emocional cada vez más amplio

Observa la carita de tu bebé durante 60 segundos. En ese tiempo probablemente esbozará una sonrisa, arrugará su naricilla un par de veces, bostezará y puede incluso que haga algún puchero. Estas expresiones son el modo en que responde físicamente a los estímulos que percibe; en otras palabras, sus gestos son la parte visible de sus emociones.

A día de hoy, los estudios han probado que el cerebro de un recién nacido es capaz de distinguir las emociones más primarias desde el mismo instante de vida. Después, a medida que el niño madura y sus habilidades cognitivas se van perfeccionando, el abanico de emociones que experimenta se va ampliando. Con el tiempo, y gracias a tu ayuda, irá aprendiendo a comprenderlas y a manejarlas.

¿Quieres saber cómo y cuándo va aprendiendo las distintas emociones en sus primeros 18 meses de vida?

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¡Qué placer!

La capacidad de sentir placer es innata en el recién nacido. En los dos primeros meses funciona de un modo bastante rudimentario y aparece cuando las necesidades primarias de amor y cuidado están cubiertas (cuando mamá le mece en sus brazos, cuando papá le cambia...).
Sin embargo, alrededor de las 8 semanas de vida el niño avanza en su capacidad de sentir placer y ahora también es capaz de sentir alegría. Es entonces cuando empieza a utilizar su sonrisa de manera más voluntaria: los psicólogos la denominan sonrisa social y es la que os dedica a vosotros en exclusiva cuando os ve. Poco a poco podrá anticipar qué situaciones le divierten más y antes de los 2 años se volverá loco de alegría jugando al escondite con vosotros.

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¡Qué angustia!

Es otra emoción básica que el recién nacido experimenta ya en los dos primeros meses de vida cuando sus necesidades básicas no están cubiertas. En estas semanas el bebé todavía no es capaz de tener sentimientos más complejos, pero se angustia si su pañal está sucio, si tiene hambre... o si no se siente suficientemente querido. Así que no escatimes en mimos, carantoñas y besos.

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"Estoy triste..."

Con tan sólo 3 meses, el niño descubre la tristeza; para tu pequeño genio la felicidad que siente mientras juega contigo se acaba cuando sales de la habitación. ¡Y sus pucheros lo demuestran!

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¡Esto no me gusta!

También alrededor de los 3 meses de edad tu hijo ya empieza a distinguir, todavía de manera inconsciente, entre lo que le gusta y lo que no le gusta. Por ejemplo, si mientras le bañas le entra un poco de agua con jabón en la boca, la escupirá poniendo un gesto de asco.

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¡Qué interesante!

A su manera, un recién nacido siente interés por el mundo que le rodea y utiliza todos sus sentidos para tratar de entenderlo. Su capacidad de concentración es muy limitada, pero fíjate en cómo te observa atentamente cuando le miras y en cómo trata de imitarte. Pasados los 3 primeros meses, la necesidad de descubrir se verá reforzada por una de las emociones más bonitas: la sorpresa.

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Me sientro frustrado...

Normalmente, la primera vez que el bebé siente frustración se debe a que su toma se ha interrumpido por alguna razón (alguien ha llamado a la puerta o ha sonado el teléfono). El niño agita sus brazos y piernas: “¿A dónde se ha ido mamá? Quiero mi leche…”. A lo largo de los próximos años la maduración de su desarrollo psicomotor se acompañará de muchos momentos de frustración. Y, a medida que vaya comprendiendo mejor sus limitaciones o las que vosotros le imponéis, aparecerá otro sentimiento parecido al anterior, pero más elaborado: el enfado.

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¡No te vayas, mamá!

Entre los 6 y los 8 meses el niño se enfrenta a dos emociones cruciales en su desarrollo: el miedo y la ansiedad. Un bebé siente miedo cuando un extraño se acerca a él y una tremenda ansiedad si mamá le deja al cuidado de otras personas. Cuando tu hijo entiende que aunque te marches vas a volver, significa que su cerebro ha madurado lo suficiente como para adelantarse al sentimiento de pérdida.

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Me pongo en tu lugar

La fase del “todo mío” es normal en los niños, pero también es cierto que a partir de los 18 meses el pequeño es capaz de sentir empatía. Por eso si su amiguito se cae y empieza a llorar, él llora también.

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